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ABC DOMINGO, 10 DE ENERO DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS LA TOMA DE LA CARTERA ¿Qué necesidad había de restregarnos los privilegios de los diputados? E N esta nación a la que muchos llaman país por no nombrarla por su bendito nombre de España, tan poco dada a conservar sus ritos históricos y tradiciones seculares y en la que incluso la desaparición de la mayor parte del riquísimo ceremonial de la Corona es presentado como un triunfo de lo democrático (matrimonios morganáticos incluidos) acabamos de inventar una tradición parlamentaria, que a algunos, como a servidor, más que un respeto imponente como El Piyayo de José Carlos de Luna nos da vergüenza ajena. A saber: la solemne y pública trincadeira por parte de los recién elegidos diputados a Cortes, en solemne y muy fotografiado y televisado acto de entrega, de una carísima cartera de Loewe, igualita, igualita a la que cogen por la cara los ministros. Los españoles somos únicos inventando cosas absurdas y, como luego explicaré, derrochando el dinero público. ¿No había antes ministros sin cartera que estaban de libres oyentes en el Gobierno, sin cometido especifico? Pues ahora hemos inventado justo lo contrario: la cartera sin ministro. Y hemos celebrado la Toma de la Cartera por los diputados como la de hábitos de una monja o la de Granada por los Reyes Católicos. Les han dado la cartera a todos los diputados del Congreso. Ninguno, que yo sepa, la ha rechazado y ha dicho que gracias, que se la compra de su bolsillo, que para eso le pagamos un sueldo. Esa cartera tiene que costar un dinero. Y si sólo fuera la cartera... No ha salido en las fotos de la Toma de la Cartera, pero a cada diputado le han dado, por la cara, un ordenador portátil, una tableta informática y un teléfono móvil, con su correspondiente gratuidad de enganche a internet y la biblia en pasta cibernética; más un carné para el gratis total en aviones, trenes y taxis. Ah, y dietas aparte. De Rajoy a Iglesias, aquí todo el mundo ha cogido la cartera y ha salido corriendo. Comprobando que a los escolares no les pagamos la mochila, que se la tienen que comprar sus padres, y contemplando a algunos diputados de la Castuza gozando el estreno de mamela, me han dado ganas de gritar como cuando un ratero apaña una cartera en el autobús: ¡A ése, a ése! ¡Cogedlo ahí, que se lleva mi cartera! Sí, mi cartera: la que le hemos pagado usted y yo a estos señores. Que trinquen la cartera de Loewe los diputados del PP hasta tiene cierta coherencia. Montoro, por ejemplo, nos ha dejado a los españoles con la cartera vacía, de tanto IVA, tanto IBI, tanto IRPF y tanta sigla para dejarnos limpia la de Ubrique. Pero ¿y los de Podemos e islas adyacentes? ¿No decían que venían de puros, que no pertenecían a la Casta? Pues ahí los tienen: trincando la cartera y sus mamandurrias conexas como si les fuera la vida en ello. Los de Podemos han exhibido la cartera de diputado que han trincado por la cara como un trofeo de guerra. Lo mismito, lo mismito que tremolaban los bastones de alcaldes cuando llegaron a los ayuntamientos... puestos en el sillón con los votos del PSOE en la mayoría de las ocasiones. No habré de ser yo quien les llame carteristas no vayamos a tenerla, pues no quiero fías, ni porfías ni cuestión con Podemerías. ¿Pero qué necesidad había de restregarnos por la cara a los españoles los privilegios, prebendas, mamelas, mangoletas y mamandurrias de los diputados, simbolizados en la carísima cartera de Loewe? Si luego decimos que todos los políticos son iguales nos acusan de antidemócratas y derrotistas. Pero a la hora de trincar la cartera de Loewe y salir corriendo sí que lo son. Todos. En cuanto los he visto roneando de cartera, por si las moscas me he palpado la mía y me he puesto de caballero de la mano en el pecho o de Obama escuchando su himno nacional. Nunca se sabe cómo acabarán nuestras carteras con estos tíos, de derechas o de izquierdas (insisto, todos) que han trincado tan solemne y públicamente la suya de diputados. IGNACIO CAMACHO UN PRESIDENTE CUALQUIERA Si el secesionismo aprieta el acelerador esperan semanas de tensión máxima. El Gobierno está en funciones, el Estado no ODO por el prusés. La deriva de la secesión está arrollando el sistema político catalán, cuya estructura ha quedado deconstruida y subordinada por completo al proceso rupturista. La pirueta final de la investidura demuestra que el soberanismo es consciente de haber tocado techo; en unas nuevas elecciones no repetiría siquiera el 48 por ciento de los votos, salvo que contasen en su bando los que pudiera recibir Podemos. Por evitar un nuevo retroceso y el descalabro completo de lo que queda de su partido, Mas ha aceptado la entrega de su cabeza para presentarse como lo que en su día ofreció ser: un mártir de la independencia. De momento es sólo un dirigente descarrilado por su propio impulso. Las instituciones catalanas se han convertido en un mero soporte instrumental de este desvarío autopropulsado que ya nadie sabe exactamente quién controla, y en el que lo único claro es que puede ser presidente cualquiera. Han puesto a un Claudio encontrado tras las cortinas, a uno que pasaba por allí aunque bien es cierto que iba en la lista por delante del supuesto líder. Y pertenece al núcleo duro del separatismo, el de los doctrinarios del destino manifiesto. El objetivo de esta cabriola in extremis es ganar tiempo para aprovechar el vacío relativo de poder en el Estado. En concreto, dos meses, si no seis, lo que tarde en formarse el nuevo Gobierno de España. En ese plazo, un Gabinete en funciones se puede encontrar con el desafío de la hoja legislativa de ruptura impulsada por la amalgama parlamentaria secesionista, cuyo desarrollo afectará con toda probabilidad a las negociaciones de investidura en Madrid. En teoría se trata de otro obstáculo más para el plan de alianza multipartita de Pedro Sánchez, que tendrá más difícil aún el acuerdo con los partidos sediciosos catalanes. Pero la lógica política se ha roto bajo una presión crítica; estamos ante una brújula averiada que puede acabar señalando cualquier punto cardinal. Ya no hay pronósticos. Tal vez el nuevo Govern de Puigdemont aplique una táctica dilatoria, un tanteo de baja de intensidad hasta que se resuelva el puzzle nacional. Pero si aprieta el acelerador esperan semanas de tensión máxima en las que el único anclaje posible reside en las instituciones que no están sometidas al juego electoral. El Gobierno está en funciones, el Estado no. Es probable que el Tribunal Constitucional tenga que asumir decisiones de gravedad en una situación de vacío político inédita desde la Transición, donde al menos siempre hubo poderes ejecutivos firmes. Habrá que permanecer atentos al Senado, donde la Constitución residencia las respuestas excepcionales ante desafíos a la integridad territorial. Y tiene mayoría absoluta del PP. Los vasos comunicantes entre Cataluña y el resto de España son ahora más delicados y frágiles que nunca. Y su equilibrio se puede romper con cualquier sacudida brusca. T JM NIETO Fe de ratas