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ABC LUNES, 4 DE ENERO DE 2016 abc. es ENFOQUE 5 DIARIO DE UN OPTIMISTA NUESTRO FUTURO SE DECIDE EN ASIA POR GUY SORMAN El gran temor de Japón, que también debería ser el de los europeos, si mirasen al lugar correcto, es que Corea del Sur, que ya está muy vinculada a China en el terreno económico, acepte el acuerdo que pone sobre la mesa el presidente chino Xi Jinping: la reunificación de las dos Coreas con la condición de que estas se vuelvan neutrales se dotaría de armas nucleares no está lejos de hacerlo y se convertiría en una potencia militar temible, lista para enfrentarse a China. La opinión pública en Japón es más bien pacifista, pero el sentimiento antichino crece rápidamente. Entretanto, China lograría controlar el norte del océano Pacífico. Al mismo tiempo, más al sur, entre Vietnam y Filipinas, China multiplica los islotes artificiales, transformables en bases navales, que, a la larga, también controlarán, pero por el sur, el tránsito marítimo de Asia hacia Europa y EE. UU. la principal arteria de la globalización. En esta ruta, por la que se transportan todos nuestros aparatos electrónicos, entre otras cosas, se puede circular libremente hoy en día bajo la protección de la VII Flota estadounidense. Los dirigentes chinos aspiran a expulsarla y sustituirla por su propia Marina. Eso significaría el fin del libre intercambio entre Occidente y Oriente, la probable caída de Taiwán y la asfixia de Japón si lo permitiese. Esa es la estrategia de China, que podemos consultar libremente en numerosas obras publicadas en Pekín; los dirigentes chinos no ocultan que quieren llegar a un reparto del mundo entre EE. UU. en Occidente, y China, en Oriente. Se trata de una falsa simetría en este mundo bipolar, porque el papel de EE. UU. en Occidente, especialmente a través de la OTAN, es aceptado, mientras que el conjunto de los vecinos de China, que se muestran hostiles a ese Gobierno al mismo tiempo imperialista, comunista y antidemocrático, luchan contra sus ambiciones. Pero los dirigentes chinos tienen una estrategia y, paso a paso, la llevan a cabo; la única estrategia que tiene Occidente es el statu quo, pero no tiene ninguna voluntad clara de mantenerlo. Japón sigue siendo la única baza occidental en Oriente, pero el pueblo japonés no irá a la lucha solo. Esta es la situación actual y la importancia de este acuerdo, aparentemente insignificante, relacionado con el destino de 46 desafortunadas coreanas, cuya media de edad es de 90 años. Pero en una partida de Go cada movimiento es decisivo, siempre que lo detectemos y nos anticipemos al siguiente movimiento. M IENTRAS en Europa nos enzarzamos en peleas de política interior y libramos una guerra bastante blanda contra los islamistas radicales, en el nordeste de Asia ocurren acontecimientos que, vistos desde aquí, pasan desapercibidos, pero es posible que estos acaben siendo determinantes para los tiempos que se avecinan. Piensen, por ejemplo, en la importante concesión que el primer ministro japonés Shinzo Abe acaba de realizar a la imperiosa presidenta de Corea del Sur, Park Geun- hye. Japón reconoce su culpabilidad en la explotación de varios miles de esclavas sexuales coreanas durante la II Guerra Mundial, y otorga una indemnización del Estado de un total de ocho millones de dólares a las supervivientes; hay 46 de ellas censadas, y todavía viven en Seúl en un centro de acogida llamado curiosamente la Casa de la Armonía. En ese lugar, de vez en cuando las presentan a los periodistas y a los políticos de paso para reclamar los derechos de Corea y subrayar las exacciones del imperialismo japonés. La causa coreana es justa, pero, estos últimos años, se ha convertido un tanto en propaganda. La presidenta Park Geun- hye, cuyo padre, Park Chunghee, fue el dictador militar de Corea del Sur desde 1962 hasta 1979, acaba de prohibir en su país la venta de una obra detallada y seria sobre el tema. La autora, una universitaria coreana llamada Park Yuha, muestra su complejidad y revela el hecho de que esta prostitución estuvo gestionada, básicamente, por colaboradores coreanos. El propio Park Chung- hee fue un alto mando del Ejército japonés que ocupó China durante la II Guerra Mundial. Parece que su hija quiere ocultarlo con su demagogia antijaponesa. No obstante, el Gobierno japonés ha cedido, no tanto por contrición, sino más bien para restablecer, si es que se puede, unas relaciones normales con Corea del Sur. El gran temor de Japón, que también debería ser el de los europeos, si mirasen al lugar correcto, es que Corea del Sur, que ya está muy vinculada a China en el terreno económico, acepte el acuerdo que pone sobre la mesa el presidente chino Xi Jinping: la reunificación de las dos Coreas con la condición de que estas se vuelvan neutrales. La oferta china es la versión asiática de una maniobra soviética de la década de 1970, cuando propuso la reunificación de Alemania a cambio de su neutralidad, lo que se llamaba por aquel entonces la finlandización de Europa, es decir, una Europa neutral bajo la tutela soviética, que seducía mucho a la extrema izquierda occidental. Los dirigentes alemanes no cayeron en la trampa, pero la presidenta Park Geun- hye, que no muestra una gran pasión por la democracia y la transparencia, podría pasar a la historia como la reunificadora de su país. ¿Cómo reaccionaría el Ejército estadounidense, con 70.000 hombres acantonados en Corea del Sur? Con Obama de presidente, es posible que no reaccionase en absoluto. ¿Japón? Probablemente, Corea del Sur Japón sigue siendo la única baza occidental en Oriente, pero el pueblo japonés no irá a la lucha solo. De ahí la importancia de este acuerdo, aparentemente insignificante, relacionado con el destino de 46 coreanas