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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA VIERNES, 24 DE JUNIO DE 2016 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU SUBSUELO Lo último que puede ser un ministro de Interior es una víctima de astucias que lo superan ESULTA sorprendente que el PP maneje como eximente del ministro de Interior que es víctima de lo que los argentinos llaman una interna en los servicios de seguridad. Que uno de los responsables de la seguridad del Estado tenga así de alterado su subsuelo y sea vapuleado por elementos sueltos que responden a intereses puercos más bien constituye un agravante. No por la presunción de delito, pero sí por la de incompetencia. Lo último que puede ser un ministro de Interior es una víctima de astucias que lo superan. ¿Se imagina alguien a Rubalcaba o la banda del Faisán reducidos a esa triste condición? ¿Se imaginan a Fouché admitiendo que alguien más listo le hizo una faena? Aunque la medida de listeza de Fouché era más alta, esto es verdad. Y la de Rubalcaba también. Con todo, la adjudicación de intenciones malevas, delictivas, a quienes grabaron y divulgaron la charla de despacho no será lo que mitigue el perjuicio electoral de algo que ya se sospechaba y en cuyo contexto la conversación de Fernández demuestra la existencia de una actitud: que el Estado, bajo profundidad de periscopio, trató de amañar la destrucción de prestigios en el independentismo e interrumpió de repente varias décadas de inmunidad cleptocrática a cambio de convivencia al clan de los Pujol en cuanto éste se enroló en la aventura de la ruptura, pero ni un segundo antes (refiriéndose a principios de los 2000, todavía contaba Montoro que las investigaciones a los Pujol eran abortadas por mandato superior) Un solo ejemplo de ello es cuando un director de El Mundo señaló como fuente al Ministerio del Interior para justificar una persecución estéril y sin resultado judicial pero con castigo de portada contra el entonces alcalde de Barcelona, señor Trías. El perjuicio electoral será mínimo porque a buena parte del electorado popular esto le parecerá menos alarmante que la pasividad de Rajoy. Es decir, la posibilidad de que la Policía actúe sin control judicial, falsifique o no las pruebas, encontrará la comprensión de quienes opinan que el Estado amenazado tiene todo el derecho a usar recursos semejantes y a movilizar a sus operadores del submundo. ¡Es más! es su obligación. Esta postura, por si fuera poco, es mucho más fácil de sostener cuando encima las maniobras orquestales en la oscuridad no han dejado un solo muerto ni iban a dejarlo: sólo se trataba de atropellar unas cuantas reputaciones para desarmar un antagonista político del régimen. Poco escándalo, por tanto. Si me permiten la observación corporativista, lo más divertido de la conversación es cómo desnuda todas las veleidades pomposas del periodismo de investigación a lo Bernstein Woodward que se arrogó la custodia de la democracia: Esto se lo paso luego a un periodista y él lo descubre ¡Él lo descubre! He ahí, revelada, la praxis de la Insomne Garita: recepción de sobres en un garaje durante la cual el periodista hasta se deja instrumentalizar. R MONTECASSINO HERMANN IDEALISMO DESPÓTICO La libertad es lo que está en peligro con ese poder lejano, no elegido, arbitrario que los europeos no pueden fiscalizar E L grandísimo Rüdiger Safranski, un hombre de cultura total en esta Europa cada vez más chata, llena de comunicadores, escribió hace unos años un libro apasionante sobre el Romanticismo, que definió como una cuestión alemana Es un bellísimo tratado sobre el idealismo alemán, su plasmación romántica y sus numerosas, inmensas y muchas veces terribles, monstruosas derivadas. El principal peligro del idealismo es su evidente necesidad de desactivar o ignorar parcial o totalmente la razón. Con el idealismo alemán sabemos cuáles fueron los monstruos del sueño de la razón y adónde nos llevaron. Sin que haya que evocar continuamente el peor infierno, sí hay que advertir de que lo mejor es el peor enemigo de lo bueno. Incluso cuando esa supuesta utopía la promueven los descreídos plutócratas y partitócratas del mundo unidos. Puede que a algunos les haya parecido oportuno y razonable que Bill Gates, George Soros o el presidente Barack Obama se asomaran por Londres para amenazar a los británicos con todo tipo de represalias si el voto soberano no era el que ellos creían conveniente. Lo que está claro es que la opinión de los pueblos soberanos solo resulta digna de respeto cuando cumplen a pies juntillas los designios que ha dispuesto para ellos ese consenso aterciopelado. No dejamos de ver en Europa cómo opiniones populares de pleno derecho y basadas en realidades comprobables y verdades irrefutables son desacreditadas, ignoradas y censuradas sin otros argumentos que la inconveniencia para ese credo de la corrección política impuesto por un poder establecido tan lejano y poco controlable como Duncker o los propios Gates o Soros. Escribo estas líneas poco antes de que cierren los colegios electorales en el Reino Unido. Lo hago en Edimburgo, donde la población mayoritariamente favorable a permanecer en la UE ahora recibe el aplauso del tabernáculo biempensante, cuando hace dos años era condenada por un separatismo que a todos irritaba. Que los argumentos favorables a la UE hoy en Escocia emanen en parte de ese nacionalismo condenado en 2014 no es óbice para que ahora sean elogiados. Mientras el nacionalismo inglés contrario a la permanencia en la UE está en la más cruel de las picotas. Cierto es que muchos argumentos blandidos por los partidarios del Brexit han sido groseros, demagógicos, populistas y hasta falsos. Como también lo han sido las descalificaciones, las acusaciones y las amenazas de los partidarios de la permanencia. No es difícil presentar el Brexit como un desastre irreversible. Y es difícil convencer a una población de dar un salto al vacío de la soledad al desgajarse de una comunidad de 500 millones. Por eso convendría afrontar bien las causas del clamor por el Brexit y de todos los emuladores surgidos en Europa. Si la reacción a este referéndum pretende ser reforzar la infinita arrogancia y enajenación de las elites europeas, es fácil augurar una situación explosiva y pronto irreversible para la UE. A eso nos llevaría ese idealismo sin escrúpulos que tan bien simboliza el ministro José Manuel García- Margallo cuando pide aprovechar el momento para una mayor centralización y unificación política bajo Bruselas. La Unión Europea se hizo para evitar guerras, cierto. Pero también para defender la libertad. Y la libertad es lo que está en peligro con ese poder lejano, no elegido, despótico y arbitrario que los europeos no pueden fiscalizar. Las sociedades europeas necesitan a sus estados- nación que son garante de identidad, soberanía y libertad a un tiempo. Porque los europeos no quieren déspotas en un supuesto megaestado ideal en la cima del mundo, sino sociedades democráticas e individuos libres. Si la Unión Europea se enmienda profundamente y puede garantizar que así sea, suyo será el futuro. Si no, su tiempo se agotará pronto.