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12 ENFOQUE DOMINGO, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es ABC semana La foto de la REUTERS Guerrilleras insurgentes en Yemen Guerra y ornamentos LUIS DEL VAL No caeré en el sarcasmo machista de imaginar una frase del tipo perdone, mi capitán, pero no podré empezar a disparar hasta que no se me seque el esmalte de las uñas porque tengo cinco nietas, y me gustaría que crecieran sin tener que vencer algunas de las dificultades con las que se tuvieron que enfrentar sus madres y sus abuelas. No obstante, ese rojo ornamental parece un grito que reclama la atención, una especie de oxímoron estético tan potente como una pistola al cinto de un vestido de noche, en una fiesta de gala de debutantes. Las adaptaciones siempre son difíciles. Recuerdo, no hace tantos años, cuando se comenzó a plantear en España la incorporación de la mujer al Ejército, que cierto general, con indudables conocimientos bélicos, pero con escasa preparación dialéctica, adujo que las instalaciones militares sólo contaban con lavabos y letrinas para hombres, y que habría que llevar a cabo una costosa reforma. Está claro que el contundente argumento no produjo el efecto esperado, y la mujer se incorporó a las Fuerzas Armadas, y afronta los mismos problemas que en cualquier otra actividad laboral. Insisto: los mismos, porque la aparición de determinados escándalos induce a pensar que hay muchos casos de acoso sexual en la milicia, pero la realidad demuestra que son inferiores a los que se pueden producir, por ejemplo, en una empresa de televisión, lo que quiere decir que un acosador es eso, independientemente de que vista un uniforme o el traje de ejecutivo de un empresa audiovisual. De todas formas, el problema no es el esmalte de las uñas, porque puede tratarse de una mujer armada transitoriamente, sino la terrible guerra civil que asola Yemen, con unas feroces acciones de las partes enfrentadas, donde nunca les preocupa el ataque directo a la población civil, una cosecha de muertos estremecedora, y no por los llamados daños colaterales sino debido a la organización de asesinatos sobre la población. Por si fuera poco, ha irrumpido el llamado Estado Islámico, esos entusiastas verdugos que matan en nombre de Alá, y que todavía complican mucho más el tablero de un país que está entre África y Oriente, y, en cualquier caso, lejos de la paz. Esa paz que todos los seres humanos ansían, que unos pocos destruyen, y en la que las uñas pueden ser ornamentadas con colores vivos, sin que las manos tengan que empuñar un arma mortífera. Mano de hierro, uñas de seda Una mujer seguidora de la guerrilla insurgente Houthi, en Yemen, sostiene un fusil automático en un desfile celebrado en Sanna