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10 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA MARTES, 16 DE AGOSTO DE 2016 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU ME VENGARÉ Aborrezco las mañanitas de playa, los castillitos... Echo mucho de menos Madrid. El veraneo se me hace eterno, no puedo más L Bloqueo Institucional, la Parálisis del Reloj de la Democracia, el Fracaso de la Cultura de Acuerdos. Son conceptos de contestador automático a los cuales las mayúsculas les brotan solas por su enorme carga de trascendencia histórica y de pavor apocalíptico. Si corres a un espejo y los pronuncias al revés tres veces, en el reflejo se te aparece Satanás. Hay al menos cuatro diputados regeneradores y refundadores que lo hicieron y ahora están en estancias con las paredes acolchadas, comprimidos en camisas de fuerza. No sabe Schz qué fuerzas malignas invoca con su NO, qué oscuridades del terror victoriano se abatirán sobre la Democracia cáspita, otra mayúscula en cuanto pronuncie en el parlamento ese adverbio como si se tratara de un conjuro en alguna lengua muerta, más antigua que la Biblia. En cuanto lo haga, apresúrense en proponer coito a alguien, porque ante el fin del mundo y la extinción de la especie humana eso es lo que dicen querer hacer siete de cada diez encuestados. Uno de cada diez volvería a fumar: luego te cancelan el apocalipsis y ahí te quedas, con el vicio otra vez cogido. No quiero competir en gravedad con las penalidades a las que asoma la patria estática, enmarañada en su melé. Pero el escamoteo del debate de investidura me está provocando un grave perjuicio personal. Aborrezco las mañanitas de playa, los castillitos, los atascos para aparcar encima de una duna, la sensación de la arena en la entrepierna, el traje de baño mojado, el bucolismo, las conjeturas acerca de si la marea sube o baja porque de ello depende una decisión logística vital, dónde colocar las toallas. Lo aborrezco. Lo odio. Echo mucho de menos Madrid. El veraneo se me hace eterno, no puedo más. Empieza la Liga y sigo en la playa. Creo que hoy toca salir a las pozas con esquileros para agarrar quisquillas. Yupi, qué aventura, lo que duelen las rocas al pisarlas mal, yuju. En términos psicológicos, diseñé el veraneo con la esperanza de que, mediado agosto, la convocatoria de un debate de investidura me daría un pretexto para viajar solo a Madrid unos días y encerrarme en un lugar tan poco propicio para los esquileros como el parlamento. Tenía ensayado el discurso en casa: Ya lo siento, yo soy muy feliz aquí, pero debo ir, los Periodistas somos la Verdad, sin Periodistas no hay Democracia Pero nada. Caen las fechas del calendario y el puñetero y mítico dominio de los tiempos de Mariano Rajoy está haciendo que me coma un agosto playero por el que algún día cobraré venganza. Ahora hablan de poner el debate la primera semana de septiembre. Qué cachondos. ¿De qué me sirve en septiembre? ¿De qué playa voy a huir en septiembre? Es muy difícil no sentir Desapego por esta Casta que te tiene todo el mes de agosto sometido a ese durísimo momento de escalofrío en que va uno entrando en el agua y una fría ola cantábrica le alcanza el bajovientre. Socorro. E COSAS MÍAS EDURNE URIARTE BIKINI Y BURKINI: LA DIFERENCIA No se trata de un problema de símbolos religiosos o de higiene o de seguridad. Se trata de libertad e igualdad de las mujeres O hay mayor contradicción del feminismo de izquierdas que ésta, la relativización de los símbolos de discriminación de las mujeres musulmanas. El burkini convertido en una prenda más, una mera forma de traje de baño, como el bikini, una opción de cada mujer que debemos respetar. Argumento habitual en cada polémica sobre la prohibición del velo, del burka o, ahora, del burkini por el ayuntamiento de Cannes y de otro municipio cercano. Tanto es así que el progresista The New York Times hasta se permitía este fin de semana la ironía y el desprecio sobre la prohibición en su titular de portada con eso de que Francia ha convertido el burkini en la última amenaza a la seguridad Humor que no imagino, y menos en portada de uno de los medios de referencia del mundo, sobre otras normas contra la igualdad de la mujer que los países occidentales han eliminado en las últimas décadas. El peso de la extrema izquierda en una parte significativa del feminismo explica esta tremenda contradicción. Que nace de esa mezcla de multiculturalismo y antiimperialismo en el que hasta el burkini es aceptado como una opción respetable frente a los intentos de dominio de Occidente y sus valores. La ceguera antioccidental les lleva a sostener que las musulmanas se ponen el burki- N ni porque les apetece, porque es su cultura, lo mismo que las occidentales el bikini. La libertad y la igualdad, las dos inmensas diferencias entre una prenda y otra, no les interesan. La libertad de las occidentales para ponerse el traje de baño que les da la gana y la igualdad para enseñar el cuerpo de la misma manera que los hombres frente a la opresión de las musulmanas de familias fundamentalistas para vestir obligatoriamente el burkini y la desigualdad para ocultar el cuerpo que ellos pueden enseñar. Las ideas anteriores tienen tal influencia en Europa que hasta quienes se atreven a prohibir el burkini, como el ayuntamiento de Cannes, lo hacen con mala conciencia y, sobre todo, con un lío de ideas. Hay que reconocer que se lo han puesto fácil a The New York Times para la ironía. Porque el alcalde conservador de Niza, David Lisnard, no ha podido argumentar peor la prohibición, en la línea, por otra parte de todas las prohibiciones del velo y del burka. Por el secularismo francés, mal argumento que obligaría a prohibir cualquier símbolo religioso en la calle, por la higiene, se nos ocurren varias decenas de prohibiciones por higiene, y por orden público, por los desórdenes públicos que podría provocar la visión de esta prenda asociada al fundamentalismo islámico, quizá no más que los desórdenes públicos causados por las estrellas de cine en el Festival de Cannes, otra ironía con la que también le han respondido. Y todo el lío de ideas anterior, también entre quienes tienen la personalidad para prohibir esta prenda, porque ni la derecha ni el feminismo liberal consiguen reunir el valor, la claridad y la determinación para explicar el significado del burkini: un símbolo de discriminación de las mujeres practicado por los musulmanes fundamentalistas. No se trata de un problema de símbolos religiosos o de higiene o de seguridad. Se trata de libertad e igualdad de las mujeres, también de las musulmanas en países donde libertad e igualdad son valores fundamentales. Y tampoco se trata de la religión musulmana frente a otras. Como ha dicho el alcalde de Cannes, y esto sí que lo ha expresado brillantemente, el burkini es el uniforme del islamismo extremista, no de la religión musulmana