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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA MARTES, 5 DE ABRIL DE 2016 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU DELFINES Les discute el monopolio de la juventud, asegurando que también ella está en edad de que se le ponga la tuna bajo la ventana A vicepresidenta en funciones ha comenzado a patrullar el ámbito sucesorio para despejarlo de intrusos. Y lo ha hecho con una virulencia explícita contra la camada de vicesecretarios que no congenia con su modo habitual de proceder, más subterráneo y hecho de susurros, más basado en los periodistas instrumentales que aguardan turno para despachar con ella como en la sala de espera del médico y que son conminados sin pudor alguno a no olvidar a quién deben un escaño de tertulia. Un compañero a quien dijeron esto, poco menos que agarrándolo por las solapas, aún no se ha recuperado del susto. Ni que le hubieran enviado un canario muerto. Los movimientos contra los vicesecretarios de la vicepresidenta en funciones traen implícito el reconocimiento de que en el PP existe una tensión sucesoria pese a que los delfines aparecen momificados en la Casa de Campo y que, en esa rebatiña aún sorda, Sáenz de Santamaría tiene una agenda particular incompatible con el supuesto de la mujer con perfil tecnocrático cuyo paso por la política está asociado únicamente al servicio a Rajoy. Esto en sí no contiene desdoro alguno. De hecho, siempre compartí el prestigio del cual la palabra ambición goza en las sociedades sajonas, no el matiz peyorativo que le fue impuesto en nuestras culturas igualitaristas. Pero esta ambición en particular ha detectado intrusos en los vicesecretarios que, más allá de cuáles sean sus propios proyectos personales, han comenzado a encarnar dentro del PP el hartazgo ante la corrupción de una generación distinta, la que no le ha dicho a Rus te quiero coño, la que está harta de interpretar la omertá marianista. Las alarmas han saltado en la vicepresidencia ante la posibilidad de que los vicesecretarios adquieran una conciencia de sí que por añadidura se convierta en el banderín de enganche de un nuevo PP embrionario. Lejos de celebrar el alumbramiento aún precario de un nuevo ciclo que conceda al partido más vida que la que puede obtener en la finitud de Rajoy, Sáenz de Santamaría ha salido en tromba a liquidar a los renacuajos que probablemente vayan a obligarla a delatarse con algunas maniobras que habría preferido postergar hasta la extinción natural de Rajoy. Les discute el monopolio de la juventud, asegurando que también ella está en edad de que se le ponga la tuna debajo de la ventana. Y les discute, acusándolos de reticentes a ayudar al partido, otro monopolio, el de la ética fatigada que mejor haría callándose y tragando como ordena el argumentario. A la vicepresidenta le da rabia que otros levanten en el PP el discurso contra la corrupción porque de repente atisba en ello un valor en la competición sucesoria. A lo mejor podría haber hecho algo más durante estos últimos cuatro años en que convirtió Moncloa y Génova en compartimentos estancos para que otros se abrasaran en la lucha contra la corrupción mientras ella sólo pensaba en zafar sin un solo arañazo y esquivando hasta las preguntas parlamentarias. L COSAS MÍAS EDURNE URIARTE CRISTINA PEDROCHE ODIA LAS PERLAS Vota a Izquierda Unida porque odia las perlas que son de pija mala, pero reivindica sus abundantes ganancias O he visto un solo programa de Cristina Pedroche, pero sé perfectamente quién es, por supuesto. Sus fotografías y opiniones están por todas partes y, lo que es más importante, esta estrella de televisión tiene más utilidad para entender lo que está ocurriendo en la política española que las propias encuestas. Y no por la profundidad de sus reflexiones entre palabrota y palabrota, sino por la amplia aceptación social de sus juicios. Y no lo digo por eso de que no pongo intermitentes porque me molesta el ruidito sino por eso otro de que me da rabia la gente que lleva pendientes de perlas Es que son pijas malas El PP es igual a pendientes de perlas Y que sí, que olé por las personas que siguen votando al PP aunque les roben, pero a mí no me caen bien (en Papel este domingo) Es literal, sólo he eliminado las palabrotas. Y, por supuesto, no hay escándalo social alguno y estoy segura de que Cristina Pedroche sigue siendo un imán para las marcas como dicen sus entrevistadores. Aunque haya insultado a más de siete millones de españoles. También a la inteligencia del resto, pero eso es otra cosa. Lo que importa, políticamente hablando, es que vivimos en un país donde las descalificaciones sobre la derecha están perfectamente admitidas. Por eso las pronuncia esta chica, porque está N socializada en esa cultura, no porque sea de Vallecas y eso le dé un plus de descaro y valentía. Yo también soy de Fruniz, que es como ser de Vallecas, pero de campo, y los suyos me lapidarían por una descalificación semejante de los votantes del PSOE. Pero yo soy de derechas. Ya lo hicieron, incluida alguna famosa colega de Pedroche, cuando escribí sobre un bolso Gucci en Mujer Hoy Se pusieron como panteras, así es cierta izquierda que tiene entre sus clichés intolerantes sobre la derecha la idea de que es rica y explotadora, y eso incluye algunos bolsos caros, los que compra la derecha, aunque no el derecho a comprarse pisos de Pedroche, que también reivindica en la entrevista, porque yo quiero ganar el dinero que gano porque me lo trabajo y mis impuestos quiero que vayan a sanidad pública, a educación pública... No a que se blanquee dinero y me roben. No quiero al PP Ella vota a Izquierda Unida porque odia las perlas que son de pija mala, pero reivindica sus abundantes ganancias y también aquel vestido con el que apareció semidesnuda el fin de año, que debe de valer como varios bolsos Gucci y que algunos de los suyos, y yo misma que soy de Fruniz pero de derechas, diríamos que era de un casposo machismo, aunque te rifen las marcas. Pero esto es lo que hay en la cultura política española, abundancia de Cristinas Pedroches que odian las perlas porque son de derechas y que arrasan en las redes sociales y entusiasman a las marcas. En este ambiente se entiende que la opinión publicada haya aceptado como la cosa más normal y democrática del mundo el veto de Pedro Sánchez al PP y la parálisis de cuatro meses en la formación del Gobierno por ese veto. Y que echen la culpa a Rajoy y al PP, a los vetados, que, dicen los anteriores, deberían moverse y ofrecerle algo al que veta, lo que sea, un disparate, una súplica, las propias cabezas, cualquier cosa. Porque la anomalía no es, piensan, que el socialismo español se niegue a sentarse con la derecha mientras intenta formar Gobierno con los ultras, sino que la anomalía está en la propia naturaleza de la derecha. Si les vetan, si tanto les odian, algo habrán hecho esos siete millones y pico de votantes. Quizá, ponerse collares de perlas que son de pija mala.