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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA DOMINGO, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO SUPERHÉROES Exigimos políticos inhumanos, seres que en realidad no existen E S cierto que desde los estertores del felipismo hasta fechas recientes la democracia española acumuló tanta roña que hacía falta pasar la bayeta, elevar el listón de la moralidad pública y la ejemplaridad. Y así se ha hecho. De derecha a izquierda, pasando por los sindicatos, casi no queda golfo en política que no haya acabado pillado por la Justicia, que es exasperantemente lenta, pero llega. También se ha endurecido mucho la legislación para prevenir la mangancia (y la ha aprobado Rajoy, con el voto en contra de Sánchez, aunque nunca se le reconocerá) En paralelo, se han elevado enormemente las exigencias éticas de la sociedad española, lo cual era necesario. Pero una cosa es demandar una vida pública limpia y otra pretender que nuestros políticos sean superhéroes que mean agua de colonia en lugar de simples seres humanos. Reconozcamos que se nos está yendo la pinza con lo que demandamos de nuestros representantes. Deben currar a destajo, sin descansar o bajar la guardia ni un fin de semana (ay del dirigente que se vaya a pasar un puente por ahí con su familia, como hacen millones de españoles, porque si en esos días se produce una tragedia en su ciudad, será machacado, como le ocurrió a Botella por no estar en la capital en la madrugada del drama del Madrid Arena) El político no puede relajarse un minuto, pero tampoco puede cobrar acorde a su inmensa dedicación y responsabilidad. Nos encanta tener líderes mal pagados y nos parece de lo más razonable que un tuercebotas del fútbol de medio pelo, de los que hay docenas, cobre seis veces más que el presidente del Gobierno, un ministro o un alcalde importante. Resultado: la política se llena de mediocres. Pero las demandas no se acaban ahí. Nada de ojos saltones, ceceos, papadas... Hoy un líder bien valorado debe ser guapete, por supuesto. Tal fue parte de la tarjeta de presentación de Sánchez y Rivera, más lozanos y apolíneos que el viejo Mariano. Gestionar bien resulta anecdótico. Pero es imprescindible que hablen como Cicerón y posean una enorme simpatía personal, que deben desplegar besuqueando bebés, abrazando farolas en tascas, asilos y merenderos, y haciendo el pingo por cuanta tertulia televisa se tercie. Además, tienen que hablar inglés y no fumar puros, y han de ser más honrados que Teresa de Calcuta y más espartanos que san Simeón el Estilita, asceta que se pasó 37 años encaramado en lo alto de una columna. Con nuestras exigencias actuales, pocos estadistas recordados habrían pasado el corte. ¿Churchill? Borrachín y a veces faltón. No sirve. ¿Kennedy? Mientras nos vendía el sueño de Camelot junto a Jackie, su alcoba era una verbena. Doble moral, queda invalidado. ¿Salvador Allende? Un apasionado de la ropa pija y la mesa cara. Menudo socialista. Nada. ¿Roosevelt? ¿Se imaginan a una persona mayor y enferma dirigiendo la efebocracia española? Imposible. ¿De Gaulle? La arrogancia en estado químicamente puro. Cero. ¿Thatcher? Una determinación insufrible en la era del buenismo. Anatema. ¿Adenauer? Un soseras. ¿El Rey Juan Carlos? Trajo la democracia y la sostuvo, pero eso no es nada comparado con que un día se fue de safari. En fin, que por algo somos el país de Torquemada... PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI COLUMNAS Si nadie acepta la posibilidad de perder, la condición de perdedor se generaliza AL día como hoy, hace quince años, terroristas islámicos a bordo de aviones comerciales secuestrados destruyeron las Torres Gemelas de Nueva York. Los dos rascacielos del World Trade Center arrastraban, como es sabido, cierta connotación simbólica que los relacionaba con España. Sus constructores se inspiraron en las columnas de Hércules, uno de los más antiguos iconos hispánicos, que figuraba en el reverso del real de a ocho de plata o tálero español (Spanish Daller) la moneda que imitaron los primitivos dólares americanos. El signo del dólar no es más que un esquema de ambas columnas envueltas por la filacteria con el lema latino Plus ultra (o sea, más allá que hace referencia a la empresa atlántica imperial de la Monarquía Católica. Las columnas de Hércules, plantadas por el semidiós griego a ambos lados del Estrecho, en Calpe y Abila, han estado presentes en la simbología de España desde Carlos I hasta hoy, bajo todas las monarquías y repúblicas. En determinadas épocas adquirieron significados inéditos según interpretaciones relacionadas con nuevos contextos. Durante la Restauración, marcada por la pérdida de las últimas colonias, la significación imperial fue cediendo a la idea de una dualidad constitutiva de la nación, tanto en su dimensión histórica (lo romano y lo gótico) como en la política (la conciliación de tradición y progreso, después de tres guerras civiles, en el sistema bipartidista de la monar- T quía restaurada) Durante la II República circuló una interpretación de origen probablemente masónico que las relacionaba con las dos columnas de bronce del propileo que Hiram de Tiro levantó para el Templo de Salomón y que recibieron los nombres de Boaz y Jakim. Sea como fuere, parece que los dos restos del bipartidismo español contemporáneo han decidido conmemorar la efeméride del 11 de septiembre apresurándose a iniciar sendas implosiones a lo largo de la semana, con pretextos distintos, unos por campos de Soria y otros por sus grandes y solas, desiertas llanuras. Al final va a resultar que todo termina en una competencia suicida por ver cuál se viene abajo el primero. ¿Qué quedaría después? No voy a ofrecer pronósticos originales. Quedaría lo que ya tenemos. Una situación muy semejante a las de algunas sociedades primitivas a las que se refirió en su día el gran antropólogo Claude Lévi- Strauss en los siguientes términos: En estas sociedades se delibera y se vota. Pero las votaciones sólo valen si hay unanimidad, pues prevalece la idea de que, cuando hay que tomar una decisión importante, no pueden surgir, ni siquiera en las más pequeñas fracciones imaginables de tales sociedades, sentimientos de frustración y amargura como los ligados a la condición de perdedor en una consulta electoral, porque estos sentimientos, la mala voluntad o la tristeza de no haber concitado la adhesión, obrarían como potencias mágicas capaces de comprometer el resultado obtenido (Georges Charbonnier, Entretiens avec Claude Lévi- Strauss. París, 1961) Sin haber leído a Rousseau, estas sociedades parecen creer literalmente en una voluntad general que no puede ser la de la mayoría sino sólo la de la totalidad, evitando así la existencia de perdedores que andarían fastidiando al resto del vecindario. Sobra decir (añade Lévi- Strauss) que en las sociedades donde se impone este criterio la regla de la unanimidad acaba por ser la única en contar con algo parecido a un fundamento jurídico, precisamente para evitar recaer en la perversa práctica del escrutinio mayoritario. Cuando nadie se resigna a perder es imposible que alguien gane, pero en el fondo del mar viven felices las esponjas.