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ABC LUNES, 6 DE JUNIO DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL CONTRAPUNTO UNA RAYA EN EL AGUA ISABEL SAN SEBASTIÁN HARTAZGO Dígannos de una vez los políticos qué están dispuestos a pactar y con quién. Todo lo demás es humo E SPAÑA lleva ya dos años en campaña y, francamente, no aguanta más. Encadenamos las municipales y autonómicas con las generales y estas con la repetición del próximo 26- J, sin un atisbo de luz en el horizonte que nos permita albergar esperanzas fundadas. Mismas caras, mismos mensajes, mismas encuestas, parecido desenlace previsible, con la única incógnita de saber hasta qué punto aupará a Podemos el desmoronamiento en curso del PSOE. Un insoportable déjà- vu que tiene al país paralizado, ayuno de inversión, huérfano de ilusión y absolutamente hastiado. A la derecha, un PP que resiste a duras penas en cabeza, merced a la argamasa que brinda el gobierno, atado a un candidato abrasado con quien nadie quiere entenderse. A la izquierda, un socialismo menguante, sin proyecto, ni líder sólido, ni cohesión interna ni siquiera una idea única de modelo de Estado, enfrentado a una alternativa diabólica, cualquiera de cuyas opciones le aboca a una muerte lenta. En el centro, Ciudadanos, gravemente escaso de banquillo, torpe en la explicación de sus actuaciones, con vocación de bisagra en una nación de banderías donde el cobijo de la secta resulta mucho más atractivo, y desde luego más rentable, que la intemperie del libre albedrío. Y en el extremo populista, el de la charlatanería hueca, los iconos cursis y los bálsamos de Fierabrás, una coalición de comunis- tas encabezados por un salvapatrias tan ávido de poder como carente de fe democrática, que cabalga a lomos de la demagogia a la conquista de un electorado predispuesto a escuchar sus mentiras. Si nos vamos a los programas, otro tanto de lo mismo. En el discurso de la gaviota, miedo, más miedo y promesas reiteradas sobre rebajas de impuestos que en la experiencia pasada se convirtieron en subidas, recién pisada La Moncloa. En el del puño y la rosa, trabajo a cargo del contribuyente; o sea, un nuevo Plan E tan inútil y costoso como el de Zapatero, con el agravante de que habría de ser pasado por el filtro corrector de los protectores de okupas y demás abanderados del cambio En el de los naranjitos, alguna propuesta interesante referida a las clases medias, necesitada, no obstante, de mayor precisión. Y en el de los círculos convertidos en corazones falaces, la luna redentora de pobres a costa de sangrar a los ricos esto es, a quienes ingresen por su trabajo mil quinientos euros al mes. Así empezó Venezuela, y ahora hay cola en los supermercados. Llevamos cerca de dos años en campaña y ya lo hemos oído todo. Los mítines están de más; solo convencen a los convencidos. La cartelería sobra. Las entrevistas serían un elemento esencial si las hicieran periodistas realmente independientes y críticos, cosa harto complicada, dado que los candidatos rechazan ponerse a tiro y algunos, los más poderosos, los (nos) tienen vetados allá donde alcanza su brazo. Los debates, más que aportar información, muestran la habilidad de los candidatos para seducir a la cámara, modalidad en la que impone su dominio el telepredicador de la coleta, que ha pasado largos años entrenándose. En él todo es impostado, artificial, falso. Cada gesto, cada mirada han sido ensayados ante el espejo, precisamente con el propósito de conseguir traspasar la pantalla y hacer llegar sus palabras a quien está al otro lado. Los que conocemos el medio lo detectamos de inmediato. La mayoría de la gente, no. Llevamos ya dos años en campaña y el escepticismo triunfa sobre la esperanza en una sociedad ahíta. Dígannos de una vez los políticos qué están dispuestos a pactar y con quién. Todo lo demás es humo. IGNACIO CAMACHO EL ESTABILIZADOR DESESTABILIZADO Desde una convicción optimista, Podemos ha logrado transmitir al PSOE el estigma de partido perdedor, arrumbado N un país con mayoría sociológica de centro- izquierda, el PSOE ha sido el gran estabilizador de la democracia. Su papel como partido de Estado ha resultado incuestionable más allá del juicio que merezcan sus políticas; fue decisivo en la construcción de las estructuras del bienestar social y en la modernización de España, y durante sus etapas de oposición sostuvo los consensos bipartidistas claves para la estabilidad constitucional. Por eso su crisis actual constituye un inquietante factor de desconfianza; por primera vez en cuarenta años existe riesgo de que la alternativa al reformismo liberal pase de la socialdemocracia moderada al extremismo populista. El Partido Socialista se enfrenta hoy a un problema externo, el de la radicalización de las clases medias que constituían su base electoral, y a dos internos: la falta de proyecto y la de liderazgo. La quiebra del zapaterismo ha producido un monumental desconcierto en sus filas, incapaces de generar líderes solventes para renovar el discurso de una fuerza con aspiraciones de gobierno. El signo más desalentador de la etapa de Pedro Sánchez consiste en que en ningún momento se ha planteado siquiera la posibilidad de vencer al PP en las urnas: toda su estrategia se basa en derribarlo del poder mediante pactos de aislamiento. Ese desistimiento en sus propias posibilidades ha engrandecido a su rival ideológico. Podemos avanza desde una convicción optimista que transmite a sus simpatizantes la fe en la victoria. A base de gestión emocional, Pablo Iglesias ha logrado convencer a muchos ciudadanos de que el PSOE es un partido perdedor, esclerótico y arrumbado. El ya más que posible relevo en la correlación de fuerzas de la izquierda sería una catástrofe para los socialistas y para la democracia, porque Podemos encarna, bajo su edulcorada campaña, un proyecto revanchista de ruptura social y política. Sánchez comete un inmenso error táctico al dar la batalla en el terreno y con las armas de su adversario: mientras más se aproxime a Podemos, más ganará Podemos. El líder socialdemócrata, que ya agrandó a los populistas al entregarles los principales ayuntamientos, está renunciando a un modelo propio y eso lo reduce a un papel subsidiario. Su apelación al voto útil se vuelve inútil al carecer de un mensaje reconocible con el que abrirse paso. Con un PSOE encogido al que sus propios electores no encuentran motivos para votar, el sistema corre peligro de perder un esencial amortiguador político, el muelle moderado sobre el que bascular ante el desgaste del centro- derecha. Para que el mecanismo constitucional funcione sin sobresaltos, la alternativa socialdemócrata necesita un golpe de timón urgente que la desencalle de su progresiva irrelevancia. Y eso empieza por rectificar su errático liderazgo. El estabilizador (o la estabilizadora) que lo estabilice buen estabilizador será. E JM NIETO Fe de ratas