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ABC DOMINGO, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es cultura CULTURA 69 Manolo Valdés, ante su obra La diadema Libertad Yo tengo la sensación de ser un privilegiado que ha hecho siempre lo que ha querido y lo ha podido enseñar EFE muy consumidor, y a mí me gusta comentar esas obras clásicas desde mi especificidad, que es la pintura. Cuando uno ve determinados cuadros icónicos, que han producido óperas, piezas musicales, poemas o escritos literarios importantes, quiere eso decir que esas obras por las razones que sean tienen ese atractivo que hace que otros consigan hacer obras de arte a partir de ellas. Eso es lo que me pasa a mí. Siempre con las que me gustan. Cuando uno lee un buen texto literario o una buena novela, te hace ver los aspectos de la realidad de una manera distinta. Y cuando voy a mi Valencia y miro las playas, las miro a través de Sorolla. Así funcionan esa deformación profesional y esa pasión. -Y así como un libro que se vuelve a leer cobra otro significado con el paso del tiempo, usted reinterpreta obras como Las Meninas ¿Su mirada ha cambiado hacia ellas? -Claro, es un reflejo de lo que te pasa a ti. Esa es la razón por la que me planteo a veces trabajar con un cuadro con el que ya he trabajado antes. A veces, veinte, quince años, o dos semanas, porque creo que tengo otra manera de verlo y que daré otra versión distinta. Claro, luego ocurre lo que ocurre. Pero ese es el mecanismo. -Un proceso de autoconocimiento... -Fíjate, hay muchos tipos de artistas. Yo tengo amigos artistas, que son estupendos, pero que no pueden volver sobre un tema que en un momento determinado ya han tocado. Les repele, y ya está. Yo puedo volver veinte veces sobre él, siempre y cuando crea que puedo hacerlo de una manera distinta. -Las repeticiones son una constante en su obra. Es como un coleccionista de testas femeninas. ¿Es una obsesión? -Yo creo que la Historia del Arte se ha ocupado mucho de la mujer, y hay grandes cuadros en esa dirección. No me lo planteo, pero tengo esa inclinación. Desde luego no la aparto, la llevo con mucho gusto. -En algunas de ellas los rasgos desaparecen perdiendo su identidad. Pero no es una evolución como las cabezas de Brancusi hacia la abstracción y la simplicidad en las formas, sino que es aleatorio, unas veces les pinta rostros y otras no. -Tú misma has dado la respuesta. La mirada de la Historia del Arte lleva eso. Brancusi me ha enseñado que puede haber una cabeza sin ojos. Brancusi y otros. Con lo cual no es un problema para mí. Si resulta que esa nariz o ese ojo son algo que me fastidia, los quito. Afortunadamente, antes alguien ya me lo ha enseñado, y ya está aceptado. Eso está ahí, afortunadamente. -Está todo interconectado. -Afortunadamente hay un pasado y una cultura asimilada, y hay un gusto por esa cultura. -También encuentra la inspiración en la literatura. Colaboró con Mario Vargas Llosa en las esculturas Las tres Damas de Barajas (aeropuerto de Madrid) para las cuales el premio Nobel escribió un texto que forma parte de la obra. ¿Qué le aportó la inclusión de otro lenguaje artístico, como es lo escrito, para esta obra? -Yo quería hacer eso, porque en la Historia del Arte hay muchas inscripciones, tanto en tumbas como en mil sitios. Hay muchas obras de arte donde ese grafismo, esa letra escrita para contar algo, tiene un valor estético. Yo estaba dándole vueltas a eso, y en un viaje a París se lo conté a Mario. Al principio no lo veía, pero al cabo de unos días me dijo de hacer, con esa inteligencia que le caracteriza, una escultura que hablase, una escultura parlante. Entonces hizo unos textos, que son fantásticos. Ninguna de las dos cosas está antes, sino que están a la vez, porque con ese texto yo tengo que hacer una escultura que hable. ¿Y cómo introducir la letra? No quería que eso estuviera al lado, porque ya te he dicho antes que lo que yo odio son esos textos que tienen que ser explicados. Tengo que decir que aún me quedan algunos textos que no he utilizado, por incompetencia, porque no he encontrado aún la imagen. Pero lo haré. -Fundador junto con Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo de Equipo Crónica (1964- 1981) ¿Se pierde lo personal cuando se crea en grupo? -Evidentemente, algo de cada uno se queda fuera. Fíjate que es curioso que, en pintura a diferencia del cine, que se trabaja en colaboración, también en arquitectura algo se queda fuera. Cuando el equipo desapareció, yo tuve que aprender a tomar decisiones. Eso fue un aprendizaje. ¿Es más pulsional? -Claro, a la hora de crear, lo que quieres contar es más directo, y sin colaboración entra más en juego la subjetividad y, desde luego, toda tu responsabilidad. -Para terminar, ¿cuál sería su personal definición de arte? -Te puedo decir lo que significa el de los demás para mí. Cuando yo veo una obra de arte, leo una novela, etcétera, me produce tanto placer, tanta felicidad... Me hace reflexionar, me completa la vida, no puedo pensar un caso en que eso no exista. Si consigo que, con mi arte, le pase algo así a alguien, soy feliz.