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ABC DOMINGO, 4 DE SEPTIEMBRE DE 2016 abc. es conocer SOCIEDAD 51 MADRE TERESA DE CALCUTA Su gran legado Los voluntarios solo ayudamos un poquito a la inmensa labor de las Misioneras de la Caridad Generosidad y humor Recuerdo su mirada de amor y comprensión, su chispa y sentido del humor y su generosidad dad, a veces hasta les estorbamos reconoce con una humildad aprendida de la Madre Teresa, a quien trató con frecuencia y cuyo funeral y beatificación vivió en Calcuta. No puedo definirla con palabras, pero recuerdo su mirada de amor y comprensión, sus ojos de ternura hacia todo el mundo y su chispa, pues tenía mucho sentido del humor relata Montse a este periódico. Tras superar sus reparos sobre la pobreza y la enfermedad, el ingeniero madrileño Ramón Martín vuelve de la India, un rincón al que nunca pensó ir y que le ha transformado por completo Aquí he aprendido a amar P. M. DÍEZ ENVIADO ESP. A CALCUTA D Juan Pablo II, su médico Anécdotas para contar tiene bastantes, como cuando San Juan Pablo II llamó un día para hablar con la Madre Teresa y las monjas le contaron alarmadas que el médico le había recomendado reposo porque sufría un principio de embolia, pero ella seguía trabajando como siempre. En cuanto la religiosa cogió el teléfono, el Papa le ordenó que se acostara y colgó sin decirle nada más, como si ese hubiese sido el motivo real de su llamada. Por supuesto, ella obedeció de inmediato. Pero, más que sus vivencias con la misionera, como cuando le traía de España donaciones que debía firmar, Montse destaca su generosidad, ya que ni en mil años le podremos agradecer, ni comprender, lo que hizo por los pobres Un ejemplo que la ha inspirado para ayudar en casas de acogida como la de Premdan, donde las Misioneras de la Caridad atienden a medio millar de personas que fueron abandonadas en la calle, en su mayoría disminuidos físicos y psíquicos. No vengo aquí a dar nada, sino a devolver lo que me han dado estos pobres, que son mi segunda familia y me han ayudado con su humildad a crecer como ser humano y espiritualmente, ya que la India ha nacido en mí asegura la voluntaria. Su vida cambió cuando, al regresar a España tras el primer viaje, se dio cuenta de lo afortunada que era por tener una familia y todas las comodidades, ya que aquí hay gente a la que nunca le han dado un beso o un abrazo Concluye con toda lucidez: Ccualquiera de ellos podría ser yo o tú. ¿Qué hemos hecho nosotros para no ser ellos? e todos los países que hay en el mundo, el último al que habría viajado el madrileño Ramón Martín es la India. Pero, como los caminos del Señor son inescrutables, aquí ha acabado este verano y aquí es donde, posiblemente, haya vivido una de esas experiencias que le cambian a uno la vida. A sus 38 años, este ingeniero aeronáutico de Airbus en Getafe se había propuesto para las vacaciones hacer algo distinto y ayudar a los demás. Mientras buscaba proyectos de cooperación en África o con los refugiados de Siria, una de sus primas le recomendó que se uniera a las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta, donde ella había sido voluntaria hacía 19 años. Cuando consultó su web, a Ramón le convenció rápidamente lo que leyó: Para venir aquí no hace falta llamar ni avisar, basta con tener un corazón grande y ganas de ayudar Un rincón desprotegido Aquello le gustó, pero nada más aterrizar se topó con la infernal realidad de Calcuta, uno de los lugares más duros de la Tierra y donde buena parte de sus 15 millones de habitantes nacen, viven y mueren en la calle. Aunque venía con muchas ganas, el primer día pensé que no lo iba a aguantar reconoce Ramón, quien también confiesa que al principio tenía reparos en tocar a los pacientes de la casa de Premdan, donde las Misioneras de la Caridad y un centenar de empleados acogen a medio millar de desahuciados, en su mayoría disminuidos físicos y psíquicos. Ahora los abraza, juega con ellos y les da masajes para aliviarles sus dolores porque, como él cuenta, en este mes he aprendido a perder prejuicios sobre la pobreza y la enfermedad, he aprendido a amar un poco más Desde luego, no resulta nada fácil porque en la casa de Premdan se ve todo tipo de casos que harían apartar la vista a cualquiera, desde monstruosas malformaciones por la polio hasta horribles amputaciones. Cada día, las monjas curan heridas en la piel infectadas con gusanos o llagas en carne viva y limpian a quienes se hacen sus ne- Ramón Martín, ingeniero de Madrid, ayuda en vacaciones en Premdan P. M. DÍEZ La India rezuma necesidad Buena parte de los quince millones de indios nacen, viven y mueren en la calle. La realidad es infernal cesidades encima. A pesar de tan ingrata tarea, lo hacen con una sonrisa beatífica en el rostro, que solo se les borra cuando pierden a un paciente. Desde un punto de vista espiritual, he aprendido mucho de la obra de la Madre Teresa y las hermanas desgrana Ramón. Lo que más le ha sorprendido es la amabilidad, la curiosidad y la felicidad que se respira en Premdan, un edificio digno que se levanta sobre antiguos almacenes cedidos por una farmacéutica en el arrabal de Tiljala. No puedo estar más contento se congratula. Ha cambiado incluso su billete de regreso a España para vivir hoy en Calcuta la canonización. Admite que no sabe si repetirá en la India, pero promete hacer algo como voluntario. Vuelvo cambiado, con energías renovadas y una nueva visión afirma Ramón.