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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 11 DE JUNIO DE 2016 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO VIVA EL VINO Los mayores placeres de la vida no están en Facebook L Papa bonaerense, vergel de anécdotas encantadoras, ha incorporado al pontificado uno de los más felices atributos de la inteligencia: el sentido del humor. Hasta ha contado algún chiste autoparódico: ¿Saben cómo se suicida un argentino? Pues se sube a su ego y se tira abajo Hace un par de días, recibió a un grupo de católicos que celebraban sus 50 años de matrimonio. Platicando, hizo una simpática y atinada defensa del vino: Imposible terminar una fiesta bebiendo té. ¡Una fiesta sin vino no es una fiesta! Que viva Berglogio (y que viva el vino) El vino es civilización (el primero que se puso a ello fue seguramente un sumerio de hace 6.000 años, y hasta la Biblia reseña que cuando Noé atracó tras el diluvio una de sus primeras gestiones fue plantar unas vides para asegurarse el morapio) El vino es un inciso de libertad en unas existencias cada vez más regladas. Hay algo un pelín intimidatorio en el rigorismo del abstemio radical. Carlos Marx, hijo de vinatera, comentó en una carta que por una vez estaba de acuerdo con Lutero y con Bergoglio, con quien me temo coincide en más cosas sobre la poca valía de los hombres que no saben apreciar un buen vino Marx y Engels le arreaban duro: jerez, burdeos, mosela, madeira, champán, oporto... Tal vez así se coció uno de los dogmas más nocivos de la historia. Los defensores del vino suelen acabar en un mismo argumento, variaciones del famoso in vino veritas de Plinio. Es decir, la idea de que abre las puertas interiores y además, como añade Dante, siembra la alegría en los corazones Pero, como siempre, sin mesura todo derrapa. Chungo cofrade el vino si no median largos días en blanco para aliviar hígado y cabeza. Para buscar una opinión ponderada sobre cualquier cosa, muchos recomiendan recurrir al equilibrio de Montaigne. Pero en lo que hace al vino el más templado de los ensayistas, el primero y mejor de los columnistas, no se aclara. Por una parte, lo condena, porque desborda nuestros bajos instintos y nos lleva a entregarnos al animal que somos. Pero por otra parte parece incapaz de resistirse a sus goces: Beber a la francesa, en las dos comidas y de una manera moderada por el cuidado de la salud, es restringir demasiado los favores del dios Baco. Es preciso ocupar más tiempo y desplegar mayor constancia en el beber anotó allá en su torre circular. Estamos en campaña. Mariano sería hombre de rioja clásico. Cumplidor, pero sin glamur, como aquellos Paternina de los setenta. Sánchez recuerda al rosado, porque no es ni blanco ni tinto, y encima ha estropeado la fórmula echándole gaseosa. Pablito y Garzón son claramente calimocho; un estrago de las cosas buenas. Rivera parece situado en las premuras del Red Bull. Una conversación sin prisas ante una botella redonda de godello, oporto, pinot noir... es uno de los regalos de la vida. Un placer que no expira con el declinar de la biología. Un deleite que no está en Facebook, refugio de tantas soledades disfrazadas de amistad virtual. Tampoco están allí las glorias de la piel concupiscente, o las miradas de frente, o las trastadas inocentes de un retaco. El vino baña la vida. Lo otro es solo el triste placebo del vivir. E HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA LÁGRIMAS DE UN REY Pues si no me dejan luchar a caballo, lo haré a pie dijo Simeón de Bulgaria UANDO se tiene la suerte de haber vivido una vida tan intensa como la de Simeón de Bulgaria, tiene todo el sentido poder hacer un balance escrito de la misma. Es cierto que los Reyes no publican memorias. Pero es también verdad que nunca antes habíamos visto a un Rey presentarse a unas elecciones legislativas, ganarlas y gobernar como primer ministro. Y por esa singularidad Un destino singular (Ediciones Nobel, 2016) es un libro imprescindible para comprender una buena parte de la historia de la Europa contemporánea. Como saben los lectores de ABC, el libro fue presentado el pasado jueves en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en un acto presidido por los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía que hizo inevitable que el Rey de los Búlgaros se emocionara al mostrar su gratitud y vertiera unas lágrimas. Fue uno de esos actos que cierto periodismo desprecia, pero del que los historiadores querrán buscar referencia. En él, Don Juan Carlos hizo su primer discurso público desde que abdicó hace dos años. Pidió a uno de los presentadores del libro, Javier Solana, y al propio Rey Simeón que lucieran su venera del Toisón de Oro, que el propio Don Juan Carlos llevaba puesta. Y frente a la presidencia de los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía y de la Reina Margarita de Bulgaria, se sentaba la vicepresidenta de la República de Bulgaria, Margarita Popova, que demostraba cómo después C de dejar de ser primer ministro en 2005 y de dejar el Gobierno su partido en 2008 Simeón sigue siendo para ellos el Rey. La figura de referencia de una sociedad que le elogia y le critica como ocurre con todo el que ha pasado por la arena política. Simeón vivió sus años de exilio como un hombre de negocios que se ganó la vida con esfuerzo, y atendiendo a todos los búlgaros que acudían a él para pedir ayuda que no eran pocos. Era un tiempo en que él era un apestado al que los servicios búlgaros espiaban constantemente, como pudo confirmar él mismo cuando como primer ministro pudo leer lo que los archivos de los que entonces eran sus servicios habían recolectado sobre él y su familia a lo largo de décadas. Desde el 9 de noviembre de 1989 el timbre de su casa en la Ciudad Universitaria madrileña sonó cada vez con más frecuencia, y políticos y dirigentes de todas las tendencias y estratos pasaron por la casa del Rey para pedirle consejo, para dárselo, para pedir ayuda, para ofrecerla y, en última instancia, para ponerle en el centro de la escena política. Cuando cuatro años más tarde los Reyes de España hicieron una visita de Estado a Bulgaria se encontraron con algo que nunca más han visto: multitudes aclamándoles al grito de Ikamesi Tsaria Queremos a nuestro Rey Y como la clase política búlgara no estaba dispuesta a ceder un resquicio, porque algunos políticos piensan más en las próximas elecciones que en las próximas generaciones, Simeón dio el paso al frente, formó un movimiento político y en tres meses logró una mayoría amplísima en el Sabranie. Como el propio Rey Simeón reconoce en este libro, él se guió mucho en su actuación por las enseñanzas de su tío el Archiduque Otto, jefe de la Casa Imperial Austrohúngara, que bajó a la arena política en 1979. El 8 de marzo de 1995 ambos iban en mi coche y Otto preguntó a Simeón cómo le iban las cosas. El Rey le habló de dificultades y concluyó: Pero si no me dejan luchar a caballo, lo haré a pie Esa ha sido siempre mi máxima apostilló el jefe de la plurisecular Monarquía danubiana. Hay vidas que merece la pena vivir. Este libro cuenta una de ellas.