Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
76 CULTURA DOMINGOS CON HISTORIA EN BUSCA DE UNA IDEA DE ESPAÑA DOMINGO, 2 DE OCTUBRE DE 2016 abc. es cultura ABC FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR GABRIEL CELAYA España en carne viva Su producción caudalosa, deliberadamente hostil a la exquisitez, sonora, fuerte, áspera y brutal respiraba una ternura inabarcable por nuestro país L a labor de los historiadores que hemos comentado en las últimas entregas de esta serie Palacio Atard, Castro, Sánchez Albornoz, Vicens Vives expulsó del espíritu de la España de la posguerra las exageraciones simbólicas del nacionalismo y el desprecio ignorante de los impugnadores de la historia nacional. España había sido salvada como realidad en el tiempo, como esfuerzo consciente sostenido durante siglos. La tragedia de 1936 ya no era el lógico destino de una comunidad singular, pintoresca y enferma, sino la circunstancia española de la crisis de la civilización europea. Incluso en su infinita aflicción, incluso en las condiciones espantosas de la guerra civil, el curso de los acontecimientos había mostrado la existencia de España, porque solo algo vivo como lo era aquella nación torturada se defiende con la pasión destructiva y amorosa con que los españoles tomaron decisiones tremendas, terminantes, en las que el destino individual y colectivo se enlazaban. ¿Cómo poder decir que España era apenas una convención diplomática, el fruto inocuo de matrimonios de sangre real o la imposición de una de sus partes a otras, cuando durante tres años se combatió en su nombre, a vida o muerte? España no era la crónica de un fracaso que se demostró en la circunstancia misma de la contienda, porque eso nos llevaría a negar la existencia de las naciones europeas sometidas al apocalipsis de la modernidad que algunos escritores han visto en las condiciones que prepararon la Segunda Guerra Mundial. La obra de aquellos historiadores fue crucial, porque arrancaba de las manos del sectarismo el hecho amplio, la afirmación inmensa, la anchura del concepto de España. Aquí no había españoles de primera y segunda, regiones con destino manifiesto y territorios anexos, reinos dotados de impulso y países entregados a los silenciosos paisajes de los campos de desguace. Aquí no había Españas y Antiespañas, dispuestas a negar la vigencia de la nación entera. Lo que había era ciudadanos españoles maduros, responsables de su tradición, al- zados ante el futuro, aterrados por la vivencia de la guerra, pero dispuestos a que nadie se atreviera a negarles la condición de patriotas o a arrebatarles la existencia misma de la nación a la que pertenecían. Como se trataba de un ejercicio de razón, las aulas del exilio y las clases de la universidad española lo proclamaron en la obra de los más ilustres de nuestros investigadores. Como también era el fruto de una pasión, se desbordó en una lírica que rescató España de su expropiación sentimental, para darle la voz poética de todos. Ahí habían estado, desde el principio, los nombres de quienes sobrevivieron a la matanza y llevaban en sus almas la huella profunda de las generaciones que sucedieron a la del 98: Aleixandre, a toda duda sobre su preocupación Juan Ramón, Salinas, Cernuda. Allí es- esencial. Había que despertar a aquetuvieron los jóvenes, los muchachos lla nación amodorrada, entristecida que regresaban de la experiencia te- por la derrota o alzada sobre un herrible del frente para enhebrar versos roísmo tantas veces impostado y ofique hablaran de esta patria a la que cial. Había que ser leal a Garcilaso, al pretendían devolver la palabra amo- que Celaya citó en un hermosísimo rosa, dolorida y exigente de la poema posterior, al decirle que Espoesía. Luchar por Espatamos con las armas en la ña con la belleza a mano, buscando un nuevo Valores cuestas, luchar por ritmo, fiel contraste. EsCelaya ofreció el buen nombre de tamos, como tú nos enEspaña con la señaste, luchando por los versos del dignidad de la lo nuevo y por lo sano compromiso, metáfora, de la Frente a cierto garciafirmando los valores sagrada voz que lasismo de soneto de hispánicos en la recorre a tientas juegos florales, Celaya constitución de un esa oscuridad sin había ofrecido los verOccidente sellado límites en la que sos del compromiso sipor el Imperio solo puede orientarmilar al de aquel soldado nos el verbo lírico: Hide la España moderna inidalgo, Hierro, Claudio cial, literaria y combativa, afirRodríguez. mando los valores hispánicos en Entre todas las voces, la del guipuz- la constitución de un Occidente sellacoano Gabriel Celaya, llegado ya en do por el Imperio. plena madurez creativa a la primera El poeta de Hernani buscó la clariposguerra. Una producción caudalo- dad, pero también la expresión del harsa, deliberadamente hostil a la exqui- tazgo con el que tendía un puente hasitez, sonora, fuerte, áspera, brutal y, cia los jóvenes. Hay que recordar a los en lo más hondo, de una ternura ina- jóvenes universitarios de los años sebarcable por España. En 1954, Celaya tenta, a los que se tentaba con la posidaba a la imprenta Cantos iberos bilidad de que su patriotismo languicuyo mismo título cerraba las puertas deciera en una resignada aceptación de un país fracasado, cantando los versos de España en marcha con la música de Paco Ibáñez. Nos parte en dos el corazón comparar la situación de ahora con aquel entusiasmo de quienes quedaban afónicos a fuerza de gritar: Somos el ser que se crece. Somos un río derecho. Somos el golpe temible de un corazón no resuelto... Somos bárbaros, sencillos. Somos a muerte lo ibero que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero Nos arranca el alma comparar a aquellos jóvenes con los actuales, indefensos, a los que se ha expropiado su conciencia nacional, desorientados, buscando en nacionalismos tribales compensación a su orfandad de una patria cívica, honda, diversa y esperanzada. En días en los que se sustentan raíces e identidades imaginarias en la pretendida inexistencia de España, recordemos a una juventud que coreó entusiasmada los versos de Celaya. Recordemos a aquella generación rebelde, rupturista, sana y generosa, para la que la nación era un modo de reconocerse y una historia tendida hacia el futuro. ¡A la calle! que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo En esta hora grave de España, en la que incluso se le niega su nombre todavía hay quienes elevamos el corazón hasta los labios para proclamar: España mía, combate que atormentas mis adentros, para salvarme y salvarte, con amor te deletreo