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106 GENTESTILO TV DOMINGO, 10 DE ENERO DE 2016 abc. es estilo ABC David Muñoz, en la cocina de Diverxo, su restaurante más conocido, en Madrid CUATRO El xef dos años del día a día de un cocinero con tres estrellas Michelin Cuatro estrena hoy el programa, después de un estrecho marcaje a David Muñoz FEDERICO MARÍN BELLÓN MADRID Más allá de su aspecto, antes incluso de probar su comida (que roza lo celestial) y sin entrar a valorar las tres estrellas Michelin de Diverxo, David Muñoz o Dabiz Muñoz, como se empeña en escribir con ortografía mohicana trufa su discurso de argumentos con fundamento. En primer lugar, si se considera un genio tiene el buen gusto de no confesarlo; prefiere remarcar la dedicación, el esfuerzo y los sacrificios que conlleva su obsesiva búsqueda de la perfección. La anécdota con la que narra el origen de su sueño demuestra que además tiene buen gusto. Cuenta que a los doce años sus padres lo llevaron a cenar a Viridiana y que fue en aquel templo donde vio la luz y, en secreto, se dijo a sí mismo que quería seguir los pasos de Abraham García. Se convirtió en un adolescente distinto, que prefería rondar la puerta del restaurante para hablar unos minutos con el genio. Su primera hambre fue de conocimientos. Esta noche, a las 21.30, David Muñoz estrena en Cuatro El xef que no es un programa de cocina ni un reality, pero tiene algo de ambos. Las cámaras (el cámara, convendría precisar) han seguido al cocinero durante dos años seguidos para resumir en cuatro capítulos de una hora cómo es su trabajo y su vida, valga la redundancia. A Muñoz no le atraían los medios de comunicación, pero su participación en Planeta Calleja programa que lo llevó al Perú, y su intervención en MasterChef quizá le hicieron perder los últimos resquemores. De la mano de David Miralles y de María Ruiz Calzado, de la productora Zanskar, llegó al pacto de permitir que lo siguieran a cambio de no posar ni un minuto: La cámara vendría a la cocina, pero yo nunca saldría para buscar la cámara. No estoy dispuesto a grabar nada para que quede bonito. La condición era no falsear insiste. Entiendo la televisión comercial, pero no me veía motivado para provocar situaciones o repetirlas ante la cámara. No se puede hacer nada más honesto y eso en televisión es decir mucho Lo bueno y lo malo El programa, además, no es un retrato amable del creador. También muestra su perfil más tirano. Solamente vale la puta perfección y hasta que no te lo metas en la cabeza no entenderás nada grita a un ayudante, que David Muñoz La cámara venía a la cocina, pero yo nunca salía para buscar la cámara. No estaba dispuesto a grabar nada para que quedara bonito. La condición era no falsear David Miralles, productor del programa Es lo más intenso y loco que he hecho en veinte años trabajando en televisión. La premisa era mostrar la verdad y quién era David Muñoz de verdad confesará en un aparte lo difícil que es contentar a su jefe: De cada cinco cocineros nuevos que entran, tres se van el mismo día El xef sigue a su protagonista allá donde va, pero también es el relato de ese sueño adolescente que se materializó en un zulo con una cocina diminuta, pero que tenía seis meses de lista de espera narra orgulloso. David presume también de pasar allí 16 horas al día, seis días a la semana, y de haber dormido en su almacén durante meses. El último trabajador cerraba por fuera a las dos de la madrugada y él se quedaba encerrado, hasta que su padre iba a abrir y a desayunar con él. Mariano Blanco, director de Antena de Cuatro, lo define sin malgastar palabras: Es un yonqui de la cocina David Miralles, quien más horas ha pasado a su lado estos meses, incluida Cristina Pedroche, asegura que el programa es lo más intenso y loco que ha hecho en 20 años trabajando en televisión. La premisa era mostrar la verdad y quién era David Muñoz de verdad El protagonista insiste en que la prioridad era su trabajo, saliera bonito o feo Sé que el proyecto se sale de la televisión comercial. Es algo nuevo sobre alta cocina y sobre alguien que persigue sus sueños añade. En El xef vemos a Muñoz cocinar,