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ABC VIERNES, 4 DE MARZO DE 2016 abc. es cultura CULTURA 49 Toros Crítica de música clásica Triunfo en el Kilómetro Cero Padilla y Soler salen a hombros en la reaparición de Paquirri con una manejable corrida ROSARIO PÉREZ CASTELLÓN Alrededor del piano SCHERZO LA MAGDALENA PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN Jueves, 3 de marzo de 2016. Tercera de feria. Más de media entrada. Toros de García Jiménez (1 y 4) Peña de Francia (2 y 3) Olga Jiménez (5 y 6) y un sobrero de Marca (4 bis) desiguales de hechuras y manejables. JUAN JOSÉ PADILLA, de catafalco y oro. Estocada (oreja) En el cuarto, estocada trasera rinconera (oreja) Salió a hombros. PAQUIRRI, de azul y oro. Media defectuosa y pinchazo. Aviso (silencio) En el quinto, estocada (saludos) VICENTE SOLER, de marino y oro. Pinchazo y estocada trasera baja (saludos tras leve petición) En el sexto, estocada caída al encuentro (dos orejas) Salió a hombros. En un volver a empezar, en una especie de renacimiento de quien a punto estuvo de perderlo todo, Francisco Rivera Ordóñez regresó a la arena española. Doscientos seis días después de que la muerte le pisara los talones en Huesca, Paquirri volvió a vestirse de luces en Castellón. Lo hizo con dignidad, con el oficio propio de dos décadas de alternativa, en una corrida muy periodística Si a su compañero Juan José Padilla le tocó un Informador a Paquirri le correspondió el Fotógrafo del conjunto de Matilla, que lidió sus tres hierros, con el denominador común de la nobleza escrita y retratada. Sin ser un dechado de casta y con sus dispares hechuras y remates algunos feotes ofreció en bandeja las orejas. Ideal para arrancárselas, de aquí a Oslo... Y en Noruega se plantó precisamente a torear Vicente Soler en una alternativa en la que la memoria seleccionará entre poco y nada. A la puerta de chiqueros se fue a recibir al toro de la ceremonia, pero puso rodillas en polvorosa cuando Adulador apareció andando... Animoso en los delantales y las chicuelinas ¡menudo empacho! banderilleó con desigual fortuna. No se co- noció asentamiento alguno frente a un toro rebrincado pero que obedecía a los toques, siempre al hilo y de tono vulgar. Muy cariñosos los tendidos, hasta le pidieron una oreja. Petición de pronóstico leve, por lo que la cosa quedó en saludos. Más dispuesto en el sexto, tiró de amor propio, le atizó media docena de largas cambiadas y aireó el capote en un quite candidato al premio limón. Como la fe es lo último que se pierde, se recuperó en parte en una serie diestra en la que acompañó con suavidad la dulce embestida. Puro espejismo, el toro siguió a modo de carretón, pero el toricantano se alió de nuevo a la brusquedad. Lástima de torete, que se va sin torear y con las orejas se lamentaba un aficionado antes de que lo mandara a otra dimensión de una estocada al encuentro. Y sin torear se fue, pero hete ahí que las peludas sí las paseó después de que el presidente cediera a la ensordecedora petición del paisanaje. Soler se marchó a hombros en compañía de Padilla, que sorprendió con un fenomenal saludo a la verónica, abrochado con gusto en la media. Con un galleo por chicuelinas puso en el caballo al toro, que empujó con su aquel y luego tuvo la virtud de humillar y abrirse. El padrino aguantó con entrega y mucho mérito en un quinteto de muletazos de hinojos. Luego cierta tosquedad no permitió ver en toda su expresión a este Informador a menos como la faena. El Ciclón de Jerez se tiró a matar con rectitud y, con la estocada y la muerte encima, le pegó un arreón. Otro susto tremendo se llevó en la hora final con el boyante sobrero de Marca el titular se desplomó Se volcó y arriesgó, como en el lucido tercio de banderillas. No tanto en su afanosa labor, con la meta de la puerta grande. Oreja y oreja fue su palmarés. Y si Padilla hizo lo más agraciado con el capote, Paquirri ofreció la mayor templanza con la muleta. Genuflexo, suave y torero empezó frente al manejable tercero, al que cuidó asentado a media altura en una faena estimable. Aseado en el quinto, fue despedido con una ovación mientras a su compañeros los aupaban en volandas. Un triunfo en el Kilómetro Cero de la temporada que ya despertó. Obras de Chaikovski, Bach y Chopin. Int. Lang Lang. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 1- III ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Padilla y Soler salieron a hombros en la plaza de toros de Castellón EFE La música moderna, aquella que arranca con el siglo XIX, necesita intérpretes como Lang Lang, capaces de generar espectáculo, crear expectación y animar al público. En definitiva: suscitar interés hacia la cada vez más marchita ceremonia del concierto. Lang Lang consigue que sus salidas al escenario se traduzcan en un entusiasmo general, que los aplausos suban de intensidad tras cada una de sus interpretaciones y todo se transforme en un gran soplo de admiración cuando amaga con acercarse al piano dispuesto a ofrecer alguna obra fuera de programa. La felicidad de muchos, el hecho de que todos ellos consigan llenar el Auditorio Nacional de Madrid con motivo del concierto extraordinario de la Fundación Scherzo, es un beneficio para la difusión musical que nadie, en su sano juicio, puede desestimar. Es innecesario encontrar más razones que avalen cualquiera de las actuaciones de Lang Lang, al margen de aquellas que pudieran hacer justicia a una pianista técnicamente formidable, a un actor que domina estupendamente el escenario y el gesto, y a un músico ante el que es imposible la indiferencia. Otros le han precedido en este arte de la comunicación tan directamente relacionado con un dominio del teclado que alcanza lo sobrenatural. El viejo Horowitz convirtió cada una de sus actuaciones en un acontecimiento mediático sin parangón. Volvió a la vida concertística como el gran virtuoso que siempre fue escribió su, en otro tiempo, amigo Rubinstein pero desde mi punto de vista no contribuyó en nada al arte de la música Lang Lang suscita también alguna pequeña duda, cuando se observa que la calidad del sonido alcanza a ser un elemento secundario, se descubre la dureza percutida del Concerto Italiano de Bach, forzadamente encajado entre Chaikovski y Chopin; cuando tantas frases de Las estaciones se articulan con un sentido efectista y un legato de baja intensidad, o cuando la rutilante y arrolladora interpretación de los Cuatro Scherzi roza lo histriónico. Todo ello acumulando puntos a la personalidad general. Aquella que muchísimos aplauden, fieles al deslumbramiento ante un músico que tiene en la inmediatez de su mensaje la clave del éxito.