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ABC DOMINGO, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 15 UNA RAYA EN EL AGUA EL RECUADRO ANTONIO BURGOS ÓLE TÚ, FELIPE Con Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera se ha demostrado que no puede ser que España tenga el Gobierno que necesita I GUAL que aquel lugareño que recibió carta de su hijo, que estaba sirviendo al Rey en el cuartel, la leyó y comentó inmediatamente entre sus compadres de la taberna que cómo estará el Ejército, que a mi hijo lo han hecho cabo afirmo ahora que cómo estará nuestra Patria España y en cuán grave peligro la estabilidad y credibilidad de su bendita democracia, que aquí tienen a Burgos, al mismísimo Burgos, empezando a escribir un artículo en elogio de su paisano don Felipe González Márquez, al que otrora, cuando estaba en el poder, puso como no quieran dueñas. Hasta el punto de que el compañero Víctor Márquez Reviriego me contó que lo vieron una mañana hablando solo por los pasillos de La Moncloa, con el ABC abierto por la página de mi artículo y repitiendo sin cesar por lo bajini: ¡Hijolagramputa, hijolagramputa... Nosotros los de entonces ya no somos los mismos evidentemente. Pero España, menos. Igual que yo ahora voy a elogiar a González por lo que habré de explicar, hay muchos telespectadores que se sorprenden de que Corcuera, sí, el de la patada en la puerta, el mismísimo Corcuera, dice cosas exactemente iguales que las que ellos piensan, cuando lo oyen largar fiesta en el fuego de contrabatería que La 13 hace a La Sexta y a La Cuatro. ¡Quién iba a decirnos que íbamos a pensar como Corcuera! Es como lo de Utrera Molina. Cuando Utrera era gobernador civil de Sevilla, me enfrenté muchas veces a él, cuando éramos cuatro gatos los que pedía- mos el fin de la dictadura y la restauración de la democracia. Pero cuando he visto las injusticias que han hecho con Pepe Utrera los hijos y los nietos de aquellos a los que se hartó de entregarles miles de pisos sindicales, despojándolo revanchistamente de todos los públicos honores, no se me han caído los anillos en justa defensa de aquel falangista entre joseantoniano y orteguiano al que me opuse en Sevilla. Y el bueno de Pepe Utrera me llama muchas mañanas cuando escribo para que no le quiten las calles ni los honores que se ganó con su honradez y su sentido falangista de la justicia social, y me dice: ¡Quién iba a decirme que el único que me iba a defender en Sevilla sería Burgos, que tanto se opuso a mí cuando era gobernador! Pues con González me ocurre exactamente igual ahora. No puedo estar más de acuerdo y no puedo dejar de elogiar lo que ha dicho en Santiago de Chile, en esos bolos tan bien pagados que hace el hombre, dando conferencias por ahí: Si nos llevan de nuevo a unas terceras elecciones, les pediría a los cabeza de lista que no se vuelvan a presentar. Se lo pediría en su propio beneficio, para que no tengan que pasar por el enorme rubor de decirles a los ciudadanos que se han equivocado dos veces en un año y a ver si a la tercera aciertan a la hora de votar Óle tú, Felipe. Esas terceras elecciones lo único que podrían traer, si no se hace lo que dice el expresidente y pensamos muchísimos que en su día no lo votamos ni muertos, es la aplicación a la política del pensamiento de Guerra. Pero no Alfonso, sino Rafael Guerra Guerrita el gran torero y mejor filósofo cordobés: Lo que no pué sé no pué sé y además es imposible Con Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera se ha demostrado que no puede ser que España tenga el Gobierno estable y consolidado que necesita como el comer. Y además, es imposible que se pongan de acuerdo esos cuatro cuerpos (gloriosos) esos cuatro egos que ni juntos ni por separado caben en el Bernabéu. ¿No restauran y rehabilitan los edificios cuando están a punto de colapso (que es como llaman ahora los arquitectos a los derrumbamientos) y para ello derriban todo lo que está en tenguerengue y lo levantan de nueva planta? Pues visto el colapso de la democracia española, hay que hacer lo que dice Felipe González. Quién te ha visto y quién te ve, Burgos, elogiando a González. ¿La edad? No, algo peor: España. IGNACIO CAMACHO LA VOZ DEL PUEBLO No queremos cualquier pacto: queremos nuestro pacto. El que implica la cesión o la derrota del adversario SA España que este fin de semana busca en el cuché la boda de Rocío Carrasco (yo estuve en la primera, ay, la de Yerbabuena y no fue precisamente la de la duquesa de Cornualles) no parece demasiado inquieta por la ausencia de Gobierno. Pero hay que tener cuidado con la voz del pueblo; sobre todo cuando entre la gente cunde la sospecha de que le toman el pelo. En ciertos foros de populismo espontáneo ha prendido la idea de que los diputados no cobren hasta que alumbren una investidura. Aunque esos ciudadanos desconocen lo poco que pintan los parlamentarios ante sus propios dirigentes, esta clase de medidas de cuarto de estar apuntan un hartazgo casero que refuerza el peligroso crecimiento de la demagogia antipolítica. Porque en la sociedad de la queja hay algo que no va a ocurrir, y es que cada cual asuma sus responsabilidades. Que la ciudadanía soberana acepte la antipática evidencia de que el bloqueo es consecuencia de lo que ha votado. Todo el mundo quiere que los políticos, esa casta endogámica, se pongan de acuerdo, pero sólo en el sentido de las tendencias de cada votante. Si a los del PSOE les importase más la estabilidad del Estado que sus propias preferencias biográficas o ideológicas... ¿cuánto tiempo creen que podría sostenerse en su negativa Pedro Sánchez? Quizá los electores de centro- derecha deberían plantearse con honestidad una pregunta ucrónica pero necesaria: cuál sería su posición en el caso de que la investidura de Zapatero, o del propio Sánchez, hubiera dependido de 85 diputados del PP. ¿Pedirían la abstención de su partido? Pues para los socialistas Rajoy es como ZP para el segmento conservador: invotable. En idéntico sentido cabría interrogarse sobre si ese electorado estaría dispuesto a que la izquierda y el nacionalismo catalán integrasen una alianza antimarianista con tal de que se forme un Gobierno. ¿Anatema, verdad? No, no queremos cualquier pacto: queremos nuestro pacto. El que significa la cesión y a ser posible la derrota del adversario. Lo fácil es clamar en abstracto contra la repetición electoral, amenazar con la abstención masiva o el voto estrafalario de protesta mientras se ojean las fotos del enlace del año. Sin embargo las encuestas, aun con su poca fiabilidad, apuntan a un resultado bastante similar, como ya ocurrió en junio respecto a diciembre. Esperamos que cambien los demás y nos sacudimos cualquier culpa en el atasco. Y tenemos delante un fastuoso chivo expiatorio: esos políticos egoístas que, en efecto, carecen de generosidad y de compromiso patriótico. Esos holgazanes desaprensivos. Los mismos que desatarían nuestra ira si firmasen pactos contrarios a las convicciones más o menos supuestas por las que los elegimos. Si realmente estuviésemos hartos, o arrepentidos, esperaríamos con agrado la oportunidad de demostrarlo. En democracia sólo hay un modo, y lo estamos demonizando. E JM NIETO Fe de ratas