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ABC MIÉRCOLES, 6 DE ENERO DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS LAS FLEQUIS ¿Por qué las tiorras separatistas, ora vascongadas, ora catalanas, ora de Bildu, ora de CUP, han de ser tan feas? E NRIQUE Montiel, almirante de las letras andaluzas que tiene su buque- insignia amarrado a un noray de plata quieta de la Caleta en la Real Isla de León, vulgo San Fernando, aparte de exégeta de su paisano Camarón, del que ha escrito una biografía sobrada de compás, tiene la gracia de la Bahía para poner nombre a las cosas. Esos Adanes gaditanos que en su paraíso de la marea vacía con luna llena clavan la realidad con una palabra. Y Montiel le tiene puesto nombre certero a mi querido y leído Pepe Oneto, con quien en compañía de mi compadre Alfonso Ussía he echado los mejores ratos en los mangazos de viajes internacionales que le pegábamos a la Philip Morris de Tito Hombravella, ora en el Moscú donde la momia de Lenin tembló al ver la corbata de Carrascal y donde por cinco dólares le compró el gorro con la estrella roja a un guardia de su tumba; ora en la República Sudafricana, donde descubrimos que el Príncipe Mangosuthu Buthelezi vestía de Pepe Marchena, cruzado con Porrinas de Badajoz y con Jesús Aguirre. Montiel, con todo cariño, como el que yo le tengo, llama El Flequi de la Isla a Pepe Oneto. ¡Bingo en la denominación de origen! Desde que se retiró El Cordobés y, con la coleta, se cortó también el apéndice capilar que le caía sobre la frente, no ha habido en España flequillo más famoso que el de Pepe Oneto. Cumple las mismas funciones que la histórica ensaimada capilar de Anasagasti. Pero lo siento mucho, Pepe: ya eres el príncipe destronado del Flequillo de España. ¿Tú has visto el uniformado flequillo de las tías que han mandado a por tabaco a Arturo Mas, a las dirigentes de la CUP separatista catalana? ¡Esos sí que son flequillos, y que se quiten El Cordobés y Oneto! Al igual que a las pelorratas proetarras de Bildu les dicen genéricamente Las Nekanes estoy por sacar de pila como Las Flequis a estas horrorosas nekanes de la CUP, que aunque ronean de separatistas han prestado a España el impagable servicio de mandar a Mas a tomar por saco y de parar de momento el procés que es como le dicen ahora a lo que antes era soberanismo, luego derecho a decidir y más tarde autodeterminación de los encubridores del 3 por ciento y de Los Siete Niños de Pujol, su puñetero padre y esa madre que parece talmente la Seisdedos, sólo que sin ladrillo dentro del bolso para endiñarle al que va vestido de arlequín. Y yo me pregunto, Montiel, Oneto, queridos e ilustres hijos de la Real Isla de León: ¿por qué las tiorras separatistas, ora vascongadas, ora catalanas, ora de Bildu, ora de CUP, han de ser tan feas? ¿Por qué van todas a peluqueros centralistas y españolistas, que se vengan de sus ideas separatistas haciéndoles esos peinados mortales de necesidad, de pelorratas a las Nekanes, con flequillos cortados con tiralíneas o con minipímer, como de Colón en su estatua de las Ramblas, a Las Flequis de la CUP? Yo, que soy monárquico por razones estéticas, por las mismas razones me repugna el separatismo, amor a la Patria aparte. ¿Por qué tiene que pedir la separación de Cataluña un tío tan feo como Junqueras? ¿Por qué los de ERC tienen que usar esas camisas negras mussolinianas, que las ves por la tele y te tira para atrás su olor a sudorina, del tiempo que hace que no se la cambian? Y cuando hay uno que va de guapito de cara, como de anuncio de loción para después del afeitado, cual Arturo Mas, vienen Las Flequis y lo mandan a la mismísima Venta del Nabo. A su lado, Las Supremas de Móstoles son Miss España. A su lado, las tres fulimandús de can- can de Toulouse- Lautrec o de saloon del Far West que han hecho de magas republicanas en Valencia, son Miss Universo y Miss Mundo en una sola pieza. En tiempos del cardenal Segura se decía que las había feas, feísimas y de Acción Católica Ahora las hay feas, feísimas, nekanes pelorratas y Flequis de la CUP No es que quieran separarse de España: es que quieren que las echemos. Por horrorosas y antiestéticas. IGNACIO CAMACHO LA FANTASÍA INTERVENIDA El relato doctrinario asalta incluso los pliegues de la imaginación, los inocentes espejismos de la infancia O perdonan ni la inocencia de los niños. El proyecto leninista es un designio totalitario de ingeniería social que pretende encajar todas las relaciones humanas en la uniformidad de un marco ideológico. En ese empeño no caben excepciones, y mucho menos las relativas a mitos simbólicos o sentimentales que puedan determinar espacios íntimos de libertad fuera del control del pensamiento hegemónico. Cómo iban los profetas del nuevo orden a soslayar en su propósito revisionista la fiesta de los Reyes Magos; una tradición secular sobre la que invadir con su pedagogía doctrinaria el blando, germinal territorio de la infancia. Ese sentido implacable del dogmatismo no concede margen a la fantasía. Necesita operar sobre cualquier categoría emocional para colonizar todos los ámbitos de la conciencia. Plantar su huella en cualquier predio interior, reescribir todo relato, por nimio que sea, susceptible de albergar valores colectivos diferentes. Asaltar incluso los recónditos pliegues de la imaginación, modificar la sustancia etérea de los más inocentes espejismos. Implantar la cuota de ideología hasta en las candorosas liturgias de la niñez. Prohibir, y en su defecto reconducir, organizar o intervenir los sueños. Por eso se han apresurado a manosear las Cabalgatas, que son la expresión escénica de una benévola superchería, de una dulce mentira destinada a preservar la expectativa ingenua de un mundo mágico. En su mentalidad sectaria, la ultraizquierda desconfía de la dimensión catártica de las quimeras y trata de permeabilizarlas de conceptualidad política: que nada escape al diseño preconcebido por los agentes de la policía del pensamiento. Que no haya otra felicidad viable que la que pueda controlar el poder ni otra utopía distinta a la de su plan igualitario. Que no existan siquiera embustes libres ni mentiras piadosas. Que la narrativa de la ilusión infantil se ajuste a la plantilla de aridez moral de la corrección adulta. Se trata, en el fondo y también en la forma, de un mecanismo de intervención sobre la memoria. La fiesta de Reyes es un inmenso depósito de melancolía en el que los mayores rebuscamos las señas de identidad perdidas en el proceso de adaptación a las certezas de la vida. Eso es lo que ofrecemos a los niños: la voluntad de hacer realidad por un día su mundo sin amarguras ni desengaños. Y ahí es donde se han metido las nuevas autoridades locales con su pesadez doctrinal y su rígido tostón regulador: en la reserva memorial de una tradición, en el bucle sagrado de las leyendas. Colocando sus sucias manos doctrinarias sobre esas ficticias coronas cuyo oropel deslumbra la esperanza infantil. Dando la matraca sectaria para impedir que al menos durante una noche la vida quede blindada contra sus propias imperfecciones y parezca, sólo parezca, hecha de la materia invisible de los deseos. N JM NIETO Fe de ratas