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ABC LUNES, 1 DE AGOSTO DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 15 concepto. Puedo entender y aceptar que la belleza no ocupe en el arte su antiguo papel protagonista. Pero no entiendo ni acepto la prostitución contemporánea tanto del término como del concepto, convertidos en vulgares meretrices al servicio de grandes compañías. Salgan a la calle, enciendan la televisión, introduzcan belleza en su buscador. Verán de lo que hablo. Hemos sustituido las pinceladas de Botticelli por las de cualquier rímel; las estrellas de Van Gogh por la luz de las depilaciones láser; los grandes estetas (Platón, Kant, Burke) por millones de esteticistas. Basta. Devolvamos al término su anterior concepto. Si algo necesita el mundo de hoy en día es, justamente, esa belleza salvadora que enunciaba Dostoievski. PEDRO ARGÜELLO MUR POZUELO DE ALARCÓN, MADRID TRIBUNA ABIERTA LA HORA DE LOS MODERADOS POR IGNACIO PEYRÓ De la Restauración al 78, los momentos moderados han sido los más fecundos para la Historia de España. Es la hora de convertirla en la nueva normalidad AUTIER vio a España como el país de la igualdad Havelock Ellis habla de nuestro país como la tierra del romanticismo y el viajero Ford no deja de alabar la altiva independencia de su pueblo llano. En la lotería de los caracteres nacionales, los españoles no hemos salido del todo malparados: puestos a posar ante el mundo, quizá haya peores cosas que hacerlo como gentes apasionadas y libérrimas, si acaso un punto levantiscas. De hecho, en la celebración o en el vituperio, nuestra épica nacional tan arrumbada estos días y nuestra leyenda negra comparten no pocos ingredientes. Reconquista y conquista, inquisidores y liberales, guerrilleros y maquis: para bien y para mal, extranjeros y españoles hemos coincidido en juzgarnos como un país de individualidades exaltadas y celosas. Irónicamente, a lo largo de los siglos hemos podido pasar por los más sobrios y graves de Europa pensemos en tiempos de los Austrias y también, desde el cliché decimonónico, como los más vitalistas y cascabeleros. El tutti- frutti de los tópicos, sin embargo, nunca nos ha concedido la atribución de moderados. Quizá sea injusto, pero no es inexplicable. Hoy como ayer, la moderación tiene más enemigos que incentivos. Con su nostalgia de verdades fuertes, las nuevas sacudidas populistas tienden a preterir ese donoso escrutinio que conlleva toda intelección de lo real en nuestras sociedades complejas. Las dinámicas de la opinión pública digitalizada, por su parte, turboalimentan el fenómeno, al estimular lecturas y respuestas de índole emotiva y en consecuencia achicar espacios a los matices de la razón. Es así que se prima la argumentación paquidérmica en lo que debiera ser conversación cívica. Hay radicalización y ruido. Será que en tiempos de excesos escribe Troy es difícil esperar políticas de moderación. Por supuesto, el descrédito de los moderados no es de ahora. Podemos incluso trazar en la margen izquierda como en la derecha una tradición con frecuencia humillada, en todo lo que va de Jovellanos a José Castillejo. Hay ahí el suficiente martirologio para pensar si el sonrojo no lo impidiera que el sino del moderado español termina fatalmente en la mirada de lucidez melancólica que el propio Jovellanos mostró a Goya. Véase que, todavía hoy, la izquierda apenas considerará a los moderados más que en calidad de reaccionarios emboscados; en cuanto a la derecha más aguerrida, posee instintos bien adiestrados para detectar a los llamados pasteleros desde, precisamente, Martínez de la Rosa, Rosita la pastelera Transigir con la caricatura, en la práctica, implicaría reducir el espacio del centro- derecha a algo que no es: un redil ultramontano, una secta anarcoliberal, etc. Si no es exclusiva de nuestros días, la suspicacia hacia el moderantismo tampoco es patente de nuestro país. Recordemos el escarnio de los llamados wimps en EE. UU. la indeseable condición de wet en tiempos de Thatcher. No es asunto menor: en Reino Unido, donde la política por tradición ha sido cuestión de moratorias, transacciones y acuerdos como escribió Taine, se acaba de llegar a decisiones tan alejadas de las artes del justo medio como el calamitoso Brexit o la convocatoria continuada de referéndums. Quizá la ruptura del pragmatismo británico sea una sorpresa mayor, pero los británicos no están solos: de Trump a Le Pen y de Austria a los Países Bajos, el moderantismo parece en bajamar a una y otra orilla del Atlántico. Por eso es más categórico el contraste con las urnas del pasado 26- J en España. Ya en campaña hubo apelaciones al voto moderado, a la España moderada disputas entre partidos por los caladeros de la moderación. Si eso fue una buena noticia, el resultado iba a ser aún mejor: una apuesta por la institucionalidad y un tapón al populismo. De paso, también ofrecimos al mundo algo parecido a una lección: se puede frenar a los radicales, se puede reformar y no romper. Será que a veces no es tan mala la supuesta excepcionalidad hispánica. O será que habíamos soslayado esos correajes de moderación instintiva que del 78 a esta parte han G Irresponsables Actualmente tenemos un país con 46.5 millones de ciudadanos cuya prosperidad y felicidad, actuales y futuras, están en manos de 350 personas que han elegido la profesión política por creerse que son los más sabios para desempeñarla. No debería tener ninguna duda, pero, sin quererla, la tengo. Después de seis largos meses de negociación, y que no sean más, esos 350 sabios no han sabido tener la sabiduría (valga la redundancia voluntaria) de componer un equipo capaz de proyectar iniciativas para que esos 46.5 millones de personas vivan en paz, libertad, justicia y prosperidad. La duda que tengo para confiar en un acuerdo, que genere prosperidad para todos, es que los responsables de llevarlo a buen término son los mismos que intentaron los dos anteriores sin ningún éxito. ¿Se dan verdadera cuenta de su responsabilidad, más allá del exclusivo interés de su partido? ¿No deberían sentarse en una mesa y no levantarse hasta que no haya un equipo de sabios que dirija nuestro país? Si los actuales dirigentes no saben o no quieren negociar para llegar a acuerdos que propicien prosperidad a la ciudadanía que ha confiado en ellos, que se delegue en otros que sean capaces. FRANCISCO FERRI GANDÍA (VALENCIA) PIEDRA Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. guiado el voto de una sociedad que tampoco ahora se ha dejado embaucar por la radicalización expresiva. Materia de hombres y no de ángeles, el propio carácter confrontacional de la política nos lleva a desechar cualquier tipo justamente de angelismo. Pero ese mismo espíritu de facción es el que hace de la moderación una virtud ciudadana necesaria. Al fin y al cabo, se necesita igual energía para la templanza que para el extremismo. Contra lo que dice el lugar común, los españoles no estamos condenados a ser el mejor tipo de gente bajo el peor tipo de gobierno De la Restauración al 78, los momentos moderados han sido los más fecundos para la Historia de España. Hoy también podemos volver a mirarnos con perfecta congruencia en el espejo de la moderación. Es la hora de convertirla en la nueva normalidad. La hora de los españoles apasionadamente moderados. IGNACIO PEYRÓ ES PERIODISTA Y ESCRITOR