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50 CULTURA MIÉRCOLES, 3 DE FEBRERO DE 2016 abc. es cultura ABC Jonas Jonasson Si Dios existe, sin duda tiene sentido del humor ESCRITOR Mañana llega a las librerías la nueva novela del fenómeno de ventas sueco, que recibe a ABC en su granja de Gotland INÉS MARTÍN RODRIGO ENVIADA ESPECIAL A GOTLAND (SUECIA) J onas Jonasson (Växjö, Suecia, 1961) puede escribir en cualquier parte Lo dice, con esa sonrisa que nunca desaparece de su orondo rostro, rodeado de ruido, en mitad de una copiosa cena a base de salmón y cordero en Visby, la hermosa ciudad medieval que sobresale en la isla de Gotland. Pese a tan singular capacidad narrativa, el autor sueco reconoce que prefiere hacerlo mientras escucha a Schubert o a Mozart, en su estudio o en la biblioteca. Una fórmula que, a juzgar por el éxito (con sus dos primeros libros vendió en España casi 370.000 ejemplares, según Nielsen) le ha dado un resultado más que satisfactorio. En 2010 compró una granja en mitad de la nada y allí se instaló, junto a su hijo. A pocos kilómetros despunta la pequeña isla de F rö, donde Bergman halló descanso e inspiración. En ese clima, de frío reparador, Jonasson recibió a ABC, junto a la chimenea de su cocina y en manga corta (fuera el termómetro marcaba 5 grados bajo cero) para hablar de su última novela, El matón que soñaba con un lugar en el paraíso (Salamandra) que mañana llega a las librerías. -En un momento de la novela, Asesino Anders, uno de los protagonistas, dice que los cambios siempre son buenos. Su vida es la prueba evidente. -Totalmente. Además, es inútil arrepentirte de algo que has hecho. -Usted fue periodista antes de convertirse en escritor y en el libro hay una crítica al periodismo sensacionalista. ¿Cómo ve ahora a la profesión? -Creo que el periodismo de hoy es mejor que el de hace 30 años, y que el de hace 30 años era mejor que el de hace 60. Hay que saber interpretar mi crítica amorosa hacia el periodismo sensacionalista. No les acuso de mentir ni de inventar. ¿Son cínicos? Sin duda. ¿Mienten? No. Este tipo de periodismo tiende a ser cada vez más rápido y superficial, como contrapeso al periodismo extenso y meditado. El periodismo que más sufre es el que está a medio camino. ¿Qué piensa de la vida que llevaba antes de escribir El abuelo que saltó por la ventana y se largó -Bueno, siempre he sido escritor. Pero nunca tomé el mando de mi propia vida. Me dejé llevar. -Y no pudo más. -Ni siquiera eso fue mérito mío. Me vi obligado a cortar con esa vida, porque físicamente no aguantaba más. Y fue entonces cuando me di cuenta de que ya no tenía identidad. ¿La literatura le salvó? -Se convirtió en la mejor manera de recuperar mi identidad. En Oriente, lo primero que se pregunta cuando conoces a alguien es: ¿Cuántos hijos tienes? en Occidente, la pregunta correspondiente es: ¿A qué te dedicas? Y yo no me dedicaba a nada en concreto, no tenía nada... Todo eso ocurrió justo antes de ponerme a escribir y pensé que era el momento. Tres mil ejemplares vendidos serían suficientes para que la editorial me encargara otra novela. ¿Y cuántos lleva vendidos? -Trece millones. -Eso sí que son cifras... -Antes de sacar el libro tenía mi vida económica resuelta. Lo único que necesitaba era una identidad. No sé si Dios existe, pero si existe, sin duda tiene sentido del humor. ¿De dónde surge la historia del matón tan particular de esta novela? -Es la pregunta más difícil que me suelen hacer. Un colega mío, Jan Guillou, me aconsejó que cuando me preguntaran algo así siempre debía contestar que de una pequeña fábrica al sur de Alemania reímos ambos Y la verdad es que no tengo otra respuesta mejor. Tenía dos personajes que no eran víctimas de las circunstancias, pero creían serlo, y uno que era víctima de las circunstancias, pero creía que no lo era. -Asesino Anders es la víctima. -Es víctima de su infancia, mientras que el recepcionista no lo es en absoluto. -Pero se comporta como si lo fuera y culpa al resto. -Exactamente. Hay algo terrible en que culpe de sus circunstancias a otra persona porque, de esa forma, sus actos son consecuencia de las circunstancias y eso le exime de responsabilidad. -Hasta cierto punto, eso es algo que, en algún momento, todos hacemos. -De hecho, a lo largo de la historia hay ejemplos terribles de cómo algunos grandes líderes actuaron de esa manera. Hitler llegó al poder por señalar a los judíos como los responsables de que la gente lo pasara económicamente mal. Hay muchos ejemplos, pero quizás el más trágico es el de los hutus y los tutsis. Hay quienes afirman que puede existir una diferencia entre hutus y tutsis, y que podría ser la estatura: los tutsis son un poquito más altos de media. ¿Cómo puede llevar esto a un genocidio? -En la novela, la religión aparece como latente telón de fondo. ¿Qué buscaba? ¿Se refiere al vínculo religioso? -Sí, bueno, si quiere definirlo así. -Algo muy importante para mí fue que la reverenda no creyera en Dios. -No cree porque la obligaron a creer. -La obligaron, sí. Si le hubiera otorgado la más mínima duda, hubiera aportado una dimensión religiosa al debate, cosa que no creo que me corresponda. He recibido muchas cartas de personas de la Iglesia y se está haciendo una interpretación más religiosa de lo que era mi intención; pero en los agradecimientos opinan que describo a un Dios imperfecto. Me he dado cuenta de que ha servido como consuelo para ellos. ¿Y para usted? -Sí, es una sensación maravillosa. El hombre moderno que elige ser creyente ve las cosas horribles que pasan en el mundo. Estamos tan informados hoy en día a través de internet y las redes sociales que el problema del mal está más presente que nunca. Si Dios es todopoderoso, ¿cómo puede el niño sirio aparecer muerto en una playa? ¿Es usted creyente? -No se trata de si yo creo en Dios o no. Con respecto a la palabra ateo hay El escritor Jonas Jonasson, fotografiado en su granja de la isla de Gotland Falta de memoria El ser humano no recuerda y comete los mismos errores, por lo que podría darse una Tercera Guerra Mundial La política actual Merkel tenía que haber obtenido el Nobel de la Paz por la firmeza con la que está combatiendo tendencias fascistas El peligro de las redes Estamos tan informados con la web que el problema del mal está más presente que nunca