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ABC DOMINGO, 4 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es cultura CULTURA 57 JOSÉ RAMÓN LADRA padres de aquella Constitución me lo resumió en una ocasión: La democracia es responsabilidad, naturalmente No habló de elecciones, parlamento, separación de poderes... No, no. Al final la democracia es cosa de todos, es responsabilidad, individual y colectiva. Si no existe ya puedes poner instituciones, instrumentos de control. Da igual. En España es lo que falla. -Solo emborronamos desde hace doscientos años los intentos, sin lograr esa emancipación, ese cambio de usos y no solo de los abusos -Eso y que le echamos la culpa al otro. O la frase yo hago esto y el que venga detrás que arree tan española. Por eso si el Gobierno asume todas las responsabilidades asume también todos los poderes. Es un problema que no hemos visto como tal los españoles. -Las dos Españas tienen dos historias. -Marx tenía razón en que la primera revolución fue la luterana. Insta al hombre a asumir su responsabilidad. Nosotros no tuvimos las guerras de religión, por eso los siglos XVI y XVII son bastante pacíficos dentro de España. Hacíamos la guerra fuera, pero no aquí. Nuestras guerras de religión fueron en el siglo XIX. Y las seguimos teniendo. En realidad las dos Españas son la laica y la religiosa. Es un problema que no hemos solucionado todavía. -A pesar de la Guerra Civil y de la Transición. -La Guerra Civil fue la última guerra de religión. Como las tres Carlistas. ¿Se nos comprende mejor en contexto europeo? Estuvimos al margen en momentos fundamentales. -Somos el extremo de Europa. No estuvimos en las Cruzadas ni en las Guerras Mundiales. Hemos volcado más el interés en América. La Conquista fue en cierto modo continuación de la Reconquista, que era una cruzada aquí dentro. Y en el imperio fuimos diferentes. No se olvide que la Constitución de 1812 era también para América. -E inspiró revoluciones allí. ¡Claro! Podríamos decir que algo parecido pasó con nuestra Transición. -Lo más polémico de su libro es la valoración positiva de la transformación económica y social que España registra durante el Franquismo. -El Franquismo fue un estado de obras, una expresión que al régimen encantaba. ¿Y de ideas? ¡Nada! Ahí es donde falla, porque la revolución es Ciudadanía activa Al final la democracia es cosa de todos, es responsabilidad, individual y colectiva Las dos Españas En realidad son la laica y la religiosa. Es un problema que no hemos solucionado todavía Comparación España ha mejorado objetivamente desde 1930. Solo hay una cosa que no ha cambiado: los españoles La clase media La del Franquismo es funcionaril. Cuarenta años después ha vuelto a aflorar el problema política y la política a Franco no le gustaba nada. Era un hombre del siglo XIX. No quería la democracia liberal para España de ninguna manera. Pero conocía las necesidades del pueblo. -Es lo que demuestran esas cifras incontestables en su libro. -Están sacadas de un gran estudio que hizo el BBVA. Doy datos de todas las magnitudes económicas en 1935 y 1975. Los números no engañan. Hay que ver lo que era la España de 1935. Yo me acuerdo. Llegaba el capataz y señalaba a quienes tendrían jornal. Estaba pendiente una enorme reforma. ¿Las cifras explican aspectos sociales de lo que luego nos ha pasado? -El libro aporta cifras, así como la lista de leyes de carácter social, desde el Fuero del Trabajo. Había pueblos con candiles, en la Edad Media. La transformación hasta 1975 es enorme. El problema es que no se corresponde ni de lejos con la evolución política. -Y no generó ciudadanía. Usted señala que la clase media que crea Franco a golpe de planes de desarrollo tiene alma funcionaril. -Lo dice Linz. Es la estructura del Estado. El español de clase media no es un burgués, no emprende, no quiere responsabilidad, no cambia de mentalidad. Y cuarenta años después este problema vuelve a aflorar, porque no ha cambiado la mentalidad del ciudadano: responsable e independiente. ¿Los partidos siguen esa inercia? -Buscan el quítate tú para ponerme yo para seguir actuando como antes. Dejemos aparte lo de la corrupción. Pero la actitud es de funcionario. La palabra misma revela mucho. Es alguien que tiene ¡una función! dicho con empaque en el Estado. Qué distinta es la expresión inglesa: public servent servidor público, ¡fíjate qué diferencia! ¡Es lo opuesto! -En la investidura reverberan choques que relata en el libro, como la pugna entre la izquierda radical y la moderada en la II República. -Ese es otro de los puntos clave, que será tema de mi próximo libro. ¿Qué es la izquierda? Es un idealismo que quiere la cosa perfecta. La derecha tiene más los pies en la tierra. Se ve incluso en su definición de democracia: el menos malo de los sistemas. La izquierda apunta a libertad y justicia, fraternidad e igualdad totales, ideales que se dan poco y de forma completa nunca. Por eso los experimentos de la izquierda son cacharrazos: el último el comunismo. Yo que viví en el Berlín antes y después del Muro puedo contar lo que fue. -Hechos los diagnósticos, ¿cómo arreglar los problemas? -En este momento tan global España o se adapta, con sus problemas antiquísimos y todo, o se hunde. ¿Pero España tiene buena imagen? -Sí. A todos los alemanes y americanos que conozco, les encanta España. Es un hecho. Y las diferencias materiales son mínimas ya. ¿Llegará esa revolución pendiente? -Yo soy optimista, creo en el desarrollo. Creo en el progreso, porque lo he vivido. A lo largo de mis 86 años he visto ese cambio desde la España de 1930 o 1940 a la de ahora. No tiene nada que ver. Ha evolucionado objetivamente para bien. Pero solo ha habido una cosa que no ha cambiado: los españoles. LA ÚLTIMA CONSTITUCIÓN Tras morir Franco, las opciones eran: un cambio gradual o la ruptura abrupta. Se impuso lo primero. Eso fue la Transición. Un cambio rápido, un visto y no visto, utilizando las normas del Régimen para enterrarlo. La nueva Constitución, a diferencia de las anteriores, dictadas por el partido dominante, se hace con el consenso de todos. Milagrosamente, se llegó a un acuerdo. Y donde no lo había, se echó mano de la semántica. Nación nacionalidades. Soberanía nacional autonomías locales. Se les da todo el poder a los partidos. Y el poder absoluto corrompe absolutamente. Mientras las llamadas nacionalidades históricas no se contentan con la autonomía, piden autodeterminación. Por no hablar de los que la piden con bombas y pistolas. El Estado español se ve desafiado por todas partes. y cada vez más voces dan por finiquitada la Transición. ¿SEGUIMOS COMO SIEMPRE? Con la Transición no acabó la política sino la mayor crisis económica desde 1929. Mariano Rajoy evitó el rescate e inició la recuperación, con un programa centrado en la economía, olvidando todo lo demás, incluido explicar que, sin economía, nada funciona. Grave olvido. Se encuentra tan cuestionado como el primer día. Penitencia agravada por los escándalos. Puede permitírselo una democracia asentada, con opinión pública madura, no una democracia tierna, con un problema territorial grave y una sociedad que elude responsabilidades. Surgen los indignados, las acampadas en la Puerta del Sol y dos nuevos partidos, pero no resuelven la situación. ¿Es tal la inercia del pasado en España que desactiva todo brote revolucionario o evolucionario, condenándonos a vivir en una eterna revolución pendiente?