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70 CULTURA DOMINGO, 10 DE ENERO DE 2016 abc. es cultura ABC Felipe Conde, fabricando una guitarra en su centenario taller FOTOS: JOSÉ RAMÓN LADRA ABC visita el taller de Felipe Conde, de donde han salido las guitarras de Paco de Lucía, Al Di Meola o Lenny Kravitz Los secretos de una centenaria saga de lutieres DAVID CALZADO MADRID S e ha cumplido un siglo desde que Domingo Esteso iniciase un trabajo artesano que continuaron sus sobrinos Faustino y Mariano Conde, los hijos de éste, y que hoy prosigue la cuarta generación de lutieres de la familia. Cien años conviviendo con la liturgia diaria de moldear maderas de ciprés, palo santo o abeto para que sean llevadas a las tablas por algunos de los más grandes músicos, desde Niño Ricardo a Paco de Lucía pasando por Al Di Meola, Tomatito, Leonard Cohen o Lenny Kravitz. En el sótano de la calle Arrieta número 4, frente al Teatro Real, siempre huele a serrín y suena a guitarra. Esta mañana es el tocaor José Tomás Jiménez, bordón minero de 2014, quien prueba los instrumentos que le va ofreciendo Felipe Conde. Su sonido se mezcla con el de la lija que sale del cuarto del fondo. Allí, sobre el potro banco de trabajo del taller, María y Felipe Conde, la nueva generación, se pelean con suavidad con la madera. Tres guitarras hechas en esta casa riano, responsables de la decisión de ir abandonando la construcción de laúdes y bandurrias para especializarse en la sonanta. Felipe Conde es el continuador, junto a su hermano Mariano, de esa tradición, de ese modo de vida que es crear artesanía para el arte. Para este Un sello artesanal En 1915 Domingo Esteso puso su firma por primera vez en una guitarra en su taller de instrumentos de cuerda donde los instrumentos de pulso y púa eran los más demandados. Fue el inicio de un sello artesanal que continuaron sus sobrinos Faustino y Ma- lutier, que compaginó el trabajo en el taller desde los 14 años con la carrera de Derecho, uno de los grandes hitos de la empresa fue la construcción de la primera guitarra flamenca de concierto para Paco de Lucía. Eran los años 70 y el genio de Algeciras se implicó plenamente en el proceso que dio como resultado la primera bajañí flamenca que se hacía con madera de palo santo, algo que después se convirtió en habitual. Además, se le añadió un mástil especial que alcanzaba casi los 67 centímetros de tiro entre las dos cejillas. Fue una pieza extraordinaria que solo podía tocar él. Esta fue una de sus primeras invenciones en el flamenco, antes de incorporar a su música el cajón o el saxo apunta Conde. Esa guitarra, a la que llaman la negra por lo oscuro de la madera, ya llevaba en la punta del clavijero esa media luna que marca los ejemplares de más calidad de esta marca madrileña y que hoy pueden identificar desde lejos profesionales y aficionados a la música. Mi comodidad con mi guitarra es mi todo, como flamenco en este caso; y ese todo desmesurado es a la vez be-