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ABC SÁBADO, 28 DE MAYO DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 15 to, redes sociales tanto Twitter como Facebook o la revista municipal no tienen ni una sola palabra en la lengua que hablamos la mitad de los leridanos, lo que demuestra una falta de sensibilidad no solo lingüística, sino también social y democrática. Una institución debería respetar los derechos lingüísticos de los hablantes de ambas lenguas oficiales, y no solo los de una de ellas. Los castellanohablantes tenemos las mismas obligaciones y pagamos los mismos impuestos que los catalanohablantes. No entendemos por qué se nos trata como ciudadanos de segunda. MIGUEL TORRES LÉRIDA TRIBUNA ABIERTA BLASFEMIA POR JEAN PALETTE- CAZAJUS Matamos el toro para significar que la frontera entre hombres y animales debe mantenerse sagrada, infranqueable, para que el hombre no se entumezca ya definitivamente en el sopor donde vienen diluyéndose su identidad y su ética recolectores. Con un modo de pensar, el animismo que hacía del animal alguien físicamente distinto pero interiormente parecido a nosotros. Nuestras neuronas siguen siendo las de los cazadores recolectores. Esta es la inercia evolutiva que nos sigue impeliendo a creer antes que a saber. Seguimos creyendo que a nuestro perrito solo le falta hablar para ser una persona. ¡Es tanto lo que le falta! Precisamente es la presión acumulativa de los contenidos conscientes la que ha ido generando la densidad fonológica y semántica de nuestro big bang expresivo. La riqueza y la complejidad de cada código lingüístico revelan la riqueza y la complejidad de los correspondientes contenidos de conciencia. No busquemos indecentes semejanzas en el bramido del toro. Alrededor de 200.000 escasos éramos los europeos hace 9.000 años. Los animales que nos rodeaban multiplicaban esa cifra por miles. Hoy andamos por los 7.500.000.000. ¡Cifra aberrante! ¡Solo provisional! Para tener valor, como el oro, el hombre debe escasear. ¡Nadie compadece a quien sobra! La proporción se ha invertido. Las poblaciones animales hablo de las llamadas salvajes las otras son productos industriales se cuentan a veces en pocas decenas de ejemplares. Absurda paradoja en que el animalismo viene a ocupar el espacio virtual de la fauna que hemos ido exterminando Nuestro barrio de desgracia Somos miles de españoles los que tenemos nuestro pequeño banco expropiado del barrio de Gracia, pared con pared. Un día llegaron, rompieron la puerta de la casa de al lado y comenzó nuestro infierno. Ruidos insoportables, delitos, robo de electricidad y acumulación de basura que arrojan en cualquier sitio. Nos han robado nuestra vida y nuestros ahorros, invertidos en una casa que, a día de hoy, no podríamos vender porque no la compraría nadie, y todavía nos llaman burgueses Aleccionados por el movimiento okupa, siguen sus normas, como en una secta. A los políticos les aconsejo que le echen un vistazo a la página okupatutambién y que aprendan un poco cómo gestionar determinadas acciones. Ellos son mucho más rigurosos y operativos que ustedes, y por el camino nos rompen la vida a los demás, que tenemos que ver cómo la Policía no actúa porque dicen los ampara la ley. No sé si es la misma ley por la que se multa a quien planta su sombrilla a primera hora en la playa de Torrevieja y luego se va a tomar unos churros, o es otra diferente. Los delitos son delitos, y la Policía, que pagamos con nuestros impuestos, está para defendernos de los delincuentes que nunca los han pagado. Claro que todo esto salta porque sucede en el barrio de Gracia, corazón de Barcelona, y no en Móstoles o en La Navata, como es nuestro caso. MARÍA CONCEPCIÓN BRAVO Y SESENTA VECINOS MÁS GALAPAGAR (MADRID) O Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. S dieron a