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ABC DOMINGO, 22 DE MAYO DE 2016 abc. es conocer SOCIEDAD 69 apenas tiene voz JOSÉ FRANCISCO SERRANO OCEJA UN PACTO CON LA JERARQUÍA La instrumentalización del cristianismo pasa siempre por su reduccionismo E La misión es lograr empleo Manipulado, plastificación, servicios de marketing y recursos humanos: jóvenes preparados desarrollan quehaceres por los que perciben un sueldo. REPORTAJE GRÁFICO: ERNESTO AGUDO l populismo no tiene escrúpulos políticos, sociales, filosóficos ni teológicos. No hace mucho tiempo se presentó un catecismo sinóptico de las ideas y creencias inspiradoras de Podemos, prologado por Luis Alegre, con el título En defensa del populismo Su autor es uno de los susurradores de cabecera de esa marea, Carlos Fernández Liria, profesor de Filosofía de la Complutense. Entre grandilocuentes soflamas dedicadas a la ideología, a la necesidad del populismo, a la verdad, a la justicia y al sexo, nos topamos con un extenso apartado sobre Razón y cristianismo ¿Quién dijo que la religión, el cristianismo, era el opio del pueblo? ¿Quién que había que limitar su dimensión pública y reducirla a la vida privada? Sorpresa tras sorpresa, he aquí al- gunas tesis literales de ese capítulo: el cristianismo es un patrimonio que la izquierda le ha regalado a su enemigo; que Jesús sea el logos hecho carne significa un pacto originario con cualquier forma de Ilustración, una manera en la que la razón le ha prestado toda la energía a la religión; hay que potenciar la receptividad politeísta del cristianismo y hay que reconocer que, comparados con el catolicismo, los modernos populismos son unos aprendices. Por cierto, el paradigma que propone es Hugo Chávez levantado en una mano la Constitución bolivariana y en la otra el crucifijo. La teología de la liberación, su teología de cabecera. Nos advierte incluso de que la izquierda no puede renunciar al laicismo, pero no puede inventar la realidad. Pero lo más llamativo es el conjunto de afirmaciones destinadas a reivindicar lo que Gramsci admiraba de la Iglesia, su organización. Y, por tanto, la consigna: hay que plantar cara insiste nuestro autor en el interior mismo de la Iglesia y no desentenderse respecto a una alianza con las altas jerarquías católicas en ese campo de batalla ¿Hoy, en España? Ya sabemos qué pretenden. Imaginemos que alguien, con buena voluntad, firma el acuse de recibo. Convendría dejar a Dios ser Dios, y al cristianismo, cristianismo. La instrumentalización del cristianismo pasa siempre por su reduccionismo. Otra cuestión son las personas y las conciencias. Y yo tampoco juzgo. vales y el servicio de catering en bandejas de los aviones se elabora con un mimo sorprendente por parte de una singular cadena de montaje que separa las bolsitas del té de la manzanilla como si fuera la vida en ello. Y, en parte, la realización y el ingreso mensual que cobrarán por hacerlo sí hacen que les vaya mucho en ello. En el recorrido por las instalaciones adaptadas nos guía Amparo. Cada muchacho del centro la saluda por su nombre con un cariño forjado a través de cincuenta años por estos pasillos. Ella y su marido los conocen, uno a uno, y reconocen sus trayectorias vitales. Les han visto casarse, separarse y tener hijos; también han asistido desde las primeras butacas a la regeneración de chicos conflictivos, e incluso algún delincuente, en personas realizadas. Hay dos trabas, resumen los creadores de esta organización: Lo difícil y lo bonito a la vez es dar con la situación anímica que tiene cada cha- val, porque la tienes que ir averiguando. Luego, están las familias que los superprotegen... Aquí entran al centro de día y empiezan por separar formas de colores, porque muchos no saben ni leer ni se expresan, en los grados más profundos El empleo les hace sentirse útiles porque saben que a su gesto de colocar una manzanilla en una bandeja continuará el siguiente con otro sobrecito desgrana Amparo. El auténtico milagro en este lu- gar es verles salir por la puerta convertidos en jardineros, reponedores y conserjes, replica Luis Arroyo. Bajo los mandos de Nuria, la profesora, una decena de jóvenes asisten a un curso para ser azafatos o recepcionistas. Sus alumnos alegan que lo que nunca se permitirán cuando salgan ahí afuera a ponerse frente al público es perder la sonrisa La sonrisa... ¡nuestra diferencia! se lee en una pared del aula. Diez rostros nos miran, responden y no dejan de sonreír.