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ABC SÁBADO, 28 DE MAYO DE 2016 abc. es ENFOQUE 5 Los ediles de la CUP María José Lecha y Josep Garganté su camiseta luce las siglas A. C. A. B. Ada Colau, Alcaldesa de Barcelona que coinciden con el lema antisistema Todos los Policías Son Bastardos en inglés ayer en el pleno del Ayuntamiento barcelonés EFE La Barcelona de Ada Colau Falló la democracia SALVADOR SOSTRES No ganaron haciendo trampas: ni la CUP, ni Podemos ni Ada Colau. Hace tiempo que España tiene que revisar la máxima de que los votantes nunca se equivocan; y la clase política en general tendría que recuperar su liderazgo y su inspiración para decir la verdad y hacerla inteligible en lugar de este pueril y pernicioso darle la razón a la turba, y apelar a sus bajas pasiones para contentarla. Ada Colau, el tal Josep Garganté, que aparece en la fotografía con su ridícula camiseta, o el mismo Pablo Iglesias son los menos culpables de esta rueda trágica. La culpa es de una sociedad inmadura que prefiere mensajes cada vez más simples y falsarios, y la culpa es de una clase política tradicional que en lugar de liderar se ha dedicado a reírles las gracias a los vándalos, y hasta a pagárselas, como hizo el exalcalde de Barcelona Xavier Trias con los okupas que hoy tienen en estado de sitio al barrio de Gracia. El triunfo de esta gente es el gran fracaso de la democracia. De los representantes y de los representados. De la cobardía de estos líderes de Tercera Regional y de la inconsistencia de unos votantes que, de tanto tenerlo todo regalado, ni valoran nada, ni creen en nada ni respetan a nadie. Nuestro paradigma es de una gran mediocridad y la gran crisis no fue económica, sino moral. El populismo no ha hecho más que ocupar el espacio vacío que por holgazanería y vulgaridad ha dejado la Civilización. Sin Xavier Trias no habríamos conocido a Ada Colau. Sin Artur Mas la CUP nunca habría llegado al Parlament, ni mucho menos a cortarle la cabeza a un president. Sin Zapatero, Pablo Iglesias estaría fumando en el bar de la facultad. Y con unos votantes un poco más inteligentes, y un poco menos arrogantes, los del container incendiado no estarían en las instituciones, sino en la fila de los sospechosos habituales. ESPAÑA