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ABC JUEVES, 14 DE ENERO DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN POR EL BIEN DE ESPAÑA Sánchez y Rajoy tienen en su mano dar una oportunidad al acuerdo con una salida elegante L A constitución de las Cortes Generales se convirtió ayer en un espectáculo circense con banda de música, payasos y maestro de ceremonias encargado de la escenografía, incluida la vergonzosa exhibición de un bebé por parte de su propia madre. A costa del contribuyente, claro. Hacienda sí somos todos a la hora de pagar la cuenta de semejante espectáculo. No es que se abandonaran las formas de un mínimo decoro en el vestir o el comportarse, que también. Es que los integrantes de Podemos, sus mareas y los separatistas que han desembarcado en la Cámara se burlaron de la Carta Magna y, con ella, de todos nosotros, recurriendo a fórmulas grotescas para cumplir con el trámite legal de acatamiento de modo y manera tales a dejar clara su voluntad de afrentarla para terminar destruyéndola. La Constitución, la unidad y, en última instancia, la democracia. Ellos se sienten más cómodos en los movimientos asamblearios de los que proceden, teledirigiendo acampadas callejeras o asaltando capillas universitarias. Ese es el lenguaje que dominan y acabarán imponiendo en el Gobierno de la Nación salvo que el sentido común, el patriotismo, la generosidad y la presión de quienes están en condiciones de presionar con eficacia fuercen a Mariano Rajoy y Pedro Sánchez a renunciar al poder para salvar a España. En el Congreso de los Diputados la mediación de Albert Rivera ha hecho posible un pacto que otor- ga la Presidencia a Patxi López a costa de entregar el control efectivo del mismo a la suma de PP y Ciudadanos. Una especie de gran coalición constitucionalista a escala parlamentaria en la que todos obtienen algo a cambio de una renuncia. Que nadie extraiga de ahí conclusiones precipitadas. Ese acuerdo no se reeditará para la conformación del Ejecutivo mientras Sánchez y Rajoy sigan al frente de sus partidos. Su imposibilidad para entenderse es tan evidente como irreversible y ninguno de los da muestras de estar dispuesto a ceder con tal de favorecer un acercamiento de sus respectivos grupos. Los dos priorizan su propia ambición personal sobre el interés común y ese empecinamiento amenaza con echar a Sánchez en brazos de Pablo Iglesias y su corte de los milagros que hoy pone el grito en el cielo por la traición del socialista pero mañana preferirá en Moncloa a un presidente rehén antes de arriesgarse a perder una oportunidad como ésta. Es cierto que el PSOE insiste en proclamar que no brindará su apoyo a un candidato popular, sea el actual o sea otro. No lo es menos que, más allá de Sánchez, cuyo apetito de poder es desmedido, otros dirigentes más sensatos son conscientes del riesgo inherente a dejar España en manos de quienes apenas ocultan ya su intención de reducirla a escombros. Tampoco en el PP se atreve nadie a reconocer públicamente que Mariano Rajoy se ha convertido en un lastre para el proyecto de centro derecha liberal que llegó a contar con 186 representantes electos, aunque muchos lo confiesan abiertamente en privado. Entre otras cosas porque, si en el mejor de los casos fracasaran los intentos de la izquierda por constituir un frente popular y hubiera que regresar a las urnas, el reparto de fuerza entre los bloques sería prácticamente el mismo y volveríamos a estar como estamos, con un Podemos crecido. Por el bien de España y de los españoles es preciso alcanzar un gran consenso democrático que haga posible gobernar con seriedad ahora mismo, sin dilaciones, empezando por liquidar el golpe de Estado sedicioso perpetrado en Cataluña. Hay que intentarlo al menos, privando de coartadas a quienes buscan otra cosa. Sánchez y Rajoy tienen en su mano dar una oportunidad al acuerdo con una salida elegante. IGNACIO CAMACHO EL ALFIL La mayoría del PP se jibariza sin más consuelo que una pedrea aceptada para ejercer el bloqueo desde la oposición L pensamiento de la derecha no, no es un oxímoron tiene tendencia a enfocar bajo su propia óptica al de la izquierda, lo que con frecuencia conduce a diagnósticos engañosos y soluciones erróneas que son, junto al arte de buscar problemas donde no los hay, la clave de la política según Groucho Marx. La diferencia no es de lenguaje sino de mentalidad y de semántica ideológica; lo que para la derecha significa una cosa tiene un sentido distinto en la acera de enfrente. Lo estamos viendo estos días, y es sólo un ejemplo, en torno a los pactos postelectorales. Bajo el concepto de acuerdo se acogen dos interpretaciones diferentes que dan lugar a un equívoco: mientras el PP intenta un pacto de estabilidad que acoja a los socialistas, éstos sólo se interesan por el modo de excluir a quien les tiende la mano. Así, el reparto de la Mesa del Congreso adquiere para el marianismo un sentido desenfocado. No se trata del primer paso hacia un entendimiento constitucionalista sino de la primera derrota de los populares, que empiezan a comprobar las reducidas dimensiones de su insuficiente victoria. La mayoría relativa del PP se jibariza sin más consuelo que una pedrea secundaria que ni siquiera tendrá poder de bloqueo si no suma sus fuerzas con las de Ciudadanos. Eso es una lógica de oposición. Si el acuerdo deja fuera a Podemos es porque el PSOE pretende adquirir músculo para negociar con ellos lo que de verdad le interesa. Pedro Sánchez no ha cambiado de prioridad: al contrario, siente que está más cerca de su objetivo al arrebatar al adversario una pieza estratégica y situar a un alfil de su color en el centro del tablero. Justo la magistratura que ha de proponer al Rey los candidatos a la jefatura del Gobierno. Por las mismas razones parece precipitada la conclusión de que Patxi López es el primer presidente de la Cámara elegido entre las filas de la oposición. En términos objetivos procede de la minoría pero la intención de Sánchez no coincide con ese planteamiento. El líder socialista no se considera vinculado a ningún compromiso de mayor alcance y el propio recién elegido se apresuró a aclarar que no habrá quid pro quo. Actitud coherente, por otro lado, en quien fue lendakari con el apoyo del PP y jamás hizo un gesto remotamente parecido al agradecimiento. El plan socialista continúa intacto: tumbar la investidura de Rajoy y a continuación propiciar una alianza alternativa con Podemos. Si Pablo Iglesias, que ayer se cabreó a modo, la rechaza tendremos nuevas elecciones. De modo que la derecha, cuya insuficiencia aritmética quedó escenificada en la circense inauguración de la legislatura, carece de motivo alguno para mantener su ensueño optimista de acercamiento a tres bandas. López sólo puede ser el correlato institucional de una nueva mayoría gubernamental de izquierdas o el presidente de las Cortes más efímeras de la democracia. E JM NIETO Fe de ratas