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8 ENFOQUE El Madrid levanta la undécima en Milán DOMINGO, 29 DE MAYO DE 2016 abc. es ABC Aficionados del Madrid y del Atlético posan juntos en el centro de Milán antes del comienzo del partido IGNACIO GIL Madrid y Atleti, cara a cara Los dos impostores LUIS DEL VAL Kipling nos advirtió de que el triunfo y la derrota son dos impostores, pero en el poema If... no había espacio para explicarnos que los impostores, hasta que se descubre que lo son, causan el mismo daño e idéntico placer que si no lo fueran. Y creo que fue Amado Nervo quien dejó escrita la justificación de las aflicciones subjetivas: Lo que me duele tiene importancia, puesto que me duele En realidad, intentar medir las emociones que se producen en cada alma a través de argumentos objetivos es de una soberbia descomunal, que sólo sería posible si todos los hombres fuéramos iguales. Y somos diferentes. Y esa diferencia, encima, nos produce incomprensión sobre la diferencia de los demás. El forofo del Real Madrid se queda estupefacto de que alguien puede ser seguidor del Atlético de Madrid, y este considera incomprensible que se pueda ser admirador del Real Madrid, claro que esto se exagera hasta la hipérbole, porque la rivalidad también viene a ser una impostura perpetuada y alimentada hasta la caricatura, como esos amigos, o ese padre e hijo, que mantienen su devoción por colores diferentes. De las fotos de esta hegemonía española en el fútbol europeo, siempre me han gustado más las de las vísperas que las del reparto de derrotas y victorias, de la misma manera que en las novelas policiacas siempre es más interesante la intriga de la exposición que el descubrimiento de que el mayordomo era el asesino. Porque es en las vísperas donde a la pasión se une la inteligencia de la ironía, y todos pueden permitirse cierto distanciamiento, ayudados por la esperanza. Luego, ya no, y durante las primeras horas que siguen al resultado hay un abismo insalvable entre el alborozo y la decepción. Es el momento, pues, de recrearnos en los ilusionados preludios, cuando todo era posible y nada resultaba definitivo. Cuando la fraternidad con el contrincante era un juego y un desafío, un reto y una complicidad; cuando el futuro es un terreno sin explorar donde todos saben que hay un tesoro. Cuando lo que separa no es tanto, comparado con el anhelo compartido, porque nadie comprende mejor a un rival que el otro, puesto que son comunes los afanes, las desfallescencias y la recuperación del aliento. Que la tarea definitiva, además, deba ser llevada a cabo por unos pocos representantes poco más de una treintena de individuos en los que se delega la responsabilidad convierte la ceremonia en un hecho tan barroco que resulta inextricable explicar lo de los dos impostores. Y si lo logras, el vencedor creerá que es una excusa de vencido. DEPORTES