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14 OPINIÓN POSTALES LUNES, 11 DE JULIO DE 2016 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL A los cuatro vientos Convergencia, más de lo mismo LA HORA DE MARIANO RAJOY El papel de Ciudadanos, hoy por hoy, es el de bisagra, no el de protagonista en el laberinto que se ha convertido la escena política española El parto de los montes, en versión demócrata La ceremonia bautismal del nuevo partido de Artur Mas en el papel de padrino se saldó ayer con un nuevo esperpento. Del parto de los montes ha salido un partido que se presenta como demócrata, catalanista, independentista, europeísta y humanista pero que, para resumir y no cansar, se ha quedado en Partit Demòcrata Català, que no dice absolutamente nada sobre las verdaderas y conocidas intenciones de sus inspiradores y asociados, muy demócratas. Los propios Mas y Puigdemont optaron por otra denominación, derrotada en una votación final que revela la superficialidad del congreso de la antigua Convergencia. Esencialmente, siguen los mismos y van a la deriva. D EL mismo modo que no puede pedirse al PP que prescinda de Rajoy tras haber ganado las dos últimas elecciones, la segunda por mayor margen que la primera, tampoco puede pedirse al PSOE que pase del no es no al sí o tal vez de un día para otro. Hay que dejarle tiempo para que metabolice su derrota y acepte que lo más urgente es afianzarse como líder de la oposición, papel que ha estado a punto de birlarle Podemos. Algo que lleva su tiempo. Y quien se equivoca en los tiempos pierde la partida. Le toca jugar a Mariano Rajoy y urge que juegue sus bazas, no vaya a pasársele el turno. Los españoles le hemos dado un mandato lo bastante holgado para que gobierne, pero no a su antojo, sino bajo vigilancia de otro u otros partidos, lo que le obliga a elegir muy bien los socios. Visto el no de entrada socialista, la incompatibilidad con Podemos y las malas experiencias con los nacionalistas, sólo le queda Ciudadanos, ese hijo pródigo que se marchó de casa y le ha dado varios disgustos, al que habrá que convencer de que vuelva, tampoco tan difícil, al no haberle ido demasiado bien con las malas compañías. Pienso que bastaría extraer de la larga lista de compromisos con el PSOE de cara a un gobierno conjunto aquellos de claro matiz centroderecha y asumirlos como propios para que Albert Rivera y los suyos aceptaran un papel en la nueva etapa de limpieza y consolidación que espera a España. Y si no lo hacen, que se atengan a las consecuencias, pues ya recibieron el primer aviso el 26- J. El papel de Ciudadanos, hoy por hoy, es el de bisagra, no el de protagonista en el laberinto que se ha convertido la escena política española. Si crece o continúa siendo el tercer partido en ella, al estilo de los liberales en Alemania o el Reino Unido, dependerá de su actitud en este crucial momento. Aunque debo reconocer que el liberalismo no atraviesa precisamente sus mejores días. Lo que esta vez no puede hacer Rajoy es esperar a que el tiempo ponga las cosas en su sitio Suena su hora y tiene que actuar con o sin los demás. Ya oigo la vieja cantinela de está solo, nadie quiere pactar con él como argumento para negarle la presidencia. Una gran mentira. Rajoy no está solo. Tiene detrás más de ocho millones de españoles, que le han dado su confianza. Está obligado a intentarlo aunque sea en solitario. Si el resto se dedica a boicotear sus medidas para continuar la recuperación económica, reforzar los lazos con Europa y mantener la unidad de la nación española, será su problema, no el de Rajoy. En su última cita con las urnas, el pueblo español ha demostrado tener más sentido común del que se suponía, desde luego, más que el inglés. Un aviso a todos. Puig, presidente del Gobierno valenciano EFE El PSPV a rueda de Compromís Muerte de un torero Los coqueteos suelen salir caros Es una de las voces que, en función de su poder territorial, con más autoridad se hace oír en la sede socialista de Ferraz. Ximo Puig, sin embargo, tiene tantos problemas domésticos como Pedro Sánchez. Su creciente apego a Compromís, franquicia nacionalista a la que ha decidido unir su destino, ha provocado en muy pocos meses los temores y críticas de los dirigentes del socialismo valenciano, un partido cuya tímida remontada puede verse interrumpida, en seco, por los coqueteos de Puig con los socios de Mónica Oltra. Lo sucedido con el PSC, víctima de sus delirios rupturistas y su pérdida de identidad, no es mal ejemplo. El incivismo se asoma a las redes sociales Canales de comunicación entre particulares y también escaparate mediático de una sociedad en la que cotiza al alza el sensacionalismo, las redes sociales no tardaron, tras su irrupción, en convertirse en vertedero de las miserias humanas. Los abominables comentarios que desde el pasado sábado han circulado alrededor de la muerte del torero Víctor Barrio deben llevar a los usuarios de estas redes a una reflexión serena. Es la Justicia la que debe abanderar la persecución penal de quienes se escudan en el anonimato para insultar y difamar, una expresión de incivismo cuya erradicación obliga a todos los que conviven en esa aldea global y virtual. CARTAS AL DIRECTOR Víctor Barrio Lo tenía todo el joven Víctor: salud, fortaleza mental y física, valor, conocimiento y competencia de sobra para ejercer la profesión más dura y difícil del mundo. Persona entrañable y buena donde las haya, amigo de sus amigos; todo un caso de vocación espontánea y afición desmesurada por la tauromaquia. Un torerazo. En el ruedo turolense se ha dejado la vida el diestro del noreste segoviano. Una vida plena la suya, aunque breve, muy breve. Pareciera que el cielo no puede esperar a los mejores, a los más grandes, y se los lleva los primeros. Víctor Barrio era uno de ellos: un ser humano excepcional en todas sus facetas (como hijo, como esposo, como amigo) y también un profesional, un artista del toreo, de los pies a la cabeza. Siempre te vamos a recordar. Hasta pronto, Víctor. JOSÉ LUIS CUENCA MADRID Cada día estamos más solos Hemos dejado atrás un modelo de pareja y de vida en el que se preservaba la familia y al cónyuge con mimo y esmero, cuidando la convivencia, quizá porque teníamos inculcado que el matrimonio era para toda la vida. Cuando se presentaban diferencias cotidianas, se esperaba sin más que un nuevo día trajera con él la sintonía. Si llegado el caso su trascendencia trastocaba el bienestar y tambaleaba la convivencia, la pareja volcaba todas sus energías en reconducir las situaciones, en construir día a día ese amor. De manera que muchos proyectos de pareja se sostenían, sabiendo superar desencuentros y saliendo fortalecidas de los momentos difíciles. Y sí, ese modelo de vida y de familia llevaba consigo que cuando surgían diferencias irreconciliables se tuvieran que sobrellevar con sufrida abnegación, pues como rezaba el compromiso matrimonial, en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte nos separe No negaré que hemos ganado en poder disponer de nuestra