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64 CULTURA DOMINGO, 29 DE MAYO DE 2016 abc. es cultura ABC Carlos Edmundo de Ory y en Agustín García Calvo! ANTONIO COLINAS No me veo reencarnado en ningún escritor de los que ya han fallecido. Difícil me es ahora verme convertido en otro ser que no sea modestamente el que soy; pero siguiendo el juego me ha venido a la cabeza Rainer Maria Rilke. Me gustaría, por unas horas, estar en él para saber de dónde provenía su rigor y fidelidad a la poesía, su afán de humanismo y a la vez de soledad dolorida, su profundo sentido contemplativo, la fusión ideal entre el viaje físico y el viaje interior. Siempre me ha parecido única esta fusión que en Rilke se dio entre poesía y vida. que cuenta con capacidades que tú no tienes... Los orígenes sociales y familiares de Pardo Bazán, noble y aristócrata, son muy diferentes a los míos. También la época que le tocó vivir. Envidio sus viajes, su extraordinaria capacidad para los idiomas y la crítica. Admiro su valentía: ante el escándalo que se montó por La cuestión palpitante no dio ni un solo paso atrás. Admiro también su feminismo avant la lettre, sus reivindicaciones como mujer e intelectual. Me fascina su modo de escribir, me parece valiente el retrato de la aristocracia en Los pazos de Ulloa su literatura rompedora. Y, por último, reencarnándome en ella podría también conocer a Galdós, con quien, como es sabido, mantuvo una larga relación clandestina. tores, actrices y éxitos, esas fiestas después del estreno, ah. Y entre los dramaturgos creo que me quedaría con Arthur Miller. Por la época fascinante que le tocó vivir y sobre todo por Marilyn Monroe. motel, en cualquier parte. Si hubiera sido Jack Kerouac, hubiera conocido a un montón de otros escritores FANTÁSTICOS y me habría asegurado de darle un fuerte abrazo a Richard Brautigan, que rondaba por San Francisco, en la época en la que Kerouac era el Rey de los Beats. queño e inquieto judío galitziano que, desde el primer momento, jamás se dejó engañar. LUISGÉ MARTÍN Voy a hacer una elección irresponsable: Francis Scott Fitzgerald. Sé que llevaré mala vida, una vida atormentada y demente, pero cumpliré el deseo de tener, al límite, ese aliento romántico del escritor bohemio. No desdeño la parte deslumbrante de la biografía de Fitzgerald. No desdeño tampoco menos aún su obra colosal, que me gustará reescribir línea a línea durante mi rencarnación. Pero le elijo sobre todo para sufrir. Para ser un verdadero escritor de los de antes. Para naufragar en la dipsomanía, en el amor tortuoso y en la locura. Para obsesionarme más de lo que estoy con la grotesca marcha de la juventud que creímos perdurable. JUAN GABRIEL VÁSQUEZ Me gustaría reencarnar en Ginés de Pasamonte, escritor inventado por Cide Hamete Benengeli, escritor inventado por Miguel de Cervantes, escritor inventado por Pierre Menard, escritor inventado por Jorge Luis Borges. CARLOS ZANÓN Sería Lord Byron, pero en vez de morir en Missolonghi, por una transmutación espaciotemporal volvería a reencarnarme en John Updike. ¿Se puede eso? Si no es válido, creo que el talento enorme de John Updike y cómo vivió sus días estaría muy bien. ALBERTO OLMOS Me gustaría reencarnarme en uno de esos autores que quemó su obra, o parte de ella, o cuyos criados dieron al fuego sus cuadernos, o cuyas obras se perdieron o nadie llegó a leer nunca, con el único motivo, obviamente, de leer esos textos perdidos; por concretar: me gustaría reencarnarme en Shakespeare para leer Cardenio en su versión original y comprobar cuánto debía de verdad al Quijote. NURIA BARRIOS Tuve una época homérica en la que leía y releía La Ilíada y La Odisea Devoraba todas las versiones que caían en mis manos. Así fue como encontré La canción de Troya de Colleen McCullough. McCullough era una escritora con una imaginación prodigiosa, fértil, obsesiva e intrépida. Tuvo una vida intensa y apasionada: estudió medicina, fue profesora en Yale antes de iniciar su carrera como escritora, vivió en una isla paradisíaca y se casó con el hombre que construyó su casa, al que ella describía como en parte príncipe samoano, en parte devoto marido MERCEDES MONMANY En los años 20 del pasado siglo, Robert Musil publicaría un ensayo Europa desamparada sumamente significativo, si se lee con los ojos de hoy. Musil era uno de aquellos genios sin igual del fenecido Imperio Austrohúngaro, junto a Stefan Zweig, Hermann Broch, Karl Kraus, Arthur Schnitzler y Joseph Roth. Un mundo de la seguridad en el que ellos y otros muchos habían brillado de forma espléndida. El autor de El hombre sin atributos comparaba en aquel texto a los europeos del mundo de ayer con viajeros dormidos en un tren nocturno conducido por peligrosos irresponsables. Visto desde hoy, me produciría una enorme curiosidad haberme reencarnado en alguno de aquellos abatidos talentos paneuropeos. Pero quizá mi preferido sigue siendo siempre el inestable, fantasioso, frágil mitómano y fascinante fabulador de mil historias y avatares de apátridas y desprotegidos como él, que era Joseph Roth. Un pe- JAVIER REVERTE Aunque son mis favoritos, no me gustaría reencarnarme en Cervantes, porque el pobre sufrió mucho y a mí me gusta disfrutar; ni en Shakespeare, porque entonces la gente se lavaba poco en Inglaterra (ahora no mucho más) y yo soy muy limpio. La verdad es que me va bien y me gustaría reencarnarme en mí mismo, con más talento del que tengo y más éxito del que disfruto. Ahora bien: si tuviera que elegir un personaje... ¡sería Ulises! Aunque apestara a cabra. MILENA BUSQUETS Me hubiese gustado reencarnarme en Colette, por su talento absoluto, por su libertad, porque no murió sola. Porque su ambición y su labor de escritora no impidieron que viviese la vida intensamente. Porque me parece que vivía básicamente para la escritura y para el amor, dos asuntos muy exigentes y que a veces se excluyen. Porque hizo siempre lo que le dio la gana en una época en que las mujeres dependían todavía de los hombres. Porque era valiente y guapa. Porque nadie escribe mejor que Colette; leerla es la sorpresa constante, la felicidad absoluta. Porque no se tomaba demasiado en serio, porque le interesaba el sexo, porque era una rebelde. Porque fue la primera mujer en conseguir un funeral PABLO GUTIÉRREZ La vida de un escritor no me parece nada deseable, a lo mejor porque ni soy demasiado aventurero ni deseo una muerte brillante. Si quitamos de la lista a los suicidas, a los tuberculosos y a los represaliados, ya empiezan a quedar pocas opciones. Creo que la mejor serían los dramaturgos, que lo debieron de pasar mejor que nadie entre ac- LAURA FERNÁNDEZ Jack Kerouac. Me atrae sobremanera la idea de viajar, conducir, detenerme en estaciones de servicio, escribir, charlar con otros escritores, en autobuses, en bares, en habitaciones de SARA MESA Emilia Pardo Bazán. Porque si eliges reencarnarte, has de hacerlo en alguien que admiras y