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ABC MARTES, 23 DE AGOSTO DE 2016 abc. es espana madrid MADRID 51 El okupa del restaurante Currito, junto al trastero donde se esconde El último residente de un entorno olvidado y abandonado a su suerte En los dos últimos años, el paseo de la Restauración de la Casa de Campo se ha deteriorado a una velocidad de vértigo. Ahora, la situación se ha suavizado a pesar de que la asistencia es cada vez más baja De las decenas de okupas que residían en los locales, ahora pueden contarse con los dedos de una mano. El único que se deja ver, aunque veladamente, es un hombre de origen africano. Sin revelar su nombre, asegura que es escritor y que vive ahí para inspirarse; sin molestar a nadie Habita en un pequeño trastero a la espalda del Currito, al lado de lo que fue la cocina, entre cartones y escondido detrás de una cortina rosa. Es el último okupa de un espacio olvidado y abandonado. Guarda silencio para que no le echen aunque desde los locales cercanos aseguran que no tiene nada que ver con lo que había antes Ahora, la Policía está más vigilante El verano pasado, mafias de okupas rumanos se apropiaron de los míticos restaurantes, ante la impotencia de los locales abiertos y el desapego de sus clientes. Entre la basura y el olor a heces y orines, los moradores acudían por la noche después de una jornada pidiendo limosna en los semáforos de la capital; una práctica habitual de estas mafias, muy numerosas. Los okupas que antes residían en la Casa de Campo, en la actualidad lo hacen en cualquiera de los asentamientos que se reparten por toda la capital. cía. Con los muebles en la terraza, entre las montañas de hojas, los escasos clientes del paseo recuerdan con nostalgia lo que no hace tanto era una referencia: Aquí han venido políticos y personajes de toda clase, es increíble que se haya convertido en esta pocilga dice Jesús, un vecino de la zona. En el Guipúzcoa, uno de los más devastados (en su otra vida especializado en cocina vasca) el comedor principal es ahora un espacio diáfano, con restos de hogueras y las paredes y el techo comidos por la humedad. Solo se mantiene en pie la estructura del caserón, con los cristales y las puertas reventadas. En su parte trasera se ha derribado un muro que servía como parapeto para las montañas de basura de los moradores. El Bosque Sagrado, enfrente, y el Colonial de Mónico, a unos 300 metros, están cerrados a cal y canto y todavía aguantan el tipo si los comparamos con el Currito. Sus mesas y sillas trufan la entrada principal, junto a los pocos electrodomésticos que los okupas no vendieron como chatarra. Al lado, un enorme árbol descansa atravesado. Una prioridad Aunque desde los establecimientos (como el caso de la La Pesquera) aseguran que ya no quedan okupas y que no es como antes en el Guipúzcoa y el Currito existen pruebas de que hasta hace muy poco se ha hecho vida en su interior. En el primero, una cama con ropa, un casco de moto y botellas de plástico; en el segundo, un inquilino escondido. Aunque se cuelen de vez en cuando, es verdad que en el último año la cosa ha cambiado mucho apuntan desde La Pesquera. Madrid Destino asegura que la rehabilitación de estos restaurantes es una prioridad para el Ayuntamiento. La intención es desarrollar un plan que alcance a los locales y a todo el conjunto. Queremos recuperar el paseo con su uso original, pero que este no sea exclusivo: estamos abiertos a incluir nuevos proyectos para la zona indicaron. En el nuevo eje se espera contar con los supervivientes, con los que se han entablado negociaciones para estudiar la viabilidad. principal de estos desahucios Los que aún permanecen abiertos, como El Palacio de la Misión, indican que los okupas son una consecuencia del abandono y que es un problema heredado de la anterior corporación. Cualquier coincidencia con el pasado es pura casualidad. De aquellos enormes caseríos, auténticos templos de la gastronomía, solo quedan unos carteles desvencijados con su nombre tras las vallas y precintos de la Poli-