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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA VIERNES, 6 DE MAYO DE 2016 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU EL CLUB BARTLEBY La pereza de Rajoy tiene un valor político en estos tiempos en los que hay demasiada gente con un sobrante de energía que no sabe cómo canalizar E XISTE una fraternidad de los perezosos. Estuvo a punto de cohesionarse, como en un club del estilo del Diógenes de Conan Doyle, alrededor del personaje de Bartleby. No se logró por pereza. Con el furor que hace en Madrid la moda de los clubes British con gran gozo me habría apuntado a un club Bartleby para perezosos caracterizado por la entrega a todos los socios de una campanilla con la que reclamar el auxilio de un mozo cuando, repantigado uno en un butacón Chester, el periódico se desliza hasta el suelo y da pereza agacharse a recogerlo. No sabría qué hacer si también se cayera la campanilla, qué horror. Al club Bartleby permitiría ingresar a cualquiera que haya espaciado el instante de ponerse a hacer los deberes con hazañas del autoengaño como: Venga, terminan los teleñecos y me pongo. Venga, termina el telediario y me pongo. Venga, termina la carta de ajuste y me pongo. Uy, qué tarde, ya no me pongo En el club Bartleby, por supuesto, nombraría presidente de honor a ese Mariano Rajoy que preferiría no hacer los debates. Que preferiría no ir a los desfiles porque son un coñazo Que, de hecho, preferiría no hacer nada, en una economía de la energía vital comparable a la de las criaturas de hábitats desérticos que hasta reducen el ritmo cardiaco y la respiración a frecuencias colindantes con la muerte y permanecen estáticas durante semanas. Caray, al escribir esto me estaba acordando del sexo con una novia que tuve. Poco tiempo. No pretendo hacer un reproche de la pereza de Rajoy. Para empezar, porque eso y la resignación a no poder llevar la vida amorosa de un presidente francés son las dos cosas que me hacen sentir identificado con él. Van relacionadas, por cierto: el adulterio da pereza. Como los simposios y paridas así los bolos de la orquesta de pueblo del todólogo que siempre prefiero no hacer. Pero la pereza de Rajoy tiene un valor político en estos tiempos de mesianismo revolucionario en los que hay demasiada gente con un sobrante de energía que no sabe cómo canalizar. Cuánto más agradable habría sido la vida en la Europa de las décadas 30 40 de haber sido Hitler un vago redomado varado en una cervecería. Pero al hombre no le daba pereza nada, ni perseguir destinos colectivos, y ahí tienen el resultado. No quiero trazar analogías. Pero a este momento español le sobran propósitos refundadores, providenciales y proféticos que se han arrogado personajes que al menos querríamos más modestos, ya que perezosos no son. La nueva política está llena de imperativos cuartelarios: ¡En pie! ¡Rebélate! ¡Indígnate! ¿Son conscientes de lo molestos que resultan esos gritos horrísonos, ya escuchados antes en Europa, cuando se nos cuelan por las ventanas abiertas del club Bartleby y por mucho que tocamos la campanilla no acude un mozo a cerrarlas? Vindico la pereza de la Europa pos- 45, ya extinguida, libre de tentaciones utópicas y de profetas oportunistas, donde la política debía ser sólo una perezosa rutina de gestión del bienestar. MONTECASSINO HERMANN LA CAPITULACIÓN COMO OFENSA Hace décadas que la derecha entregó la educación a los nacionalismos, en la ridícula suposición de que podría vivir al margen de la peste ideológica O ha hecho falta esperar a que llegara al poder el Frente Popular. Cuando llegue lo que vista la energía y convicción de sus adversarios será pronto ya permitirá que cada región hasta ahora española se dedique a la fabulación de toda una nueva leyenda mágica como pasado propio. Y haga desaparecer los molestos rastros de la milenaria historia de la nación española. Pero de momento, sin tener el poder central, las fuerzas izquierdistas y separatistas no dejan de avanzar y conquistar posiciones fundamentales en la batalla de las ideas y en su ofensiva por consumar la reescritura falsificadora de la historia. Ahora han logrado otro paso capital: que las fuerzas que se pretendían defensoras de la Constitución, de la Nación española y su legado histórico abdiquen definitivamente de su compromiso en la lucha ideológica por las mentes y los corazones de las generaciones jóvenes. El Gobierno renuncia a todo intento de unificación de criterios y contenidos en la educación de los niños y jóvenes españoles. Y asiste al desacato generalizado de las autonomías en materia de educación con la misma pasividad que a la desobediencia sistemática y el desprecio al Estado de unas instituciones que su política mejor dicho, su falta de política y la complicidad socialista han dejado en manos N de comunistas y ultras separatistas. El presidente del Gobierno y su equipo abandonan, sin lucha, sin esfuerzo, con perfecta indiferencia, una tras otra, todas las plazas en las que debía ser defendido el proyecto nacional de reconstrucción y rehabilitación para una España fuerte, abierta y normalizada en el siglo XXI. Es la capitulación de toda idea nacional como una ofensa sistemática, más allá de su electorado, a una Nación que exigía y merecía ser defendida. Si esa abdicación ya la había hecho el PSOE, el PP ha cumplido esa máxima de que la derecha española emula lo peor de la izquierda, siempre con retraso. La única idea que defiende ya es la supervivencia, cueste lo que cueste, duela lo que duela, de su jefe Mariano Rajoy y quienes le rodean. Por eso tratan con desprecio a todos menos a los enemigos del Estado, a esos que deben cumplir la función de asustar lo suficiente a la maltratada clase media como para convencerla de votar, nariz tapada o vergüenza confesa, a lo que presentan como única alternativa al caos y a la destrucción de España. Tan creíble han querido hacer el fantasma de la destrucción que este está mucho más vivo que el propio Gobierno. Hace décadas que la derecha entregó la educación pública y la hegemonía cultural a la izquierda y a los nacionalismos, en la ridícula y egoísta suposición de que podría vivir al margen de la peste ideológica del resentimiento social y el victimismo tribal. La cúpula del PP, atenazada por la mala conciencia y por temores a un poder mediático entregado a los enemigos por cálculos torticeros e inconfesables, huye ahora de todo conflicto. Y busca abrazarse a lo que sea para salvar al soldado Rajoy, ya sea Ciudadanos, PSOE o a un pedazo de este, si logran romperlo, que es posible. Pero todos huyen del PP hacia la izquierda. Y el PP de Rajoy detrás. Así queda en un rincón, ignorada, marginada y apestada, la idea de renovación e integridad nacional, del retorno del imperio de la ley y la unidad en defensa de la libertad y el bienestar frente a las amenazas extremistas destructivas y sus mentiras. Millones de españoles políticamente huérfanos se debaten entre la rabia y el miedo. Y al Gobierno lo único que parece interesarle es que lleguen al 26- J lo bastante asustados como para pensar que todo lo demás es peor que Mariano.