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ABC VIERNES, 6 DE MAYO DE 2016 abc. es ABCdelOCIO 65 C ine Christian Carion Nacionalismo es egoísmo Mayo de 1940 la nueva película de Christian Carion, es un canto a la libertad ANDRÉS CASTAÑO Con la guerra en los talones MAYO DE 1940 Dirección: Christian Carion. Con: August Diehl, Olivier Gourmet, Mathilde Seigner, Alice Isaaz OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE E n Mayo de 1940 se narra la historia del éxodo de los habitantes de un pueblo del norte de Francia al inicio de la Segunda Guerra Mundial. En esa fecha ocho millones de franceses huían de la guerra y la ocupación nazi. Es mi película más personal porque es la historia de mi madre. Quería hacerla para que mi madre, de 90 años, la pudiera ver. Su testimonio está en la película por todas partes: el caballo que se llama Hitler, su abuelo era el alcalde del pueblo, la anécdota de lle Sueño varse la estatua de la Marianne o las reuniones del concon una sejo municipal que se haEuropa de la ABC Una escena del filme de Carion cían en los campos gente, que reconoce Christian Carion, comparta director de la película, en una cosas ponibles, abiertos, y somos egoísmo. Como decía François Mitteconversación en una terraza curiosos, nos enriquecemos de rrand, el nacionalismo es la guerra del centro de Madrid. muchas cosas asevera Carion. El tíAl terminar nuestra conversación, La Europa soñada tulo en francés viene de un refrán po- agradable, cercana, cargada de memo ¿Otra película más sobre la Guerra pular: En mai, fais ce qu il te plaît ria y presente y de princiMundial? No. Es un alegato a los vín- En mayo haz lo que te plazca cuen- pios, Carion confiesa: culos, a la familia, a la unión y a la uni- ta con un gran reparto (excelentes Oli- Soy un humanista. dad, a la mujer... Puede considerarse vier Gourmet y Mathilde Seigneur) y Creo en la civilización un canto a la libertad pero también a con la banda sonora de Ennio Morri- y en el poder de transla fraternidad. La escena en la que es- cone, que escribió la música pensan- formación. Pero creo tán el alemán, el escocés y el francés do en el pueblo en las carreteras que que esta sociedad está bebiendo un vino Petrus. Esa es la Eu- busca la libertad desencantada, ya no Nuestra época de nuevos naciona- cree en nada Todo ropa con la que sueño. Una Europa de la gente, que comparte cosas de la vida. lismos nos recuerda el ascenso en los ello dicho con un Que vive en comunidad. Aprendemos años treinta del nacionalsocialismo, resquicio de essiempre muchas cosas del otro. Si nos Carion considera que el nacionalis- peranza en su damos la oportunidad, estamos dis- mo es encerrarse en sí mismo, es el mirada. L a dedicatoria del director, Christian Carion, a su madre compulsa el contacto con la realidad de lo que va a contar, esa sensación de pérdida de tierra bajo los pies cuando se huye de un lugar por los efectos de una guerra. El lugar es la Francia en pleno avance de las tropas alemanas durante la segunda guerra mundial, y los protagonistas son un padre y un hijo que ya habían huido de Alemania con esa urgencia de quien ve la guadaña en movimiento. Aunque la trama tiene la horma del cine bélico, con el avance de las tropas de ocupación y la huida de la población civil, el director introduce en paralelo los dos puntos de vista complementarios para contarla, la adulta y voluntariosa del padre y la ingenua y reflexiva del hijo, revistiendo lo que es una intriga de búsqueda y supervivencia en ese tejido común a todos los pueblos y sociedades cuando han de compaginar el éxodo, la lucha y la idea de defender vida y hacienda. Hay más humanismo que espectacularidad, y más ficción previsible que historia real, pero tiene su punto de actualidad en esta Europa que duda entre refugiar y refugiarse. Tragedia sin palabras THE TRIBE Dirección: Miroslav Slaboshpitsky. Con: Grigory Fesenko, Yana Novikova O. RODRÍGUEZ MARCHANTE P elícula con varias cualidades, aunque ninguna de ellas sea la complicidad con el espectador, que se removerá en su butaca como una corteza en la boca de un octogenario. Incómoda esencialmente por su lenguaje cinematográfico al bies, pues viene a narrar con imágenes exclusivamente la peripecia en un joven sordomudo tras su entrada en un internado especial para sordomudos, con lo que el abundante diálogo entre los personajes se resume en una agitación de manos, brazos y cuerpos sin que suene más cosa que la escasez de ruido ambiente. Y al ser película ucra- niana, la vemos tal cual, en original, sin doblaje ni subtítulos. Aún tiene otra peculiaridad su lenguaje narrativo, el elegido por su director, traducido en una cámara lejana, fría, más obsesionada en la secuencia que en el plano y sin el menor interés por la elipsis, con lo que uno se come el largo de los pasillos paso a paso, las idas, las vueltas, todo lo esencial y lo desechable de las escenas y cada uno de los minutos, largos, de las zonas más desagradables, como el aborto exprés, la violencia acumulada y hasta la cola de la inmigración. La historia, de no estar contada así, sería como tantas otras: un joven se une a una banda de delincuentes cutres y se enamora de una de las chicas que el jefe extorsiona y prostituye. Carne de tragedia, pues, pero más para gozo del crítico que del público. El sendero que se bifurca AHORA SÍ, ANTES NO Dirección: Hong Sang- soo. Con Jeong Jae- yeong, Kim Min- heean ANTONIO WEINRICHTER E l coreano Hong forma parte del exclusivo canon de directores festivaleros, por lo que para el cinéfilo no profesional, como por ejemplo el lector de esta reseña, puede ser esta la primera película suya que vea. Le haría falta saber que todos sus filmes se parecen mucho entre sí en el tipo de historias que cuentan hombres que establecen relaciones con mujeres y en la forma de contarlas: sin estridencias dramáticas, a través de largas conversaciones observadas por una cámara ligeramente distanciada (aunque a veces incurra en algún zoom más o menos grosero) Esto último ha hecho que al crítico occidental le salga compararle con Rohmer o con Allen. Lo de nuestro antiguo compinche de Manhattan no lo vemos claro, pese a que tenga un título similar a este Melinda Melinda Quiero decir que aquí Hong propone un juego narrativo que complacería a Barthes y a Eco, y convierte al espectador en un lector in fabula: contar una misma relación incipiente dos veces, lo que convierte a cada una en una versión condicional de la otra: Y si hubiera dicho esto, en vez de aquello... El juego genera suspense, al hacernos evocar si el destino puede reescribirse... o al menos arreglarse una mala noche.