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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO ¿Y SI... Pedro y Pablo, un equipazo si vienen mal dadas YER, mientras me asombraba con su buen apetito desayunándose un revuelto, un amigo de cerebro de alto voltaje me desgranaba su llamativa historia de la economía del siglo XX. Resumiendo, venía a decir lo siguiente: en la primera mitad de la centuria, la humanidad se cargó el planeta con dos inauditas guerras mundiales y en la segunda parte del siglo se dedicó a reconstruirlo. El buen vivir de la generación del babyboom, los generosos sistemas de protección social y los altos niveles de empleo, se deberían al hecho excepcional de que había mucho por hacer tras el inmenso destrozo bélico. La economía alcanzó tal velocidad que el eco de aquel impulso duró décadas... Hasta que en 2008 todo reventó. ¿Por qué calan demagogias tan pueriles como las de Podemos, Syriza, Le Pen, Trump, Beppe Grillo... Pues porque la economía nunca ha vuelto a recuperarse del todo tras el batacazo de 2008 (amén de que internet está cambiando nuestra psique y cómo conformamos nuestras decisiones democráticas, pero esa es otra historia) Entre 2000 y 2007, el conjunto de la economía mundial crecía al 2,7 anual. De 2010 a 2014, cuando en teoría ya habíamos remontado, lo hizo al 1,8 Nada volvió a ser igual. La etapa que va de 1990 a 2007 fue bautizada como La Gran Estabilidad Caído el Muro, el capitalismo había encontrado la fórmula mágica, con brujos como Alan Greenspan, el Maestro crecimiento sostenido e inflación baja, gracias a la alquimia de los bancos centrales. Pero en 2007 estalla La Gran Crisis y el problema es que nunca ha llegado La Gran Remontada El brillante Larry Summers, que fue secretario del Tesoro con Clinton y presidente de Harvard, advierte que hemos entrado en lo que él llama estancamiento secular El mundo está trabado y esto pinta mal. Summers, cada vez más keynesiano, demanda más carne en el asador de los estímulos. Mervyn King, que era el ponderado gobernador del Banco de Inglaterra en pleno latigazo de la crisis, ha escrito un magnífico ensayo titulado El fin de la alquimia donde sostiene todo lo contrario: la poción mágica de los bancos centrales, con sus tipos por los suelos y sus expansiones cuantitativas fue un fármaco que tuvo sentido en el pico de la crisis, pero que cada vez requiere más dosis para obtener iguales efectos. Occidente camina dopado y rumbo a la sobredosis. Algo hay: los bajísimos tipos de interés están acogotando el negocio bancario, y los bancos son el oxígeno de la economía. Aunque eminencias como Pedro, Pablo y doña Manuela no lo capten, si a la banca le va mal, a todos nos irá mal. Concluyo este funeral recordando que esta semana los economistas de la ONU han alertado de que podría llegar la tercera ola de la crisis. La primera fueron las subprime. La segunda, la crisis de la deuda en la eurozona. La tercera sería el reventón de las economías emergentes, incapaces de hacer frente al temerario nivel de apalancamiento en que han incurrido. Sería la espoleta de otro tsunami. Y ahora, la pregunta del millón: si llegase esa tercera ola, ¿a usted le gustaría que lo pillase con un Gobierno de Pedro, Pablo, Homs, las mareas, ERC y Bildu y el de la moto? Hay que ser muy valiente. A HORIZONTES RAMÓN PÉREZ- MAURA DENLES UN INCENTIVO, POR FAVOR... Doctores tiene la Seguridad Social que nos van a animar a seguir disfrutando de la ubre hasta secarla IVIMOS en un Estado del bienestar tan acentuado que puede acabar ahogándonos. He conocido un buen ejemplo que me ha dejado pasmado. Déjenme compartirlo: Iván es un muchacho que ha cumplido esta semana 19 años. Perdió a su madre (trabajadora) cuando él tenía 5 años. Desde entonces cobra una pensión de orfandad que hogaño alcanza los 550 euros aproximadamente. Una cantidad muy sustancial, sin duda. Al padre de Iván le preocupa que el chico, que estudia Derecho y Administración de empresas, se acostumbre a lo fácil que es recibir dinero en la cuenta todos los meses y tarde más tiempo del debido en comprender lo que cuesta ganar cada euro. A Iván le queda al menos hasta que cumpla 21 años para seguir cobrando, y a partir de esa edad puede prorrogar su pensión mientras esté estudiando su carrera. Es decir, unos cuantos años más en los que, a diferencia de lo que ocurría cuando era menor de edad, su padre ya no tiene un control legal sobre esos ingresos que recibe del Estado. Puede aconsejarle y llamarle la atención si lo malgasta, pero el dinero llega directamente a la cuenta corriente de Iván. Así que el padre cree que es una buena idea incentivar en Iván el interés por complementar su pensión haciendo alguna chapuza que le haga ver V el esfuerzo que requiere ganarse unos euros. Iván muestra buena predisposición y acepta ir un sábado a hacer de camarero en una boda, desde la una del mediodía a las nueve de la noche. Ese día trabaja gratis, a prueba, en la empresa de un amigo. Sale baldado, claro. Pero viendo lo que ingresan sus amigos, casi 100 euros, no tiene duda de que ese es un magnífico complemento a sus actuales ingresos. Si consigue dos trabajos así al mes, podría cubrir sus gastos y ahorrarse su pensión casi completa. El incentivo que busca el padre de Iván parece calar. El amigo que está dispuesto a contratarle le explica que se tiene que dar de alta en la Seguridad Social para poder trabajar como eventual. Y ahí saltan las alarmas: en el momento en que se dé de alta para trabajar un par de días al mes si es que hay esa demanda y las ofertas de trabajo son compatibles con sus estudios pierde su pensión. Esa pensión de orfandad es absolutamente incompatible con ningún ingreso. ¿Resultado? Iván le dice a su padre que trabaje otro, que él no piensa renunciar a su pensión, justamente ganada por su madre y que le garantiza 555 euros mensuales que difícilmente podrá ganar de otra manera si dedica a estudiar todas las horas que debe y si quiere poder salir con sus amigos alguna vez. ¿De verdad tiene sentido que una pensión, que es algo que el pensionista ha ganado con su trabajo o en este caso el de su madre se pierda por intentar complementarla? En el caso de un muchacho de 19 años, ¿no se está malformando a ese futuro trabajador incitándole a vivir siempre con el mínimo esfuerzo? Claro que tenemos un sistema de atención social excelente. Tanto que está a punto de quebrar. Y quizá ocurra precisamente por pensiones tan generosas como la de Iván. Pero la solución no pasa por que Iván se quede en su casa sin hacer un par de chapuzas al mes pagando sus impuestos por ellas ni tampoco por pretender que renuncie a aquello a lo que tiene derecho. Porque nadie en su sano juicio renuncia a una pensión de la que es beneficiario. Pero nada, doctores tiene la Seguridad Social que nos van a animar a seguir disfrutando de la ubre hasta secarla.