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ABC DOMINGO, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es ENFOQUE 5 Vista de la plaza de toros de Pontevedra durante el mitin de ayer de Mariano Rajoy y Núñez Feijóo EFE La campaña gallega La obstrucción JUAN PABLO COLMENAREJO Como aficionado al fútbol, y a pesar de su colosal distancia en simpatía con el Atlético de Madrid, le hubiera gustado a Rajoy el segundo tiempo de ayer en Vigo. Tras las dudas sembradas por aquellos que desconfían cuando hay fallos y escapes, reaparecieron quienes solucionan los partidos con mucha solvencia y bastante talento. Al fin y a la postre triunfaron los aficionados más conservadores y confiados en la receta clásica de Simeone. Ganó la espera. No ha sido precisamente la pasada una buena semana para el presidente del Gobierno, nada partidario del ruido escénico. Desde China escuchó con perplejidad, y también con mucho enfado, las críticas de los suyos al nombramiento del exministro Soria para el Banco Mundial. Unas horas antes en Madrid ninguno de los presentes en la ejecutiva del PP abrió la boca, salvo para alabar al jefe tras la fallida investidura. En La Moncloa sentó muy mal que el silencio se tornara en ruido y por lo tanto en combustible para amplificar el escándalo en cuanto Rajoy se dio la vuelta camino de Pekín. El presidente ha tenido que tragar quina esta semana para evitar que la fractura pública por el asunto Soria no fuera algo más que una portada llena de fuego amigo. El delfín Feijóo quedó fuera del reproche. No acudió a Madrid a la reunión interna y se limitó a pedir una explicación. Horas antes del comienzo de la campaña electoral hubo marcha atrás, dando la razón a quien más influyó. Rajoy elogió ayer en Pontevedra la decisión de Feijóo de volverse a presentar a la Xunta porque los que se tienen que quedar son los buenos. Que se vayan los malos Sánchez bloquea el Gobierno para mantenerse en la Secretaría General del PSOE. Ha hecho piña con los militantes, cada vez son menos, pero no con los votantes, que menguan como las cebollas cuando se pelan. La encuesta de hoy en ABC muestra el desacuerdo de casi la mitad de ellos con la táctica obstruccionista de la que hablaba ayer Rajoy. España sigue a la espera porque así lo ha querido Pedro Sánchez. La resignación es contagiosa y en Bruselas ya no saben qué hacer con el país del sur que despilfarra su crecimiento económico con un parón político inmaduro y pueril. La duda es si unas terceras elecciones nos sacan de esta. Hay que seguir a la espera. ESPAÑA