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28 PRIMER PLANO La dimisión de Sánchez La deriva del PSOE 15- M en Sol La Puerta del Sol se llenó de gente en la semana previa a las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo DOMINGO, 2 DE OCTUBRE DE 2016 abc. es ABC Juventud Pedro Sánchez saluda tras ser elegido secretario general el 26 de julio de 2014 Ó. DEL POZO Alianza Pedro Sánchez y Susana Díaz saludan a militantes en mayo de 2014 JOSÉ ALFONSO El síndrome Rosetta Acomplejado por el marcaje de Podemos, el PSOE vive una crisis de liderazgo y de proyecto que amenaza con volverse autodestructiva. Podemos ha desestabilizado su papel y su estructura y ha abrasado su prestigio de referencia IGNACIO CAMACHO MADRID a clave se llama Podemos. Sin la irrupción de una fuerza capaz de catalizar el malestar que expresó el movimiento 15- M, el PSOE continuaría ejerciendo sin mayores problemas el papel de partido- alfa de la izquierda. Fue el surgimiento en 2014 de la plataforma electoral de Pablo Iglesias, incubada tras dos años de protagonismo televisivo, el factor que desestabilizó a una socialdemocracia convaleciente del hundimiento zapaterista. Todos los problemas que arrastraba una organización escombrada por la traumática pérdida del poder cristalizaron ante la aparición de una repentina competencia que enarbolaba las banderas del descontento tras ablandar el terreno mediante la expansión de un discurso antisistema reforzado con potente presencia mediática. Desde entonces, el Partido Socialista vive en una doble crisis de lide- L razgo y de proyecto, entrelazada con retroalimentación perversa. El triunfo del relato populista, una destilación extrema de la semilla rupturista sembrada en tiempos de Zapatero, ha impedido su asentamiento en la oposición al desequilibrar el esquema turnista del bipartidismo. La presencia de Podemos ha desestabilizado a la veterana organización, amenazando su papel estructural y achicharrando su prestigio de referencia. Los escándalos de corrupción permitieron al nuevo movimiento heredero de la sacudida quincemayista identificar las siglas socialdemócratas con la odiosa casta caracterizada como culpable de la crisis mediante una retórica inflamada. Falto de dirección estratégica, el socialismo no ha sabido sacudirse ese marcaje que ha llegado a convertirse en una obsesión colectiva. El estallido de la actual confronta- ción interna, de una virulencia superior a la que enfrentó a guerristas y renovadores en los años noventa, responde a esa parálisis que ha incapacitado al PSOE para reconstruir su vocación de mayoría social. Pedro Sánchez se ha mostrado un líder insustancial que, carente de ideas con las que articular un proyecto estratégico, se ha apoyado en Podemos para minimizar sus sucesivas derrotas electorales y resistir en su cargo mediante una impugnación simplista del Gobierno de Mariano Rajoy. El célebre no se ha convertido en la única seña de identidad de un partido que durante tres décadas ha ejercido como el gran estabilizador de la política española. Ni siquiera del partido entero, sino de la minoría encastillada en el aparato federal que ha radicalizado a la militancia en busca del parapeto de una legitimidad directa. La esencia del populismo. Podemizar el PSOE Los disidentes del sanchismo acusan precisamente al secretario general de haber podemizado el PSOE. Un mé- Un líder sin sustancia Sánchez se ha mostrado un líder insustancial, carente de ideas con las que articular un proyecto de reconstrucción del partido todo populista destinado a saltar sobre la estructura orgánica, mayoritariamente crítica con la línea oficial. Entre las múltiples fracturas internas que han quebrado la unidad socialista se encuentra la que establecen las responsabilidades de gobierno; no es en absoluto casual que la oposición a Sánchez provenga de los dirigentes territoriales obligados a hacer política concreta, alejada de los laboratorios de un equipo directivo que no ha ocupado una simple concejalía. Gente a la que negociar con los intransigentes e inexpertos cuadros de Podemos provoca síntomas de cefalea. La paradoja es que fueron esos barones, liderados por Susana Díaz, quienes auparon a Sánchez tras la renuncia de Rubalcaba, dimitido por un fracaso en las elecciones europeas de mucha menor escala que los cosechados consecutivamente por su sucesor. Sánchez fue en realidad cooptado por la nomenclatura territorial. Lo vieron, por su procedencia burguesa y su discreta trayectoria universitaria, como un político de perfil centrado que podía frenar a Eduardo Madina, considerado un izquierdista de carácter pusilánime y proclive a entenderse pese a su condición de víctima de ETA- -con los nacionalistas. Lo que pasó después es un proceso viejo como el poder mismo: el nuevo secretario general se desembarazó de las tutelas y apeló a su victoria en las primarias para investirse de sus propias aspiraciones. Díaz, que lo había respaldado como solución transitoria hasta sentirse en condiciones de lanzar ella misma su can-