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ABC MIÉRCOLES, 28 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL RECUADRO ANTONIO BURGOS PEDRO EL EMPECINADO Por bastante menos, las Cortes declararon loco a Fernando VII A, vamos a echar un cuarto a espadas de Historia de España, que nunca viene mal con la que está cayendo de bastos (que se dice en Tertulianés Clásico) que algunos que se hicieron de oro parecen hartos de copas para llevar a la Patria a la presente triste aflicción, que sólo falta un Bernardo López para que la oiga, tocando a muerto el timbre que convoca a los diputados a votar la investidura en plan ¡vamos, niños, al salón! en el llamado Palacio de la Carrera de San Jerónimo y en cuanto al cañón, un buen cañonazo de pescao frito me comería yo ahora para coger fuerza después de este dichoso párrafo tan largo sin un solo punto. Así que vamos a poner otro más, y aparte, para coger aire. Juan Martín Díez, el héroe de la Guerra de la Independencia, jefe de las partidas de guerrilleros que volvieron loco al Ejército de Napoleón, el que retrató Goya y ha pasado a la Historia como El Empecinado era un caprichoso, un perezoso y un tío sin voluntad al lado de Pedro Sánchez. Ese sí que es El Empecinado de nuestra hora, que puede llevar a su partido a la virtual desaparición y a España, al seguro desastre; que el del 98 y el de Annual van a ser tonterías al lado de la que puede liar, obstinado con la obsesión de dormir en la cama presidencial de La Moncloa como parece que está empeñada aquí- mi- señora. A falta de genio de Fuendetodos, hay un Goya de nuestros días, gaditano, hijo del médico de cabecera de Pemán, con nombre de conquistador, Hernán Cortés, que es el Goya de nuestra hora en punto a sus inigualables retratos oficiales. Suyos son los retratos de los padres E de la Constitución del Congreso o el maravilloso del Rey Don Felipe VI que preside las juntas de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, que lo ves y estás oyendo la Marcha Real. Cito a Hernán Cortés porque seguro de que si le hiciera un retrato a Sánchez le pondría el mismo título que Goya al de Juan Martín Díez: Pedro Sánchez, el Empecinado en ser presidente del Gobierno de España Aun a costa de la propia existencia de España. Pactando con los separatistas que quieren destruirla o al menos hacerla en porciones, como si la Patria fuese un queso El Caserío o los llamados y culturales quesitos de divulgación en Radio 5, todo noticias y todo quesitos. Porque el PSOE de Pedro Sánchez no juega la Champions League; que si no, el Bayern Múnich ya le habría metido 10 a 0 tanto en el partido de ida como en el de vuelta. Porque el PSOE de Pedro Sánchez no es matador de toros; que si no, ya le habrían echado al corral hasta el juampedro más de carretón que pisara los ruedos. El PSOE de Pedro Sánchez está perdiendo todo. Hasta los paraguas en los taxis. No se puede quedar peor, del laberinto de la segunda investidura fallida al pozo de las elecciones gallegas y vascas. Vamos, que al lado del PSOE de Pedro Sánchez, Cagancho quedó en Almagre mucho mejor que Antoñete con el toro blanco de Osborne en Las Ventas. Y no dimite ni a la de tres. Y si se le suben a las barbas los barones y Susana le dice váyase, señor Sánchez convoca a las bases. Empecinado como está en llegar a ser presidente aunque para ello haya de matar a su padre y a su madre España, ha cambiado aquello de la progresía de: OTAN, no; bases fuera Su terco grito es: Rajoy, no; bases del partido dentro, para que ni Susana ni nadie se atreva a pedir mi dimisión ¿Pues saben lo que les digo? Que con el viejo Manual de Historia de España de Aguado Bleye en la mano, la dimisión me parece poco. Con este empecinado hay que hacer como con Fernando VII las Cortes reunidas en Sevilla el 11 de junio de 1823, al final del trienio liberal: declararlo loco. Por bastante menos de cuantas majaretadas está perpetrando Sánchez, agarrado a la brocha de las bases para que no le quiten la escalera del Gobierno Alternativo las Cortes declararon loco, loquito, loco a Fernando VII. A ver si declaran majara a este empecinado. Porque lo está. No debe de andar en sus cabales. En su maldad, está como un cencerro. IGNACIO CAMACHO FUERA DE FOCO Feijóo ha ocupado el escenario lo justo para que su triunfo no resulte antipático. Misión cumplida y mutis por el foro un hombre del talante discreto, pura galleguidad, de Núñez Feijóo no le habrá venido mal que el atronador ruido de la crisis del PSOE haya opacado tan deprisa su resonante victoria. España, la envidiosa España de siempre y la convulsa España actual, no es un país en el que convenga destacar demasiado, sobre todo demasiado pronto. Al presidente gallego apenas le duró una mañana el protagonismo de su arrollador éxito, nada menos que la primera mayoría absoluta en tiempos del multipartidismo. Un triunfo, como dice Gistau, propio de aquella época inexplicablemente anatematizada en que la gente se acostaba en la noche del recuento sabiendo quién iba a gobernar. Es probable, sin embargo, que esa volatilidad de su primer plano le haya resultado cómoda al gran vencedor del domingo, en la medida en que lo ha retirado del foco de una opinión pública que inevitablemente se habría centrado en las especulaciones sucesorias del PP de no haber irrumpido de forma tan abrupta el fragor de la guerra civil socialista. Feijóo ha ocupado el escenario durante el rato justo para no resultar antipático en esta política de ojerizas, traiciones y enconos. Misión cumplida, aplausos breves y mutis por el foro. Pero lo hecho hecho queda. La mayoría gallega es un capital de enorme valor en el mercado de futuros del centro- derecha. Y su artífice se acaba de convertir en un referente de primer grado: un político capaz de garantizar que Rajoy tiene recambio. El silencio oficial del PP, apiñado en torno a su líder, oculta la inquietud de que el horizonte del posmarianismo se precipite en caso de desalojo brusco del poder a manos de una coalición frentepopulista. Y en todo caso a nadie se le escapa que la reelección presidencial abocaría a una legislatura corta en la que el partido tendría que afrontar necesarias decisiones renovadoras. El primero que está ya tranquilo es el propio Rajoy, que dispone en la reserva de un relevo a su medida, ungido además en las urnas por las que aún no ha pasado la aspirante Sáenz de Santamaría. El gran peligro para Feijóo consiste precisamente en una exposición excesiva en la que pueda chamuscarse su fotografía. Ya sufrió tiempo atrás maniobras de desestabilización de autoría desconocida, y es lo bastante experto para saber que esta clase de ataques proceden casi siempre de las propias filas. Bajo la balsámica unanimidad aparente del partido no es difícil detectar movimientos estratégicos y trampas que ya han engullido algunas ambiciones, como las de Gallardón o Soria, poco disimuladas; el delfinato, siempre aplazado, del presidente ha de forjarse conviviendo inadvertido entre tiburones y pirañas. Por eso al flamante triunfador gallego le conviene apartarse de panegíricos y palmadas. La discreción cuadra con su carácter y en los próximos meses, refugiado en su Barataria galaica, costará saber si sube o baja. A JM NIETO Fe de ratas