elegir entre el deshonor y la guerra, elegisteis el deshonor y tendréis la guerra Muchos aficionados y críticos de toros se desviven por mostrar que la corrida de toros nada tiene que ver con la supuesta barbarie del Toro de la Vega. A buen seguro, desconocen la frase con que Winston Churchill, en 1938, calificó a quienes se acoquinaron en Múnich. ¿Quién puede creer un solo segundo que, muerto definitivamente el Toro de la Vega, la corrida formal se vaya a librar de la inquina animalista A los zoófilos les mueve, creen ellos, la compasión. Es un valor y un sentimiento esencial. Rousseau dedicó páginas esenciales al tema, en parte para ponernos en guardia contra su deriva frecuente hacia la ponzoña de la autocompasión. ¡Qué mejor muestra que el voluptuoso dolorismo en que se revuelcan los animalistas! Como el piloto a punto de estrellarse, ya no ven la línea del horizonte, moral en su caso. Ciertamente, no hay moral sin compasión, pero la sola compasión nunca genera una ética. Exclusivamente regida por ella, la sociedad sería irracional, inviable y arbitraria. Es la razón la que funda la ética, sin demagogia, con dudas e incertidumbre. La impostura fundamental de los animalistas es la homologación de la conciencia humana al mundo animal. No tendríamos que lidiar con semejante perversión si asumiéramos las fulgurantes avanzadas de las neurociencias. La conciencia, sencillamente, no existe. Dios y la conciencia son una misma hipóstasis soñada por nuestra precariedad. El ser humano adosado a su genealogía celular y genética solo alcanza la ilusión de la conciencia. La única realidad son los particulares contenidos conscientes cuya complejidad entre nosotros es producto de un tipo de emergencia irreferible a ninguna otra especie. Dos de ellos, la conciencia del tiempo y su corolario, la conciencia de la muerte, son exclusivamente humanos. Son absolutas singularidades que una imprevisible presión evolutiva fue engendrando al hilo de nuestra irrepetible historia. Bellamente lo dijo Lessing: Con el hombre la naturaleza abre los ojos y se da cuenta de que existe Sin el hombre el mundo es mudo, ciego, solitario y yerto. Pierde todo sentido. Nos hemos ido autoinventando lentamente y de forma tan azarosa que nos hemos vuelto incomprensibles para nosotros mismos. Quaestio mihi factus sum lo resumía san Agustín. Hoy, nuestra conciencia occidental de la muerte es coqueta, amanerada e hiperestésica y halla la tragedia en el Toro de la Vega. Pero, para otros, matar complace a Dios y abre las puertas de la verdadera vida. El sacrificio del toro pone las cosas en su sitio: no hay tragedia más allá ni más acá de la humana condición. Durante cientos de miles de años fuimos cazadores PIEDRA con nuestra proliferación bacteriana. Definitivamente, estos ejemplares residuales son pets. ¡Patética voz! Perros, leones y toros solo son mascotas, entretenimiento televisivo, peluches vivos para emociones tan necias como ególatras. La perversión animalista dibuja el contorno de una humanidad exorbitante, infantilizada y crepuscular donde la muerte es el convidado de piedra. Matamos el toro para significar que la frontera entre hombres y animales debe mantenerse sagrada, infranqueable, para que el hombre no se entumezca ya definitivamente en el sopor donde vienen diluyéndose su identidad y su ética. Nadie dice que lo del Toro de la Vega esté bien. No, no está bien. Porque nada recto, suspiraba Kant, se puede construir con el tronco torcido de la humanidad. Pero el Toro de la Vega ni es un crimen ni es barbarie. El crimen es humano, es cotidiano, es omnipresente y rutinario. El Toro de la Vega es solo una incómoda blasfemia anual. Y creo que la blasfemia es un inalterable derecho del hombre libre y lúcido, no un catálogo de buenos modales. JEAN PALETTE- CAZAJUS ES FILÓSOFO FRANCO- ESPAÑOL