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ABC LUNES, 1 DE FEBRERO DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN CORTEJO FÚNEBRE El plan A de Sánchez es colocarse en el centro de un acuerdo con Podemos y Ciudadanos. El B será echarse en brazos de Iglesias y el separatismo P EDRO Sánchez ha iniciado un desvergonzado cortejo de Albert Rivera, que veremos aumentar en los próximos días, no por amor, sino por interés. Puro y duro. En ello le va no solo la posibilidad de presidir el Gobierno, sino el liderazgo de su partido, la escasa credibilidad que aún conserva y hasta la vida política. El asedio amenaza con derivar en acoso. El candidato socialista necesita desesperadamente implicar de algún modo a Ciudadanos en su pacto de perdedores por tres razones. Primero, para blanquear con la presencia de los centristas el respaldo determinante de una formación como Podemos, populista, extremista, dudosamente democrática, financiada con dinero oscuro y dispuesta a trocear la soberanía nacional por comunidades autónomas. Segundo, para rematar su pretensión de escenificar en el Congreso de los Diputados el total aislamiento del PP, que se quedaría solo, o a lo sumo en compañía de algún grupúsculo menor, votando no a su investidura. Tercero, aunque no menos importante, para no traspasar la línea roja señalada por el comité federal, y en especial por algunos barones, opuestos a poner la bandera del puño y la rosa en La Moncloa a costa de abrazarse al separatismo. Después de sufrir los desprecios, ataques y descalificaciones más duros de cuantos se oyeron a lo largo de la campaña electoral por parte de los otros aspirantes, Rivera se ha convertido ahora en el novio al que todos hacen ojitos. El más guapo, el más listo, el más deseable, el más rico. El PP le pretende como pareja de baile con el empeño de sumar escaños y forzar juntos una abstención del PSOE. Este intenta llamarle como testigo de moderación, o mejor dicho coartada, en la boda que prepara con Pablo Iglesias. Pero ninguno de los dos, ni PSOE ni PP, está dispuesto a asumir lo que representa Ciudadanos: un proyecto de regeneración real de esta maltrecha democracia, previa consolidación de los pilares sobre los que se asienta, empezando por la unidad indisoluble de la Nación, sin renunciar al combate frontal contra la corrupción que ha destruido el honor de nuestras instituciones. Un proyecto que requiere de nuevas mentalidades, nuevas formas de actuación, nuevas personas limpias de toda sospecha. Pedro Sánchez tiene prisa y va a intensificar las llamadas. Dispone de tiempo hasta mayo para ser elegido presidente o será depuesto en el congreso que no ha conseguido aplazar. Su plan A es colocarse en el centro de un acuerdo con Podemos y Ciudadanos, dando así satisfacción a sus rivales internos. El B será someterse a las condiciones rebajadas de Iglesias, Tardá (ERC) Homs (DyL) Garzón (IU) Esteban (PNV) y hasta Matute, la voz de Bildu en Madrid, que ya le ha prometido su apoyo. Él se juega la supervivencia. Ellos, la mejor oportunidad de su vida para alcanzar sus propósitos, ya que ni en sueños habrían pensado enfrentarse a un Gobierno tan débil y dispuesto a ceder al chantaje. ¿Se arriesgarán a otras elecciones a las que PP y PSOE puedan concurrir encabezados por otros líderes más solventes, proclives a entenderse por el bien de todos? Lo dudo. Ciudadanos ya ha dicho no públicamente a la proposición deshonesta de Sánchez, a través de Girauta y de Rivera. No a cualquier fórmula en la que participe Podemos, activa o pasivamente. No a cuestionar España. Es una respuesta basada en los principios que sustentan al partido, y también una respuesta inteligente. Saben que aceptar ese cortejo significaría convertirlo en un último cortejo fúnebre. IGNACIO CAMACHO PODEMIZAR EL PSOE Con su adopción táctica de la democracia directa, asamblearia, Sánchez arrastra al PSOE hacia el modelo populista ARA escapar de la tenaza crítica de los llamados barones, Pedro Sánchez ha decidido podemizar el PSOE. Lo quiere convertir en un partido asambleario, convencido de que sus militantes son mucho más de izquierdas que sus dirigentes: exactamente la tesis que mantiene Pablo Iglesias. Sólo que Iglesias lo hace para hostigar al aparato socialista y arrebatarle el apoyo de su base electoral. En su proceso de aproximación a quien puede darle la Presidencia, que no el poder, Sánchez interioriza el argumento del rival para usarlo contra sus propios cuadros. Con su repentina pasión por la democracia directa y el empoderamiento mediante referendos, el secretario general arrastra al PSOE a la deriva populista, un estilo político autoritario y carismático que pretende conectar el liderazgo con la base saltándose la jerarquía y los estatutos de la organización. Así funciona el poder interno centralizado de Podemos, cuyas consultas son una mera pantomima a través de un voto electrónico con censo dudoso. Confundir las primarias para la elección de candidatos con un sistema referendatario permanente de cualquier decisión de relieve equivale a transformar de manera unilateral el modelo de partido por mera desconfianza hacia sus estructuras de representación. Sánchez está tan encariñado con la idea de pactar con el populismo que parece dispuesto a empezar adoptando sus métodos. Menos le gustará, sin embargo, que Iglesias le imponga su famoso procedimiento revocatorio, importado del régimen bolivariano, para someter su hipotética presidencia a un examen periódico. Pero difícilmente podría impedirlo si comienza por implantar el patrón en su propia casa. La maniobra del líder socialista demuestra que no es más que un político táctico, sin capacidad de abstracción para armar una estrategia, porque no tiene otra que la de presidir el Gobierno aunque no pueda mandarlo. Lo que le importa es zafarse del control de los dirigentes críticos, eludir su veto para alcanzar un objetivo personal. Y revela una cierta mala conciencia sobre sus propósitos porque ninguno de sus coroneles le objetaría una alianza razonable. Para negociar con Ciudadanos, como le aconsejan los más sensatos, no necesita ningún referéndum; el problema es que está resuelto a echarse en brazos de gente de poca confianza. Por otra parte, si llegase a instrumentar el acuerdo con Iglesias, los miembros de Podemos también tendrían que votarlo. Y podrían darse dos supuestos paradójicos. Uno, meramente teórico por improbable, que la candidatura de Sánchez alcanzara menos respaldo entre los suyos que entre los adversarios. Y el otro, que los círculos morados le diesen calabazas. En ambos casos quedaría ridiculizado, pero en el segundo involucraría en el fracaso a unos militantes a los que, en el fondo, les va a preguntar si le dan permiso para repartir unos cuantos miles de cargos. P JM NIETO Fe de ratas