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DOMINGO 14.8.2016 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 36.753 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Atención al cliente 902 334 555. CON VISTAS AL VERANO HOMO HISPÁNICUS ÁLVARO MARTÍNEZ MOCITO DE ESTELADA Ayer Nadal puso en su sitio a otro de esos bobos de gallardete L EFE La invasión de las sombrillas Si algún valenciano pensó que en pleno mes de agosto podría disfrutar de la playa a sus anchas, se equivocó. Al menos no en La Malvarrosa, que en el puente de agosto se convierte en una aglomeración caótica de sombrillas de colores, toallas tendidas en la arena, bañadores y cuerpos al sol APUNTES DE ESTÍO Nací en el Mediterráneo PASCUA ORTEGA DISEÑADOR DE INTERIORES H ablar de mis veranos me lleva, sin duda, a hablar del mar y además con mayúscula, del Mediterráneo. Desde mis primeros recuerdos veraniegos en un sofisticado Sitges de los años 50 y 60 hasta mis dos casas de la Ibiza dorada de sus primeras épocas, en la que las aguas cálidas y verdes eran protagonistas. La belleza de Mallorca, tan frecuente en mi vida, y sus inolvidables atardeceres en la costa Tramontana, para finalizar en mi puerto actual en el Ampurdán, haciendo por el nunca mejor llamado Mare Nostrum. Como en la canción, nací en el Mediterráneo y el tiempo y los vientos me han llevado a él. Mi maravilloso rincón actual, caído del cielo y nunca mejor dicho porque de mis padres viene, es un compendio de la historia de estas tierras que debe su nombre al primer puerto griego de la península, Ampurias. Desde lo alto no solo veo el mar y las intocables Islas Medas sino también las cumbres nevadas, a veces, del Pirineo, y en la casa conviven, desde restos ibéricos a muros románicos y puertas fechadas en el s. XVI. Y todo eso no es más que capas de culturas de las tantas que han pasado por estas orillas mediterráneas dejando esa pátina tan especial que las nuevas invasiones (de turistas) no consiguen borrar. MAÑANA, Sheila Cremaschi Verbolario POR RODRIGO CORTÉS Xenofobia, f. Desconfianza en uno mismo. o tendrán visto mil veces en la tele, como un secundario sin frase en cualquier grabación que recoja a un famoso camino de la cárcel, a un cantante entrando por la puerta de artistas de un teatro o en cualquier barullo de cazaautógrafos o de esa incomprensible raza de testigos directos que anegan la acequia digital. Se llama Enrique Jiménez, es cuarentón, gafotas y barbado y se le conoce como Mocito feliz Su principal e inocua misión es colarse en el cuarto de estar de los españoles intentando el viejo sueño del don de la ubicuidad, cual el chupacámaras de toda la vida. Mocito entretiene sus noches cantando en un pub malagueño un repertorio tan estruendoso que podría ser utilizado en cualquier sala de tortura. Su última gesta fue colarse en la foto de Alberto Garzón votando en un colegio electoral de Rincón de la Victoria el 26- J, ese Trafalgar populista que tiene a Iglesias más callado que en misa. Jiménez, cuya gran ilusión declarada es cantar en Qué tiempo tan feliz es el paradigma del friki, un tipo entregado a la obsesión de inmiscuirse en la vida de los otros, en colarse de rondón, una especie de exhibicionistas sin gabardina pero con infatigables ganas de dar la murga. Hablamos de Mocito porque estos días olímpicos y estivales nos ofrecen la oportunidad de ver a los mocitos de la estelada una tribu que, de Cadaqués a Río, tiene como obsesiva misión proverbial colar la bandera independentista catalana en cualquier tiro de cámara para que el mundo entero vea la imparable pujanza del fenómeno. Da lo mismo que se trate de una paella de cucharón y paso atrás (como la que Rahola le organizó a Puigdemont) que de una final de tenis a orillas de la bahía de Guanabara. Allí verán al mocito de la estelada ridiculizando al ridículo, animando a quien no compite agitando una enseña de algo que no existe y que hoy tiene el mismo asiento legal que la bandera del piloto Jorge Lorenzo Lorenzo s land que también tiene una estrella. La otra noche, Nadal puso en su sitio a uno de esos bobos de gallardete, un trincapiñones que quería vampirizarle el triunfo. Otra medalla, Rafa.