Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
46 INTERNACIONAL DOMINGO, 10 DE ENERO DE 2016 abc. es internacional ABC El frágil pacto a la portuguesa con el que sueña Pedro Sánchez Muchas son las diferencias de los socialistas lusos con sus socios de la izquierda radical FRANCISCO CHACÓN CORRESPONSAL EN LISBOA los 19 del Bloco de Esquerda (formación creada 17 años atrás pero que hoy se ha arrogado un papel similar a Podemos) y los 17 de la CDU, un conglomerado capitaneado por los comunistas y arropado por los ecologistas del PEV. Así fue como se gestó la Moción de Rechazo que tumbó a Coelho, momento cumbre para el giro orquestado sobre unas bases más que frágiles. Cierto que el Partido Socialista pudo formar gobierno con semejante ayuda, pero nunca se cerró un verdadero pacto global: sólo acuerdos puntuales de forma bilateral, dado que Catarina Martins (BE) apenas se habla con Jerónimo de Sousa (PCP) Además, ninguno de estos dos partidos (convencidos a regañadientes, en vista de que propugnaban salir del euro y de la OTAN) ha sido invitado a integrar el Ejecutivo. Cuando ellos lo consideran oportuno, arropan a António Costa, pero en otras ocasiones no dudan en dejarle tirado, como sucedió días antes de Navidad al aprobar la rectificación de los Presupuestos de 2015. No hubo más remedio que ajustar tal plan económico porque el Banco Internacional de Funchal se hallaba al borde de la quiebra y se optó por vender sus activos buenos al Santander por 150 millones de euros. Eso implicará grandes sacrificios del erario público, que se trasladarán a los ciudadanos. Los socialistas insisten en que se trataba de la solución menos mala, pero a sus escépticos socios no les hizo ninguna gracia. El camino hacia el Gobierno socialista en Portugal no ha sido precisamente de rosas. António Costa, que aún no ha sofocado las voces discordantes en el seno del partido por su estrategia, en absoluto, se erigió en el triunfador de las pasadas elecciones legislativas del 4 de octubre y sólo pudo sumar los votos suficientes para encaramarse al poder aferrándose a un distanciamiento voraz de la postura de su antecesor en las mismas filas, el hoy en la picota José Sócrates, acusado de corrupción. Sólo así puede entenderse que Costa se negase reiteradas veces a aceptar la mano tendida que le brindaba el ex primer ministro conservador, Pedro Passos Coelho, para dar crédito a la denominada gran coalición Adiós a la etapa conciliadora, pensó, y bienvenida a una nueva era, plagada eso sí de incertidumbres y dificultades sobre la marcha. La venganza siempre se sirve fría y don Antonio permaneció impasible cuando el presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, se decantó de nuevo por Passos al frente del Ejecutivo. Sabía Costa que las cuentas no le iban a salir, pues se había quedado a las puertas de la mayoría absoluta (107 para la coalición de centroderecha Portugal à Frente, a nueve del umbral necesario) y él podía aprovecharse de la situación creada porque sus 86 escaños se convertirían en 122 agregando António Costa, el día en que su partido rechazó en el Parlamento el Gobierno en minoría de Passos Coelho AFP EL DEBATE SE CENTRA EN LA AUSTERIDAD Sin rastros secesionistas al otro lado de la frontera F. C. LISBOA El Gobierno liderado por el socialista portugués António Costa dista mucho de ser un tripartito sólido y sus diferencias con el caso español son tan acusadas que únicamente la apariencia puede considerarse un espejo. Pero el PSOE de Pedro Sánchez se empeña en dar la imagen de que una ola progresista recorre el sur de Europa, aunque sea viviendo de hitos dudosamente encomiables. Por ejemplo, es la primera vez en la historia del país vecino que no gobierna la lista más votada, igual que pue- de considerarse pionera la fórmula del PS sustentado por la izquierda más radical, semillero para un colchón nada lineal. Ahí está la obcecación del PSOE, que choca en primer lugar con los porcentajes logrados en las legislativas de hace tres meses. Sus homólogos lusos se hicieron con un 32,2 de los votos, mientras que Ferraz sólo puede jactarse de haber alcanzado el 22 en España a causa de la mayor fragmentación existente aquí. Pero, sin duda, la mayor divergencia se dibuja si tenemos en cuenta que los nacionalismos no existen al otro lado de la frontera, ni siquiera en Opor- ejemplo, el colapso de los pagos a las to (gran rival de Lisboa) o en Madeira, farmacias parece haberse evaporado. donde la contestación al poder central Además, el sistema presidencialispuede calificarse de anecdótica com- ta de Portugal termina de configurar parada con la elevada cesión de com- un panorama político absolutamente petencias que se registra en Barcelo- distinto, de modo que hurgar de mana, Vitoria y Santiago de nera forzada en unas simiCompostela. Separatismo litudes difíciles de probar Esta circunstancia deno parece la mejor opción Los semboca en la inexistenen la práctica. nacionalismos cia de presiones indepenEl hecho de que ningún no existen en dentistas, una de las prinpartido portugués pretenPortugal, ni cipales ruedas en el da romper la unidad del camino transitado después país supone un matiz desiquiera en del 20- D. cisivo en el eje político. Es Oporto o De esta forma, el debaalgo así como remar todos Madeira te político en Portugal se en la misma dirección. centra en si la población A ningún ciudadano debe continuar soportando la auste- luso se le podría pasar por la cabeza ridad o no. Sin embargo, España ve que Tras- os- Montes, el Algarve o el cómo el secesionismo catalán acapa- Alentejo quisieran separarse o al mera tal protagonismo que, por poner un nos reclamaran un estatuto de auto-