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ABC MARTES, 23 DE AGOSTO DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 11 MONTECASSINO UNA RAYA EN EL AGUA HERMANN POR LA VITAL INTRANSIGENCIA El espacio público tiene que ser reconquistado por completo por la sociedad abierta N tribunal civil de la ciudad de Osnabrück sentenció ayer que las mujeres musulmanas no tienen derecho a asistir a clase ataviadas con el niqab, el velo que cubre la totalidad de la cara salvo una rendija a la altura de los ojos. Una inmigrante musulmana había denunciado a un colegio porque este anuló su contratación al saber que ella pretendía trabajar con la cara cubierta por motivos religiosos Aunque parezca evidente la lógica de esta sentencia que nadie pueda ejercer cualquier trabajo en público totalmente cubierta e imposible de identificar no lo es tanto ante la presión y la agresividad con que defienden la libertad del uso del niqab los representantes de las comunidades musulmanas que, por supuesto son todo hombres, pero también, de forma inaudita, muchas formaciones de la izquierda europea. Ciertos sectores izquierdistas, en gran parte virulentamente antirreligiososo cuando del cristianismo o el judaísmo se trata, han adoptado una defensa militante de todos los esfuerzos de las crecientes comunidades islámicas por ocupar espacios públicos con costumbres en abierto conflicto con los hábitos de las sociedades occidentales de tradición judeocristiana. Pretenden se acepten atávicas costumbres de la inmigración llegada de estados fracasados con sociedades oscurantistas, medievales y totalitarias. Esta actitud de la izquierda laica solo es superficialmente paradójica. La extrema izquierda sueña desde hace tiempo con esa alianza con el islamis- U mo para vencer al capitalismo y al imperialismo. Pero más allá del conflicto político que la izquierda radical pretende desatar contra el sistema con ayuda islamista, nos hallamos en el comienzo de un colosal pulso cultural y demográfico con un carácter decisivo para el futuro de la civilización en Europa. Sin una reacción firme, masiva y contundente de defensa de la supremacía de los valores que hicieron de Europa lo que es, la sociedad abierta occidental europea está en vías de retirada y desaparición. Quizás aun no sea tarde para evitar el fatal desenlace. Pero el tiempo apremia y está en juego la suerte de nuestro sistema de libertades, de la democracia, nuestra herencia cultural, religiosa y espiritual, nuestro concepto del mundo y percepción de nuestra existencia como humanos. Este primer gran choque cultural está simbolizado por el burka que es la versión afgana y menos frecuente en Europa del niqab, común en las culturas árabes. También por el llamado burkini, que ya ha provocado los primeros incidentes violentos. El niqab y el burkini son los indicios de la gravedad del problema. Pero también pueden ser la gran oportunidad para lograr ese cambio de timón político que permita una defensa eficaz y real del orden cultural y civil que hace posible la democracia, la libertad, el libre mercado y el bienestar, la civilización moderna a la postre. Porque la prohibición de niqab y el burkini puede ser el necesario mensaje de que se acabó la tolerancia con la intolerancia. De que la política en Europa ha comprendido la gravedad del reto. De que símbolos de la opresión y de los peores atavismos islámicos no tienen cabida en Europa. Aquellos musulmanes que quieren convivir en un espacio de libertad europeo han de elegir entre esos símbolos y vivir en nuestras sociedades abiertas. Con la misma contundencia con que prohibimos cortar manos o lenguas, ahorcar homosexuales o lapidar mujeres, debemos prohibir que la mujer sea rebajada a animal empaquetado en las calles o en las playas. Porque si no se acabará permitiendo cortar manos, ahorcar homosexuales y lapidar mujeres. Antes de que sea obligatorio todo ello. El espacio público tiene que ser reconquistado por completo por la sociedad abierta que ha de ser rigurosa e intolerante, profundamente intransigente ante cualquier transgresión. No se trata de un trapo más o menos. Nos jugamos literalmente todo. IGNACIO CAMACHO LOS VIRTUOSOS A esos votantes del PSOE favorables al desbloqueo habría que preguntarles si creen que se merecen a sus candidatos los españoles les preocupará de verdad la ausencia de Gobierno el día en que el Estado no pueda pagar las nóminas ni mantener abiertos los servicios públicos. Pero ese día no llegará porque el Estado funciona y porque la política y las leyes, pese al triunfante relato catastrofista sobre su ineficacia y podredumbre, tienen razonablemente organizadas las cosas. Con unos Presupuestos prorrogados el país no avanzará pero tampoco se quedará exánime; al fin y al cabo lo mismo que suele suceder cuando hay un Gabinete a los mandos. Si se le pregunta a la gente por su grado de inquietud la mayoría dirá que es alto porque se trata del criterio mainstream, el que supone políticamente correcto, aunque no sienta que la cuestión influye en su vida cotidiana. El bloqueo es un problema objetivo al margen de la opinión pública y por eso urge resolverlo; lo que está fuera de lugar es apremiar la solución apelando a un clamor ciudadano que, como casi todo lo que sucede en las encuestas, tiene mucho de impostado. En ningún sondeo publicado aparece, sin embargo, una pregunta esencial para entender el verdadero estado de ánimo sociológico: ¿Prefiere usted que haya un Gobierno de signo distinto al de su ideología? Si las respuestas fuesen sinceras y no siempre lo son podrían registrarse ciertas sorpresas que tal vez explicasen estos 302 días provisionales. Pedir que los políticos se pongan de acuerdo es muy fácil; el mérito está en aceptar que lo hagan en sentido contrario al de nuestro propio voto. A esos generosos votantes del PSOE que se manifiestan favorables a dar paso a Rajoy con tal de desbloquear la situación habría que darles una condecoración a la virtud cívica; están manifestando mucha más madurez y menos sectarismo que sus representantes electos. Nadie les ha interrogado, sin embargo, sobre si en caso de persistir el atasco volverían a apoyar al mismo partido. Es decir, si creen que se merecen a sus candidatos. Pedro Sánchez está convencido de que sí. Es más, piensa que su terco obstruccionismo le arrimará además un montón de votos procedentes de Podemos, y que la mayoría del electorado de izquierdas prefiere el impasse a la reelección del presidente en funciones. Quiere ser el héroe de la resistencia a la derecha, el William Wallace del izquierdismo dogmático. Y no se cree las encuestas, de lo cual ciertamente nadie puede culparlo. El secretario general un líder es otra cosa, como bien dice el colega Gonzalo López Alba de los socialistas confía en la posición irreductible del llamado voto biográfico Él también sabe que el Estado no va a cerrar porque no haya Gobierno y si no es con él al frente no parece dispuesto a facilitarlo. Sólo hay un modo de conocer cuántos españoles están de acuerdo con su actitud, que es el de contarlos en las urnas, y ése es precisamente el que casi todos, al menos de boquilla, repudiamos. A JM NIETO Fe de ratas