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12 ENFOQUE DOMINGO, 9 DE OCTUBRE DE 2016 abc. es ABC semana La foto de la REUTERS Hambruna en Yemen Dieta rigurosa LUIS DEL VAL Lo siento. Es domingo, día de fiesta, y el encuentro con esta imagen produce un rechazo inevitable, pero no he podido desecharla, porque a este niño le han desechado hasta de los alimentos más básicos, y si es usted tan insensato como para seguir leyendo le prometo que no voy a caer en la demagogia, ni a proyectarle un sentimiento de culpabilidad, porque yo mismo no me siento culpable. Puede que los enemigos de los alimentos transgénicos, que han prohibido uno de los mayores descubrimientos de los últimos tiempos, el arroz dorado, que salvaría del hambre a unos 800 millones de personas, tampoco tengan la culpa. A pesar de que 800 millones de personas son los habitantes de España multiplicados por dieciocho. Y que los aranceles que impone la Unión Europea para proteger a sus productos agrícolas, y los más severos que tiene en vigencia Estados Unidos, tampoco tengan toda la culpa. Ni siquiera esas oenegés, que construyen una escuela por 3.000 euros, y se desplazan de continente a continente una docena de sus miembros, gastándose en billetes de avión el triple de lo que ha costado una escuela a la que niños como el de la fotografía no pueden acudir, porque están muy concentrados en aprender cómo se puede morir de hambre lentamente. Por el barrio en el que habito veo que se cierran librerías, desaparecen quioscos de prensa y se inauguran gimnasios, llamados fitness en las fachadas, con objeto de que la acumulación de grasas por parte de los vecinos pueda ser neutralizada con algo de ejercicio. No creo que la lectura engorde, pero por los síntomas observo que nos estamos volviendo más de hacer ejercicio que de leer. Incluso he visto a un vecino, que dice que en el gimnasio hace 30 minutos de subir escaleras, que toma el ascensor para llegar a su segunda planta, es decir, que a los treinta minutos de ejercicio no les quiere añadir ni 45 segundos más. Este fin de semana he estado en un cóctel- cena, donde he probado unos trozos de bogavante rebozados o en tempura con un sofisticado pincho que, al presionar, derramaba la salsa. Y una crema de mariscos que se sirvió en diminutas probetas, de tal manera que va avanzando la sensación de que la cocina ha pasado a ser un laboratorio, de la misma manera que el restaurante cada vez se parece más a una sala de conferencias, donde antes de darte la comida te dan una detallada explicación sobre un plato decorado como una obra de bellas artes. Ignoro a dónde vamos en esta carrera de la sofisticación, pero tengo asumido que en una parte del mundo se come demasiado, y se va llegando al ridículo, mientras en otros lugares la gente se muere de hambre, como este niño sometido a una dieta rigurosa. El espanto en directo Salem Abdullah, de 6 años, aquejado de malnutrición severa, en brazos de su madre, en el hospital del Mar Rojo