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ABC DOMINGO, 2 DE OCTUBRE DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS SIEMPRE NOS QUEDARÁ SURESNES Esto está como cuando había en Toulouse un PSOE Histórico y en Sevilla, un PSOE Renovado OMO aquí seguimos esperando el avión de Lisboa de la formación de Gobierno, es como París en Casablanca siempre nos quedará Suresnes. Que nos rejuvenece bastante. Cuanto estamos viviendo en estos mal llamados días de crisis en el PSOE, partido por gala en dos, aparte de preocuparme como a todo español bien nacido que no desee la destrucción y fragmentación de la Patria, me ha rejuvenecido bastante. ¡La de años que nos ha quitado de encima todo este follón sociata a los que vivimos la Transición y sus vísperas de clandestinidades! Vamos, que a Susana Díaz sólo le ha faltado vestirse con el traje de pana y el chaleco de cuello de cisne modelo Marcelino Camacho. Porque, total, como es de Sevilla, podía haberse puesto el nombre de guerra de Isidora como Felipe González fue Isidoro cuando en Suresnes reinventó el PSOE desde el llamado Sector Renovado. Esto de los bandos en el PSOE no lo ha descubierto ahora Sánchez, atrincherado en Ferraz, aferrazado al poder, como Moscardó en el Alcázar No Se Rinde o el Capitán Cortés en La Cabeza. Lo siento, pero no tengo símiles del bando rojo de la guerra que puedan ser utilizados para la comparación sobre Sánchez atrincherado como en blocao rifeño de novela de Arturo Barea, donde sólo ha faltado que pongan sacos terreros en las ventanas de Ferraz. Esto de los dos bandos en el PSOE, venía diciendo, históricos y renovadores, es más antiguo que el hilo negro. El hilo con el que quiere coser el partido roto C y desgarrado Susana Díaz, que va representando el papel de La Salvaora pero sin Manolo Caracol y sin Lola Flores, sin Quintero, sin León y sin Quiroga. ¿Y lo de Verónica Pérez? Es tan pequeña, menuda y suave que, ¿saben cómo le dicen en Sevilla? ¡La Media Verónica! Y fue media verónica de plaza de Sevilla, de arte, de tendido de sol, pero de Rey Sol, su frase que viene pidiendo Macael urgentemente: La autoridad soy yo Me recuerda lo que conté alguna vez. Aquel empresario del Reino de Valencia que se hizo un casoplón inmenso al que dotó de todas las medidas de seguridad. Le aconsejaron que, aparte de las alarmas conectadas con la Policía, se comprara un perro de presa amaestrado contra ladrones. Así hizo. Compróse un pastor alemán ya entrenado en tal menester, que le entregó su cuidador, dándole instrucciones para que el perro le obedeciera, que le entregó en un papel. Una noche que salió a cenar fuera, el empresario montó la alarma, soltó al perro por el jardín y fuése. Pero al volver y accionar el mando a distancia del portón del garaje, el perro se le abalanzó. Acordóse entonces de que se había olvidado en la casa el papel con las instrucciones de las palabras mágicas para amansar al perro. Y al valenciano no se le ocurrió más que gritarle al perro, que quería comérselo como si fuera un ladrón asaltante: ¡Che, que soy el dueño! Tuvieron que dormir en un hotel, hasta que a la mañana localizaron al entrenador canino y pudieron atar al perro y entrar en la casa. Tal le ha pasado a Verónica Pérez, a la Media Verónica sevillana. Que se olvidó de los papeles estatutarios que dentro de Ferraz manejaba Sánchez, que había dejado suelto al perro, y no se le ocurrió, como al valenciano, más que decir: ¡Quillo, que la autoridad soy yo! Tuvo que volverse en el Ave como el otro tuvo que dormir en un hotel. Pero iba por el rejuvenecimiento. ¡La de años que me han quitado de encima estos gachés con sus peleas, este insensato demente de Sánchez! Esto está como cuando había en Toulouse un PSOE Histórico y en Sevilla, un PSOE Renovado. Sánchez va de Llopis. Susana, por sevillana, de Felipe. Sólo falta la foto de la tortilla. Y digo lo del cateto del cómo estará el Ejército, que a mi hijo lo han hecho cabo Cómo estará España y cómo estará el PSOE, que nuestra esperanza (de Triana) es Susana Díaz, estrella de la ilusión de esta triste cabalgata sociata. IGNACIO CAMACHO SÁLVAME POLÍTICO La desmañada ejecución de Sánchez ha desollado al PSOE, neutralizándolo como agente público de confianza H JM NIETO Fe de ratas A resistido como los villanos de las malas películas, que para morir necesitan veinte tiros y cien puñaladas y aún agonizan mascullando maldiciones. Ni siquiera está claro que no intente resucitar a la vuelta de unas primarias, apoyado por los militantes a los que ha galvanizado con su discurso de anatema contra la derecha. Ha perdido tras provocar una trifulca corralera, un espectáculo de vecindonas que deja herido el ya maltrecho prestigio del Partido Socialista. Pero al final ha salido también derrotado de la pugna interna, en la que intentaba enjugar su estigma de fracaso. Eso sí, los conjurados han tenido que sudar sangre para tumbarlo. La conspiración contra Sánchez ha estado a punto de desembocar en una Operación Walkiria, en un atentado fallido por el carácter chapucero de la ofensiva de los críticos. Estos llegaron esta semana al punto de no retorno; de estrellarse en la intentona habrían acabado, como Stauffemberg, colgados de clavos de carnicero. Sólo que la pelea ha resultado tan feroz, tan dramática, tan cainita, que el que ha quedado para el desolladero ha sido el propio PSOE, abierto en canal por una truculenta lucha fratricida. Tendrá que pasar mucho tiempo antes de que la socialdemocracia española cicatrice estas heridas. El chusco sainete de ayer en Ferraz, una reyerta de ribetes tragicómicos envueltos en una crispación inflamada, áspera, constituye un auténtico harakiri colectivo perpetrado ante la mirada de una sociedad perpleja. Las horas de programación televisiva van a resultar devastadoras: han convertido el pulso banderizo en un entretenimiento de masas, en un descarnado episodio de Sálvame político. Los rebeldes han logrado, a altísimo coste, descarrilar las aspiraciones presidenciales de un Sánchez decidido a salir del acoso por la puerta de la Moncloa. En ese sentido, al desbaratar por las bravas su plan de acuerdo con Podemos y los soberanistas, han prestado un servicio a la nación librándola de una catástrofe. El líder dimisionario o destituido no sólo pretendía podemizar a su partido dinamitando sus estructuras representativas, sino asaltar el Gobierno de la mano de los rupturistas. Pero la tosca estrategia del ataque y su desmañada ejecución les va a pasar a sus promotores una factura muy elevada en términos de desgaste. Tanto como para comprometer su apurado papel de liderazgo en la izquierda. La avería es crítica porque al fracturarse de un modo tan cruento el partido pierde cualquier atisbo de referencia; no está en condiciones de tomar una decisión de consenso sobre el asunto clave de la gobernabilidad de España. La consecuencia más peligrosa de este proceso cismático es que en estos momentos los socialistas, con una posición parlamentaria y social estratégica, son para muchos españoles una fuerza neutralizada, laminada al menos a corto plazo como agente público de confianza.