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ABC LUNES, 12 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN EL VOTO ÚTIL DE VASCOS Y GALLEGOS El nombre de Alberto Núñez Feijóo constituye un plus para las siglas que encarna S I hemos de hacer caso a las encuestas (lo cual es mucho pedir, dados los precedentes recientes) en el País Vasco y Galicia la ciudadanía tiene perfectamente identificada cuál es la ubicación útil de su voto. Mucho mejor, desde luego, que en el conjunto de España. Tal vez sea por el alto grado de aprobación que merece la actuación del favorito o acaso influya más en la elección el temor a la alternativa, pero lo cierto es que un significativo porcentaje de vascos, nacionalistas y no, piensa confiar en el PNV, mientras que los gallegos, probablemente por mayoría absoluta, se disponen a revalidar el mandato de Núñez Feijóo. En la Comunidad Autónoma Vasca, donde hasta fecha reciente la línea divisoria estaba trazada entre constitucionalistas y separatistas (ya que el partido de Sabino Arana nunca ha ocultado esa condición) PP y PSOE se acercan a la irrelevancia, con 8 escaños cada uno en un Parlamento de 75. Es verdad que el PNV, al que los sondeos otorgan 27, necesitará el respaldo de uno u otro para gobernar con cierta comodidad, pero no lo es menos que el declive popular, unido al hundimiento socialista, supone en la práctica la desaparición de cualquier esperanza como la que representaron el gobierno de Patxi López y, sobre todo, el tándem formado por Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros en 2001. La esperanza de un País Vasco leal a España y a la Carta Magna. La esperanza de una tierra libre de violencia y de terror, sí, pero libre también de impunidad para los asesinos e iniquidad para las víctimas. La esperanza de un País Vasco digno. En aquellos comicios de 2001 el PP obtuvo 19 asientos en la cámara de Vitoria; el PSOE, 13; el PNV de Ibarretxe, 33; EH (hoy denominada Bildu) con Otegui a la cabeza, 7, y EB (lo más parecido a la actual Podemos) 3. Ahora, los herederos de Batasuna ETA esperan conseguir 17, y los populistas de Iglesias, 14. Ante semejante panorama, parece evidente que muchos electores amantes de España y su Constitución, indefensos ante tamaña amenaza, optan por el mal menor y se echan en brazos de un nacionalismo conocido que, bajo el liderazgo de Íñigo Urkullu, ha recuperado al menos la sensatez en las formas, por más que conserve intacto su objetivo rupturista. El voto útil de los vascos irá a parar al PNV. En el caso de Galicia es completamente distinto. Allí Alberto Núñez Feijó ha sabido gestionar el legado de Manuel Fraga y mantiene para el PP uno de sus principales feudos, pese a los vientos adversos que atraviesa la gaviota. Tal vez precise el apoyo del escaño que aspira a lograr Ciudadanos o tal vez no, pero conservará el poder ante el descalabro del BNG (de 7 a 2) fagocitado por la marea podemita (19) y el retroceso socialista, cuyo pronóstico es pasar de 18 a 15. Los gallegos ponen su estabilidad en manos del actual presidente de la Xunta, cuyo nombre constituye un plus para las siglas que encarna. Tanto, que en los pasillos de Génova se oyen murmullos crecientes referidos a su persona, como la más idónea para hacer valer esa utilidad en la cabecera del cartel nacional una vez que Rajoy haya dado un paso atrás, bien por haber conseguido su sueño de una segunda legislatura, bien por tirar la toalla. En ambos laboratorios el País Vasco y Galicia, queda claro que el voto perfectamente inútil es el otorgado al PSOE, destinado al sumidero que abrió ZP en su día y no ha dejado de agrandar desde entonces Pedro Sánchez. IGNACIO CAMACHO EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS La propaganda independentista ha creado mediante un lenguaje de historicidad la ficción de un trampantojo político TRO día para la Historia. Las jornadas históricas en el camino de la independencia virtual catalana se acumulan mientras lo único real que ha sucedido es la quiebra financiera de la autonomía, la dimisión del presidente- Moisés y la implosión del partido- guía reventado por escándalos de corrupción. Pero el mesianismo irredento continúa con su retórica de una secesión inminente. De fracaso en fracaso hasta la victoria final. Desde que en 2012 Artur Mas convocase a la liberación del pueblo cautivo no han hecho más que sucederse hitos de historicidad ficticia. La nación catalana ha expresado su destino manifiesto en un referéndum de cartón, ha celebrado unas elecciones plebiscitarias perdidas por los independentistas y ha aprobado leyes de desconexión del Estado que carecen de validez alguna. Papel mojado. Multitudinarias marchas y manifestaciones han consagrado el estado mental de independencia en medio de jubilosas expresiones de irreversibilidad autoproclamada. El prusés se ha convertido en una ruta política fantasmagórica que la clase dirigente atraviesa con la fe de quien se cree un magnate inmobiliario jugando al Monopoly. Y ahora el presidente Puigdemont, mediocre líder improvisado para sostener un poder en precario sometido al dictado de un grupúsculo antisistema, proclama la pronta convocatoria de elecciones constituyentes como próxima fecha cenital del viaje a ninguna parte. La República Catalana avanza hacia el imaginario horizonte del País de Nunca Jamás de los peterpanes soberanistas. En el mundo real, Puigdemont se va a someter el día 28 a una moción de confianza impuesta y supervisada por los estrafalarios socios de las CUP, partidarios de la desobediencia civil cuyo sueño confeso consiste en provocar una oleada de violencia represora. La alcaldesa populista de Barcelona ultima la creación de una candidatura capaz de disputarles la hegemonía a los restos del nacionalismo burgués. La Generalitat acude con puntualidad periódica a Madrid para rogar el aval del odioso Estado a una deuda impagable. La presidenta del Parlament se enfrenta a un posible proceso penal por rebeldía a las sentencias judiciales. Y la antigua Convergència, eje teórico del proceso emancipador, carece de grupo propio en el Congreso de los Diputados. Ese es el resultado de tanto empacho de trascendentalidad histórica. Pero el soberanismo sigue envuelto en el bucle de su matraca. La propaganda oficial ha creado mediante un imaginativo lenguaje la superestructura de un artificio, de un embeleco, de un trampantojo político. Millones de catalanes viven atrapados en esa burbuja de ficción que colapsa el autogobierno y estrangula el desarrollo social y económico. Pero en días como el de ayer se les ve muy contentos. Acaso convencidos de la inmediatez de ese amanecer libertador en que serán más felices, más sanos, más cultos y más ricos. Angelitos. O JM NIETO Fe de ratas