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LUNES 8.2.2016 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 36.565 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Atención al cliente 902 334 555. Homo hispánicus El actor de cinespañol Es un genérico, igual que el paracetamol o la paletilla ibérica. Llegan los Goya y suele salir a pimpollear, albricias para la izquierda y estacazos a la derecha. Sin remedio. Con la cultura por bandera y pidiendo trato especial ÁLVARO MARTÍNEZ Carmena, a la que le faltó subir a darle un beso de nieto ideológico y un abrazo, colocándola casi en los altares de lo que necesita España. No existe un censo preciso de los actores que hay en España. Algunas estimaciones dicen que se aproximan a los 8.000, la gran mayoría de los cuales entorno al 72 por ciento no se puede ganar la vida en el oficio, o están en el paro o el empleo que consiguen es precario. Más de la mitad gana menos del salario mínimo interprofesional, al menos los que están asociados en Aisge, presidida por Pilar Bardem ¡pobre María Zambrano! que son unos 1.200 y que fueron quienes respondieron así en una encuesta. Más numerosos son los afiliados a la Unión de Actores, unos 2.600, un sindicato profesional e independiente que nació hace ya treinta años para velar, defender y dignificar la profesión de actor según rezan sus estatutos, labor en la que no se dan mucha maña vistas las desoladoras cifras de Bardem. En cualquier caso, en España no es fácil elaborar una lista de intérpretes. L a gala de entrega de los premios Goya suele ser su gran momento. Igual que la oruga se hace crisálida y esta se transforma en mariposa, el Homo hispánicus cuenta todos los febreros con la irrupción revoloteadora de actor reivindicativo, ese que en cuanto ve una alfombra roja se cree Bakunin. No fue la celebrada anteayer especialmente protestona en esto tuvo poca chicha pero sí incluyó la porción debida de sectarismo, condición esencial de todo buen representante del cinespañol Qué tiempos aquellos del No a la guerra todos en fila india repartiendo mandobles a base de bien al Gobierno de Aznar, o de la actriz que denunció que su padre casi muere de hambre y sed en un hospital catalán por los recortes de Rajoy. El otro día, el presentador de la ceremonia, Dani Rovira, se limitó a seguir escrupulosamente el manual de actuación de la especie: atizaba a los políticos del PP que no estaban (Rajoy y la corrupción, Montoro y su incultura... lo típico) e intentaba ridiculizar a los populares presentes, como al ministro Méndez de Vigo, ironizando sobre su vasto currículum académico y político, como si fuera un demérito (el mundo de la cultura es así) Mientras Rovira ninguneaba a Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, jaleaba y hasta pedía ovaciones para los dirigentes del resto de los partidos, con especial cariño a la alcaldesa podemita Manuela Dani Rovira durante la gala de entrega de los Goya DANIEL G. LÓPEZ Arriba, Rosa María Sardá en una imagen de 2003. Sobre estas líneas, la actriz Candela Peña agradece su Goya en 2013 EFE Brotan caras nuevas cada primavera. El último presentador de los Goya, por ejemplo, ha pasado de hacer chistes en monólogos por los pubs de media España, a hacer seis películas en tres años y hasta anuncios de El Corte Inglés y pócimas lácteas. Ahora, con la fama, a veces le pagan hasta 8.000 euros por bolo, un dineral que igual no le da para un yate, pero casi. A unos cuantos les va muy bien, pero el resto exhibe cada vez que puede la crisis permanente del oficio, aquella que ya se escuchaba en los años setenta o antes incluso, esa mala salud de hierro que, precisamente, debería hacer indestructible a la profesión. De entre las (en principio) potencias que se le presumen al actor del cinespañol no está la ecuanimidad y sí una irreductible tendencia a considerarse parte medular del hecho cultural si bien hay gentes o países enteros (Estados Unidos por ejemplo) que ligan el cine al entretenimiento. Una cosa que se puede hacer comiendo palomitas no suele estar relacionada con la nutrición cultural. No se ven a muchos visitantes del Prado o del Auditorio Nacional rascando las cascarrias de un cartón de maíz explosionado mientras se embelesan en las salas de Velázquez o escuchan a Mozart. Pero sin duda viste más ser parte del hecho cultural sobre todo desde el punto de vista industrial y si ello lleva aparejado un tratamiento fiscal más favorable, que ahora no es caso porque los del cine pagan el mismo IVA que, por ejemplo, los cerrajeros de aluminio, que también son hijos de Dios y estarían encantados de tener un impuesto reducido. Si el cine es necesario cuestión de Estado, porque es cultura dijo el sábado Resines no les digo en qué medida son imprescindibles las ventanas en nuestras vidas. Pero ese espíritu crítico, ese papel vocacional que les lleva a erigirse en conciencia reprensiva de todo lo que no provenga de la izquierda o la progresía, no tiene su reflejo cuando mira para adentro. Ni un chiste hizo Rovira sobre el fraude multimillonario de la gente del cinespañol (y los productores lo son) con las entradas para garantizarse la subvención, entre cuyos imputados están el anterior presidente de la Academia, González Macho, y Miguel Bardem, el sobrino de la combativa Bardem. Medio centenar de títulos bajo sospecha de corrupción no le dieron a Rovira para una bromilla sobre el asunto. Verbolario POR RODRIGO CORTÉS Paciencia, f. Consecuencia fortuita de la incapacidad.