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12 ENFOQUE DOMINGO, 10 DE ENERO DE 2016 abc. es ABC semana La foto de la REUTERS Mein Kampf vuelve a Alemania La biblia del nazismo LUIS DEL VAL A mí, particularmente, la prohibición en Alemania del libro de Adolf Hitler, Mein Kampf me pareció una solemne estupidez, avalada por la costumbre, como el del banco recién pintado del que hablaba Alfonso Guerra que, meses después, continuaba vigente la prohibición de sentarse, aunque ya la pintura estuviese tan seca que hubiera que darle otra mano. Se entiende la prohibición tras el final de la II Guerra Mundial, pero es absurdo que, todavía, en los Países Bajos, siga vigente la prohibición de imprimir, editar, distribuir, comprar y vender el libro. Ya bastante comenzado el siglo XXI las autoridades alemanas se dieron cuenta de que el libro no sólo podía comprarse en decenas de países, sino que cualquiera se lo podía descargar gratis por internet, en varios idiomas, incluido el alemán. Los libros no son peligrosos, los peligrosos son los seres humanos que interpretan o se dejan arrebatar por algunos libros. Es como si creyéramos que prohibiendo el Corán se iba a acabar con el sarampión de los degolladores y la epidemia terrorista que nos tiene en vilo en nuestros países y está arruinando a otros, como Egipto, porque los turistas occidentales no se atreven a viajar. El libro contiene algunas tonterías, algunas definiciones aproximadas a la realidad, como la que hace del comunismo, y expresa su convencimiento de que su autor es el superhombre al que se refería Nietzsche en Así hablaba Zaratustra de la misma manera que expresa la necesidad alemana de extenderse hacia el Este, o sea, invadir Polonia que es lo que le suscita a Woody Allen escuchar a Wagner. El libro lo escribió en la cárcel, cuando estuvo prisionero por su intento de golpe de Estado, y parece que Rudolf Hesse le servía de copista o secretario. No fue un best- seller cuando salió a la venta, aunque, eso sí, cuando Hitler llegó al poder regalaba un ejemplar a los nuevos matrimonios, esa vanidad del escritor satisfecha por el dictador. Naturalmente afirma que los judíos quieren el poder mundial con el mismo simplismo con el que Sabino Arana otro gran autor avisaba del peligro de que los maquetos contaminaran a la raza vasca. Pero, repito, el libro no es la bomba. La bomba son los estúpidos que se toman como dogmas de obligado cumplimiento lo que se escribe en algunos libros. O, mucho peor, se arrogan la soberbia de interpretarlos. Y de eso sabemos algo judíos, musulmanes y cristianos. El guión de una infamia Un librero de Múnich hojea uno de los ejemplares de Mi lucha que ofrece a sus clientes