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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA DOMINGO, 29 DE MAYO DE 2016 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO Y AHORA, TEÓLOGO La oscuridad vacía es el signo que delata al pedantuelo STA semana repuse reservas de café en una de esas boutiques Clooney, donde el paripé para venderte unos simples cartuchos de cápsulas parece la ceremonia del té en Buckingham. No es que me maraville ese café, sino pura pereza: se acaba antes dándole a un botón que cebando una cafetera. Al llegar a casa, me percaté de que había metido la zueca al pedir, con demasiados cortados y pocos largos. El error tenía su razón de ser: me atendió un dependiente hípster y se me fue la pinza analizando sus ímprobos esfuerzos con su look. Una manicura de catálogo, con la que no podría mordisquearse una uña ni ante la finalísima de anoche. Su tupé era una curva Zaha Hadid, sostenida por la laca. Corbata fina con pasador al cuello; gemelos chistosillos, con unos gamos pop. Y por supuesto, el gran símbolo: la sacra barba, luenga, fértil y ultracuidada; una escultura de pelo, cuyo mantenimiento debe de obligar al pobre tío a dormir con una redecilla. Es duro ser hípster. Y encima, me temo que empieza a resultar un poco kitsch. Pero la barba no es una moda precisamente nueva. Para los cristianos del siglo II también era el último grito. Tertuliano, que no es un opinólogo de La Sexta, sino uno de los padres de la Iglesia, advertía con contundencia contra el pecaminoso afeitado, por tratarse de una mentira contra nuestras caras y un intento impío de mejorar la obra del Creador Aquellos cristianos primigenios no se andaban con coñas, también condenaban las almohadas, pues el bíblico Jacob había reposado su cabeza sobre una roca. La barba vuelve a ser un uniforme. Pero los nuevos barbados no son tan píos como los de antaño, aunque abunden los profetas laicos. Esta semana, como allí no tienen mayores problemas, los empresarios catalanes preguntaron a Pablo Iglesias si cree en Dios. De entrada saltó la sorpresa: en contra de lo esperado, asumió que no es él. Su respuesta fue la siguiente: Dios es un significante en discusión Aunque la frase resulte birriosa desde el punto de vista teológico, tiene su valor. Por un lado, vuelve a acreditar la empalagosa pedantería del profesor Iglesias Turrión, impropia de sus 37 años. Por otro, desvela una de las tretas de todo intelectual espurio: envolver en oscuridad lo que no es más que gaseosa. Si algo distingue al sabio auténtico es su claridad en la exposición. Algo no encaja cuando David Hume resulta más asequible que Iglesias Turrión. Las meditaciones teológicas por parte de grandes figuras de nuestro progresismo no son nuevas. Guardo como oro en paño una de Rodríguez Zapatero: Estoy en paz con el más allá. No me provoca ninguna angustia. Ni siquiera persigo saber, creo que es un afán vanidoso del ser humano Tres siglos antes, un sabio de verdad, el doctor Johnson, ya le había contestado: Un hombre que no tiene un miedo cerval a la muerte es un cretino No es lo mismo Tertuliano defendiendo la barba que un tertuliano con barba. Tampoco Iglesias Turrión es Olof Palme. Tal vez sea tan solo un significante en disputa. Significante de poca libertad y menos lentejas. Un mal café. Achicoria ideológica despachada en el todo a cien de los platós. Confiemos en el buen paladar de los votantes... E PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI CHANTAJES Resulta imposible competir en demagogia con Iglesias, pero los demás no aprenden LBERT Rivera ha vuelto de Venezuela más o menos horrorizado, como Fernando de los Ríos de su viaje a la Unión Soviética, y recordando que los de Podemos cobraban del difunto Chávez. Ha replicado Pablo Iglesias que, para ser alguien que se opone a la concesión de tarjeta sanitaria a los emigrantes, Rivera se muestra exageradamente tiquismiquis con la situación de los derechos humanos en la patria de los parias de la tierra. Están ya en campaña, como se dice ahora, y es natural que se aticen pellizquitos de monja. Que Rivera recuerde lo obvio no merece mayor comentario. El bolivarismo es antisemita desde su origen, como lo era el peronismo, pero los que auspiciaron el atentado contra la AMIA en Buenos Aires (85 muertos y 300 heridos, el 18 de julio de 1994) fueron otros mecenas del populismo morado, los mismos que financian a los terroristas de Hizbolá y a los que no se puede mencionar porque Obama los ha exonerado de pasadas culpas. Es cierto que los islamistas iraníes y los chavistas venezolanos se llevan estupendamente entre ellos y que comparten judeofobias y negacionismos, pero, a mí, con todo, me parecen más peligrosos para mi seguridad como judío los ayatolás que Maduro con todos sus gorilas. Dicho lo cual, conviene añadir que lo de Rivera puede ser obvio, archisabido y hasta un poco tontín. La glosa de Iglesias mezcla en parecidas dosis cinismo e infamia, pero lo hace con algo más de in- A teligencia (lo que no implica que se le deba aplaudir) Iglesias le da a probar a Rivera su propio aceite de hígado de bacalao, es decir, la pretensión de superioridad moral que el de Ciudadanos restregó por los morros al resto del personal hace dos semanas, cuando denegó la condición de europeo a quienes no ayudaran a los refugiados. Por la boca muere el bacalao y hasta el abadejo o truchuela, pescados socialdemócratas. Iglesias, que va de piraña, maneja con algo más de astucia la retorsión dialéctica. ¿Debe concederse tarjeta sanitaria a los emigrantes? Depende de a quiénes y, sobre todo, de a cuántos. En épocas de inmigración masiva y caótica es el medio más eficaz para cargarte la sanidad pública y lo que quede de Estado asistencial. Eso lo sabe Iglesias perfectamente. Como afirma uno de sus autores favoritos, el neocomunista Zizek (Slavoj) abogar por la acogida indiscriminada a los refugiados es hipocresía de la peor especie. Quienes lo hacen, sostiene Zizek, juegan a almas bellas, sintiéndose superiores al mundo corrupto mientras participan secretamente en él, pues lo necesitan como el único terreno en el que pueden ejercer su superioridad moral Por eso su exigencia de solidaridad radical con la famélica legión es mera cháchara, porque intuyen que el paso del dicho al hecho, como dice Zizek, suscitaría una revuelta popular en toda Europa. Una sangrienta revuelta que terminaría con el viejo, sucio y querido mundo donde pueden medrar chantajeando a buenistas, logreros o simplemente cobardes. Desde ese punto de vista, el cardumen socialdemócrata estará siempre en inferioridad de condiciones ante la demagogia de la extrema izquierda o del secesionismo. La argucia de Iglesias estriba en que su argumento, el de Ciudadanos y la tarjeta sanitaria, será una memez, pero es de las que obligan a dar explicaciones farragosas que ningún buenista quiere oír, ni los de tu club. Me recuerda a lo que pasaba en la dulce Euskadi. Cada vez que los socialistas sostenían que los vascos no nacionalistas eran más que los nacionalistas, los del PNV replicaban: Allá ellos (los socialistas) si quieren sumar sus votos con los de los fachas Y los socialistas callaban mientras el PNV sumaba los suyos con los de ETA Batasuna.