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16 OPINIÓN POSTALES DOMINGO, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL A los cuatro vientos La Diada más dividida Europa dice basta GALICIA Los gallegos tienen que aprender que el progreso exige un precio: no se puede vivir como antes y como ahora al mismo tiempo ERC da el golpe de gracia a los convergentes Como era de esperar una vez que CDC ha dejado de existir como tal y con Artur Mas expulsado de la escena política, ERC ha decidido aproximarse a la CUP y a la marca blanca populista en Cataluña. Oriol Junqueras ve el camino expedito y su partido es el único que sale reforzado (ahí está la encuesta que hoy publica ABC) de la cruzada secesionistas. Aquella casi hegemónica Convergència de Pujol, que primero se entregó a Junts pel Sí y luego a lo que hiciera falta (la CUP) para intentar sobrevivir, se ahoga en el mar de su nefasta gestión. Se acabó el chollo fiscal a las multinacionales No deja de ser sorprendente que a estas alturas el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, afirme que las multinacionales deberían acostumbrarse a pagar los impuestos justos en la UE o los demás territorios donde operen La multa de 13.000 millones de euros impuesta al gigante Apple parece haber despertado a Bruselas de ese letargo que permitía minúsculos ratios de esfuerzo fiscal a esas mega- compañías. Bien están los avances tecnológicos que aportan, pero los enormes beneficios que sacan en el mercado europeo obligan a que paguen unos impuestos más justos. L OS incendios y los accidentes ferroviarios están dejando Galicia irreconocible. La verde, gentil, nostálgica tierra de celtas y suevos muestra hoy las cicatrices de miles de hectáreas calcinadas y las heridas abiertas de trenes convertidos en amasijos de hierros bañados en sangre de las víctimas. Si a ello se le unen los accidentes automovilísticos, puede que los más numerosos de España, el dolor va unido a la pregunta: ¿por qué? Llevo a Galicia en el corazón tras vivir en ella mi infancia y adolescencia. La conozco como la palma de mi mano, al haberla recorrido de norte a sur, del litoral al interior. Nunca perdí el contacto con ella ni falté a la cita anual que, desde hace más de 40 años, tengo con mis compañeros de bachillerato en el instituto de Lugo, por lejos que estuviese. Me creo, por tanto, autorizado para hablar sobre ella con conocimiento de causa. Y lo que veo es el choque brutal de la vieja y la nueva Galicia, de la tradición y el desarrollo. La Galicia de mi infancia estaba aún en la Edad Media. Hoy tiene la empresa textil más importante del mundo, Inditex; en los astilleros de Ferrol se construyen las más modernas fragatas para Australia y otros países; el ribeiro que se bebía en tazas, dejando posos en ella, compite, junto al albariño y el rosal, con los mejores caldos del Rin, y Citroën ha trasladado buena parte de su producción a Vigo. Pero sale uno de Ferrol para ir a la playa de Chanteiro y se pierde por Fene hasta dar con el camino adecuado. Como se la juega cuando deja la autopista del Atlántico para recorrer los veintitantos kilómetros hasta La Guardia, pues los coches zumban a cien por una cinta serpenteante, llena de rasantes. Allí precisamente una furgoneta atropelló hace poco a un grupo de ciclistas. El mejor ejemplo de lo que digo es Porriño, donde ocurrió el accidente del sábado, y se entremezclan autopistas, autovías, carreteras nacionales y comarcales en nada amable compañía. Veo que también viejos y nuevos trenes, vías antiguas y modernas, estaciones en medio de núcleos urbanos con inmensos aparcamientos con coches a punto de embarcar. Únanle las fiestas locales, la dispersión urbana y que nunca falta una casa, una arboleda, una vaca en el paisaje, y empezarán a entender lo que allí ocurre. Galicia ha cambiado en las últimas décadas más que ninguna otra parte de España. Pero es la que más se aferra a seguir siendo lo que era. El choque de ambas es, repito, brutal. Cuando se abrieron finalmente los puertos de Piedrafita y el Manzanal por autovías lo comentaba alborozado con un compañero de curso en una de las reuniones aludidas, pues cruzarlos antes era un tormento. Él me dejó hablar, para hacer luego un comentario críptico: Esto vaise chear de madrileños Los gallegos tienen que aprender que el progreso exige un precio: no se puede vivir como antes y como ahora al mismo tiempo. También en el plano político, aunque este sea otro asunto. ¿O es el mismo? ABC Y SUS LECTORES Una mujer, con un burkini, en una playa al sur de Francia tas. Es el caso de NICOLÁS ÁLVAREZ TÓLCHEFF, quien nos comenta con bastante retranca e ironía: Como es público y notorio, tanto el burkini como su antecedente, el burka, son vestimentas dedicadas a la protección de la mujer, que es en cualquier caso la que libremente las elige. Mediante ellas (temporada verano y temporada invierno) se dignifica su estatus y se la libera (en teoría) de la mirada siempre concupiscente y libidinosa del varón ¿o de la mujer? Curiosamente, el varón puede llevar taparrabos o bermudas con camisetas ceñidas, ya que él AFP El burkini Cuando la Policía francesa obligó a una bañista a quitarse el burkini con el que iba ataviada, se desató la polémica. Y desde ese 22 de agosto hasta el 26 de ese mismo mes, en que la Justicia gala suspendió la prohibición de esa prenda, se hicieron muchos comentarios sobre lo acertado o lo contraproducente de la prohibición. Ha sido el tema del final del verano. Y todavía siguen escribiendo lectores por los comentarios que sobre la citada vestimenta balnearia vertieron algunos de nuestros columnis- está exento de tales miradas de la mujer ¿o del varón? Así pues, no es de extrañar que un columnista de ABC exprese admiración por las portadoras del burkini (que aúna recato y comodidad) y aproveche para arremeter contra la chusma de progres y neocones que se han llevado este verano un berrinche a cuenta de la citada prenda. Seguramente esos progres y neocones estarán abotargados por los efluvios de la democracia, esa pantomima que el dinero controla a su gusto régimen mucho peor dónde va a parar que el de las dictaduras antica-