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ABC JUEVES, 7 DE ABRIL DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL CONTRAPUNTO UNA RAYA EN EL AGUA ISABEL SAN SEBASTIÁN CON PODEMOS, NI A HEREDAR El acuerdo C s- PSOE pretendía sumar al PP a una coalición constitucionalista, no servir de base a un Frente Popular blando EDRO Sánchez tiene muy buenas razones para querer blanquear su acuerdo de Gobierno con Iglesias metiendo en él a Rivera en calidad de coartada o elemento legitimador. Podemos no es una fuerza democrática al uso, homologable al PSOE o incluso a Izquierda Unida. No defiende posiciones ideológicas compatibles con el pluralismo. Ni siquiera se molesta en disimular su verdadera naturaleza levantando la voz para condenar la persecución implacable que sufre la oposición en Venezuela o en Cuba. Podemos no cree en la libertad. Tampoco en las reglas del juego vigentes en nuestro Estado de Derecho, si bien ha demostrado auténtica maestría burlándolas a través de la fundación CEPS o las espectacularmente bien retribuidas asesorías de Monedero, fuente de millonarios recursos procedentes del régimen chavista. Podemos es un socio difícilmente presentable en sociedad, por más que sus diputados resulten indispensables para conducir al líder del PSOE hasta la Moncloa. Él lo sabe, lo saben sus barones algunos de sus votantes (seguramente una minoría) y lo sabe también Ciudadanos, que por ello niega de plano la posibilidad de compartir cama con el partido de los círculos. Vamos, que rechaza sin ambages prestarse a ese ménage a trois P Pedro Sánchez ha demostrado ser astuto. Su opción número uno era desde el principio lograr la investidura con el apoyo de los naranjitos y la abstención de los podemitas, o viceversa, escenario que llegó a vislumbrar hace unos días. En el entorno de Rivera había quien se dejaba seducir por la posibilidad de tocar poder sin más peaje que la aceptación graciosa de la venia morada, y entre los de Iglesias algunos nombres destacados abogaban por facilitar la formación de ese Ejecutivo, tan frágil como dependiente de su voluntad. Seguramente el ala dura del partido habría acabado imponiendo el criterio de exigir poltronas a cambio de votos, pero la posibilidad estuvo ahí, al alcance de la mano socialista. La aparición de los documentos publicados por ABC, que dejan al aire vergüenzas inconfesables referidas a la financiación de Podemos, así como la influencia decisiva de los integrantes más solventes del grupo de Ciudadanos, parecen haber devuelto las aguas a su cauce natural. El cauce trazado en los términos del acuerdo suscrito con el PSOE, cuyo propósito era obligar al PP a sumarse a una gran coalición de fuerzas constitucionalistas y nunca servir de base a un Frente Popular blando como el que persigue Sánchez. Dicho de otro modo; que con Podemos uno no puede ir ni a heredar, ya sea absteniéndose para dejar ser vicepresidente a Iglesias, ya sea aceptando el apoyo expreso o tácito de sus representantes en el Congreso. ¡Ni a heredar! Pedro Sánchez es ambicioso. Bloqueada su vía preferida de acceso al puesto de mando, que ya ha saltado por los aires y esta tarde, probablemente, rubricará su defunción, no es aventurado augurar que recurrirá al plan b del frente duro. Esto es, que dirá adiós Ciudadanos y abrazará sin pudor a Iglesias, previo cálculo del tiempo destinado a impedir que la sensatez persistente en el PSOE se encargue de frustrar la estrategia. Tengo para mí que no se reunió en secreto con Junqueras para hablar del cambio climático. Me dicen que el PNV ya tiene comprometido su respaldo al matrimonio, en caso de que se consume. Quien tuvo la brillante idea de alimentar a Podemos a costa de ignorar sus desmanes, con tal de dividir a la izquierda, puede estar hoy orgulloso a de su gran sagacidad política. IGNACIO CAMACHO LA CAMPAÑA PERPETUA La nueva política consiste en una campaña permanente. El debate dialéctico ha sido suplantado por el fraseológico A política española vive en campaña electoral. Pero no tanto porque vaya a haber nuevas elecciones, que es bastante posible, sino porque partidos y líderes se han acostumbrado a un discurso de neto carácter electoralista. La simplificación del lenguaje político, su twitterización en banales píldoras retóricas y consignas creadas en laboratorios de frases, conduce a la campaña perpetua; igual que la transformación del Congreso en un estudio de televisión conduce al espectáculo perpetuo. Las nuevas organizaciones son plataformas diseñadas para la captación del voto y tienen déficit de adaptación a los escenarios de normalidad porque miden sus decisiones en relación con su impacto demoscópico. Gran parte de los problemas internos de Podemos obedece precisamente a esa dificultad para abandonar lo que sus propios dirigentes calificaron de maquinaria de guerra electoral y reconvertirse en una fuerza capaz de producir medidas legislativas o pactos de Gobierno. Si hay que volver a las urnas será en buena medida porque esta dirigencia emergente no sabe salir de ellas. El de ayer en el Congreso fue con claridad un debate de campaña. La crisis de los refugiados se convirtió en mero pretexto de un cruce dialéctico, o más bien fraseológico, que parecía continuación de los celebrados en diciembre ante las cámaras. Puro material de propaganda. La probable convocatoria de junio va a abocarnos a un período asfixiante, insoportable, de esta clase de política de plató en la que ya ha caído hasta Rajoy, el más refractario a ella. Sin nada que negociar, por ausencia de interlocutores dispuestos, el presidente en funciones concede entrevistas en programas de alto share y va por España dando mítines y haciendo promesas para vender un programa con semanas de adelanto. La falta de acuerdos se debe a que los líderes no han renunciado aún a su papel de candidatos. Incluso en caso de que se acabe formando Gobierno Pedro Sánchez no ceja en su intento, cocinando tratos con Iglesias y con Junqueras a espaldas de su socio Rivera y hasta de su propio partido el Ejecutivo que pueda salir de un pacto in extremis se moverá en una dinámica electoralista, bajo la sombra de su inestabilidad minoritaria. Ésta es en cualquier caso una legislatura condenada a permanecer en estado de provisionalidad mental por mucho que dure. De hecho el único factor de cohesión capaz de propiciar una investidura es la voluntad de echar al PP y derogar las leyes de su mandato. Es decir: el empeño de gobernar haciéndole oposición, por la fuerza de la costumbre, a un Gabinete desalojado. La posmodernidad política era esto: la campaña permanente, eterna, sin principio ni fin. Una tertulianización exhaustiva y perenne, una trivialización propagandística de la estrategia. Las urnas siempre habían sido la ultima ratio del hecho político, pero ahora han pasado a ser también la primera. L JM NIETO Fe de ratas