Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO, 30 DE ENERO DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA LA NIÑA Y EL TORO Quienes se indignan con fotos como esa quizá jalean que los niños sean triturados, como si fuesen carne para albóndigas, cuando aún están en gestación UE los toros son un espectáculo muy adecuado para la inteligencia fantasiosa de los niños lo captó a la perfección Agustín de Foxá, que contaba la anécdota de una niña que, feminizando al toro y al torero, le decía a su madre, mientras asistía con ella a una corrida: ¡La vaca quiere comerse la falda de la señora! Y si una niña puede ver en un toro bravo con la mirada nublada de sangre una vaca que quiere comerse la falda de una señora, ya podemos imaginarnos que en una becerra verá (y se quedará tan pichi) una ternerita que trisca amapolas en un prado. Algo así debió de ver la hija de Paquirri cuando su padre la tomó en brazos y se puso a tentar una becerra, para que sintiera trepándole por la sangre el arte del toreo, heredado de sus ancestros; pero Paquirri no contaba ¡ay! con los benefactores de la infancia que pululan en Twitter, esa jaula atestada de loritos regurgitando ¡retuiteando! ofensas redondas como cañamones. Antaño, al volver a casa, el tendero que tenía como chico de los recados a un niño al que deslomaba a cambio de cuatro perras soltaba la lagrimilla leyendo el Oliverio Twist de Dickens o el Corazón de Amicis; y los niños protagonistas de estos dramones, además de dejar en blanco su conciencia, le inspiraban frases de un sentimentalismo merengoso en las cenas de beneficencia. Algo semejante ocurre Q con los benefactores de la infancia que pululan en Twitter, que no tienen caletre para leer a Dickens y Amicis pero, en cambio, son unos hachas regurgitando ¡retuiteando! ofensas contra un padre que quiere mostrar a su hija cómo el arte del toreo, heredado de sus ancestros, le trepa por la sangre. Y, del mismo modo que el tendero bellaco que soltaba la lagrimilla con Marco o con Oliverio Twist ni se inmutaba cuando su chico de los recados se encorvaba con las costillas abrumadas, los benefactores de la infancia que se han horrorizado con la foto de la hija de Paquirri ni se inmutan con la guerra atroz que nuestra época ha declarado a los niños; o incluso la jalean, pues está en la naturaleza de los loritos adherirse a todas las aberraciones sistémicas, ignorantes de que son víctimas de lo que Marcuse llamó la dimensión única del pensamiento Pues suele ocurrir que quienes se indignan con fotos como la que ahora comentamos sean los mismos que jalean que los niños sean triturados, como si fuesen carne para albóndigas, cuando aún están en gestación; y, por supuesto, los mismos que jalean todos los males que trituran la dignidad espiritual de los niños ya gestados: la desintegración de la institución familiar; la conversión de la escuela en un corruptorio oficial del que salen desflorados y hechos unos zotes; los medios de comunicación que, mediante su suministro incesante de chabacanerías y sandeces, les arrebatan el pudor y los convierten en perros de Paulov prestos al estímulo sexual. Nada importan a estos loritos los niños abortados; y tampoco los niños con síndromes de alienación parental, los niños con depresiones y pulsiones suicidas, los niños cuya inocencia es cada día mancillada por las vilezas que les enseñan en la escuela o en la tele, los niños convertidos en víctimas de una sociedad infestada de perversiones aberrantes. En cambio, se escandalizan y rabian con la foto de una niña a la que su padre toma en brazos, mientras tienta una becerra, para que sienta cómo el arte del toreo le trepa por la sangre, heredado de sus ancestros. Tal vez su escándalo y su rabia tengan, después de todo, sentido: pues saben bien que la hija de Paquirri no va a ser un lorito como ellos; y es que una niña que ha mirado a un toro a los ojos ya ha aprendido de golpe las realidades más hondas de la vida y de la muerte. IGNACIO CAMACHO EL TIEMPO DE SÁNCHEZ Ya no tiene sentido que Sánchez siga repitiendo que es el tiempo de Rajoy para despejarse el suyo. Le toca retratarse L JM NIETO Fe de ratas E toca a él. Ya no tiene sentido que Pedro Sánchez siga repitiendo que es el tiempo de Rajoy para despejarse el suyo. Su ambición de ser presidente a toda costa resulta tan obvia que le obliga a retratarse intentándolo. No es el tiempo de Rajoy porque él no ha permitido que lo sea y esa obstinada negativa ha precipitado los acontecimientos. Ha boicoteado su propia estrategia y llega al Comité Federal emplazado a negociar su candidatura con el partido. Es él quien tiene ahora que definir las condiciones y los plazos; el presidente no ha renunciado a la investidura, sino a un linchamiento. El líder socialista tiene La Moncloa en la cabeza desde finales de mayo, cuando pactó con la extrema izquierda en autonomías y ayuntamientos. De ahí su frase de la noche electoral sobre el resultado histórico que tanto estupor causó a quienes sólo veían en sus cifras un descalabro. No contó los diputados que había sacado él, sino los que separaban al PP de la mayoría absoluta. Desde entonces no se ha movido de la idea de ser, como aquel visir Iznogud del cómic de Goscinny, califa en lugar del califa. Para eso está resuelto a aliarse con quien sea necesario en la compleja amalgama de un frente más que popular, populista. Dispuesto no sólo a gobernar con Podemos, sino a presidir un Gobierno de Podemos. Pues bien: si quiere intentarlo, que lo intente. Es un proyecto pernicioso para el país y para el PSOE, pero no parece importarle. Está decidido. Lo que no puede hacer es seguir parapetado detrás de un falso protocolo parlamentario que supuestamente exigiría que Rajoy se someta a una humillación política. Tiene que dar un paso al frente ante el Rey sin legitimar sus intenciones en un endeble artificio que no engaña a nadie y que sólo sirve para retrasar el calendario. Patxi López le dará facilidades y tiempo; no necesita ninguna pantomima y para hacerle un juicio al marianismo dispone de toda la legislatura. Si quiere el poder a cualquier precio debe empezar a negociar la factura ya mismo. En el caso de que no haya comenzado a hacerlo de forma subrepticia. Lo que hoy va a medir Sánchez es la capacidad de resistencia del partido, la fuerza real de los disidentes. No es probable que sea suficiente para revocar su plan porque en cualquier organización el liderazgo cuenta de entrada con una notable potencia de arrastre. Jugará para aplacar a los críticos con la negociación con Ciudadanos, aritméticamente endeble sin la colaboración pasiva de un PP al que ha estigmatizado. Y dejará entrever ante los más contumaces la posibilidad de someter a la votación de la militancia el posible acuerdo con los radicales. Los coroneles le van a hacer sufrir, pero será difícil que se amotinen. En realidad la última palabra de su empecinado proyecto está fuera del PSOE y la tiene Pablo Iglesias: es el que puede elegir si le hace más daño dejándolo caer o abrazándolo.