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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 8 DE OCTUBRE DE 2016 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO GRANDES IDEAS Qué maravilla los desahogos sentimentales y xenófobos RASE que se era un país que funcionaba estupendamente con una política liberal, de apertura al mundo y atracción de capital y mano de obra extranjeros. Tras emerger rápido del revés de 2008, se convirtieron en los que más empleo creaban de toda la UE, indicio de que no les iba tan mal en ella. Su paro era friccional, menos del 5 La llegada de un fuerte flujo de trabajadores foráneos les permitió además eludir la espada de Damocles del envejecimiento demográfico. Por último, gozaban de una influencia internacional muy superior a la que les tocaba por tamaño. Caían bien y su industria cultural, universidades y televisión constituían un poder blando que se proyectaba en todo el mundo. Pero un día, un grupo de hooligans de corbata, tories ultranacionalistas, cerveceros y con la testosterona a flor de piel, se escindieron del Partido Conservador y crearon uno nuevo: el Partido para la Independencia del Reino Unido (UKIP) Con sus soflamas ensimismadas comenzaron a ganar votos en la Inglaterra profunda. Su tesis era que su país ya no era soberano, pues estaba subyugado por la atroz bota de la UE e invadido por hordas de inmigrantes, que robaban sus empleos a los buenos ingleses ¡con un 5 de paro! Ante el creciente éxito electoral de esa apelación a los bajos instintos, Cameron se alarmó y decidió adelantarlos por la derecha, convocando un referéndum sobre la UE. Calculó mal. La exaltación sentimental del propio ombligo es un virus que se propaga rápido si se abre la caja de Pandora. Cameron perdió, aunque por menos de cuatro puntos, y dejó un país partido en dos. Su recia sucesora, la señora May, que invoca el valor de las urnas pero no tiene a bien pasar por ellas, ha copiado el léxico y catecismo de UKIP. Aboga por cerrar fronteras, salir de la UE a la brava y más intervencionismo y endeudamiento para pagar el desaguisado del Brexit. En su partido se queman las manos aplaudiendo. Llegó el Día de la Independencia Vamos a tomar las riendas de nuestro destino ¡Qué maravilla! La libra se escoña. El país pierde simpatías. Las mayores fábricas foráneas amenazan con replegarse. El problema del separatismo escocés se aviva. El capital global arruga la nariz y titubea. El ministro de Economía hace rondas de urgencia por Wall Street pidiendo sopas. La City de Londres, la mayor industria, peligra si sus bancos pierden el pasaporte europeo. Un gran físico inglés, que ganó el Nobel esta misma semana, se declara asqueado advierte que la ciencia del país se va a ir al carajo con la pataleta provinciana y sopesa renunciar a su nacionalidad. La gran bailarina española Tamara Rojo, directora del English National Ballet, se pregunta si la obligarán a coserse una estrella, como a los judíos. Los británicos se han creado un inmenso problema que no existía solo por darse el gustazo nacionalista. Queridos estadistas de la CUP, Esquerra, Podemos, PSC y restos de Convergència, ánimo, que la liberación nacional va a salir de traca. Una vieja potencia, con 64,1 millones de vecinos, ya está pagando la pavada. Pero seguro que la comunidad autónoma de 7,5 millones se convertirá en el nuevo Shangri- La y el pasmo del orbe. ¿O será que no? É HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA APOLOGÍA DE LA ASTRACANADA Oslo explica que los que votaron no también querían la paz. ¡Andá! Pues Santos decía que querían la guerra. ¿Le premian por mentir en la campaña? P ARECÍA imposible que el Comité Nobel de la Paz superase el infinito ridículo que ya había hecho cuando otorgó su premio a Barack Obama en 2009, siendo así que él apenas llevaba ocho meses en el cargo. La paz de Obama ya sabemos cuál ha sido desde entonces: la de ceder Crimea a los rusos, la de la guerra en Ucrania, la de Siria absolutamente asolada... por no enumerar sus incompetentes actuaciones en otros territorios del planeta en los que la paz ha sido recortada. Como casi todo acto humano es superable, el Comité Nobel dio ayer el premio al presidente colombiano Juan Manuel Santos. Debió de ser un gran consuelo para quien tenía ese objetivo en la mente desde hace tiempo. No en vano, ya el 5 de junio último el director de ABC, Bieito Rubido, le planteó en una entrevista: Dicen que el presidente Santos está obsesionado con el premio Nobel de la Paz a lo que este respondió: Mi única obsesión es lograr la paz. Los premios para mí, en esta ocasión, no tienen ningún tipo de importancia. Esa es otra de las acusaciones malévolas de mis oponentes Pues hay que ver lo acertada que es la malévola oposición colombiana. Cuando el río suena... La primera impresión que saca uno del galardón otorgado por el Comité Nobel noruego es que sus criterios de otorgamiento fueron engendrados en el despotismo ilustrado, que se regía por el principio de todo para el pueblo, pero sin el pueblo ¿Que los colombianos rechazan el plan de paz elaborado por el presidente Santos? El error no es de Santos. El error es de los colombianos. Ellos no saben lo que de verdad les conviene. Pero el Comité Nobel instalado en Oslo, después del muchísimo dinero que se ha gastado el Gobierno noruego en este proceso, sabe mejor que nadie lo que necesitan los colombianos. Sólo con lo que ha pagado Noruega durante años al comunista madrileño Enrique Santiago, el del despacho en el barrio de Salamanca, para que llevara adelante este proceso, tenían que demostrar que la razón era de los que perdieron. El contribuyente noruego es muy mirado a la hora de analizar en qué se gastan sus impuestos. Y si se ha derrochado tanto en Colombia y en el bolsillo de Enrique Santiago habrá que sentenciar que es un dinero bien gastado. Por decreto Nobel. En su justificación del premio, el Comité Nobel explica que los que votaron no también querían la paz. ¡Andá! Pues Santos y sus corifeos los colombianos y los madrileños que cobraban de su fundación decían que los que votaron no querían la guerra. O sea, que ¿han premiado ustedes a Santos por mentir en la campaña? No paramos de mejorar... Es difícil conseguir hacer más contra la paz de lo que hizo ayer el Comité Nobel. 1) Exaltó la ya infinita vanidad del presidente Juan Manuel Santos. 2) Instaló en las FARC- EP la certeza de que son dueñas de hacer lo que les dé la gana porque el proceso sigue contando con un aval que para ese cártel de la droga continúa siendo del máximo prestigio (Dios los cría y ellos se juntan) Y 3) El Comité Nobel convenció a media Colombia de que el premio había sido otorgado contra la mayoría de los colombianos que se manifestaron en las urnas libremente. ¿De verdad hay alguien que crea que el galardón otorgado ayer en Oslo contribuye algo a la paz? Qué insuperable apología de la astracanada más zafia...