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ABC SÁBADO, 2 DE ENERO DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA EL ENIGMA RUSO Rusia guarda en su alma un enigma precioso que los corifeos del anticomunismo han tratado de oscurecer a toda costa ECÍA Churchill, ateo, masón y (lo que aún resulta más imperdonable) escritor ful, que Rusia es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma Lo que en verdad resulta enigmático es que Churchill se convirtiese en ídolo de todos los conservadores y católicos zombis, que llevan setenta años dándonos la matraca hagiográfica con tan nefasto personaje; los mismos, más o menos, que llevan colgados de la brocha del anticomunismo para justificar su grotesca rusofobia. Chesterton ya nos advertía hace casi un siglo que quienes execran las calamidades remotas del comunismo son los mismos que nos distraen de las cercanas tropelías del capitalismo. Y, en efecto, el anticomunismo ha sido una especie de implante emocional entre la gente de derechas que, mientras el comunismo soviético se mantuvo en pie, sirvió al capitalismo para convertirnos en una colonia descristianizada; y todavía hoy, cuando el comunismo soviético lleva muerto más de dos décadas, sigue sirviendo a modo de espantajo paranoide para alimentar entre esta misma gente la rusofobia más rabiosa y truculenta. Pero, como afirmar que el país que defiende los valores tradicionales y ha abierto más de veinticinco mil iglesias en las dos últimas décadas es comunista empieza a resultar, en verdad, un poco chusco, los corifeos del anticomunismo engatusan a la gente de derechas más sugestionable con la matraca de la antañona pertenencia de Putin al KGB. D Pero, acaso sin pretenderlo, el ateo, masón y escritor ful Winston Churchill tenía algo de razón cuando soltó aquella charada inepta. Rusia, en efecto, guarda en su alma un enigma precioso que los corifeos del anticomunismo han tratado de oscurecer a toda costa, logrando incluso que los católicos zombis (a la postre más atentos a la propaganda anticomunista yanqui que a los mensajes de la Cueva de Iria) se lo tragaran. Prueba de que Rusia guarda un enigma precioso en su alma es que todas las gentes infectadas de odio teológico, lo mismo progres que liberales, la denuestan con efusión de espumarajos; prueba de que Rusia guarda un enigma precioso en su alma es que todos los chiringuitos del mundialismo tratan de desprestigiarla del modo más burdo ante las masas cretinizadas (muy recientemente, por ejemplo, la hedionda Amnistía Internacional) prueba de que Rusia guarda un enigma precioso en su alma es que el enemigo histórico por antonomasia de la Cristiandad, el pérfido turco, no puede disimular su rabia y su encono contra ella; prueba de que Rusia guarda un enigma precioso en su alma es que ha logrado que muchas gentes, hasta ahora apuntadas al conservadurismo panoli y al catolicismo zombi, estén empezando a abrir sus ojos legañosos de anticomunismo con la intervención de Rusia en Siria. Y es que la intervención de Rusia en Siria nos ha enseñado muchas cosas. Nos ha enseñado, por ejemplo, que la alianza internacional contra Estado Islámico era un cuento chino; nos ha enseñado que las alimañas de Estado Islámico han sido armadas y sufragadas por el mundialismo; nos ha enseñado que Turquía es un Estado criminal que comercia con un petróleo amasado de sangre y sirve de refugio a los terroristas; y muchas más cosas que no me caben en el artículo. En alguno de sus discursos, Putin afirmó que una gran potencia no debe serlo sólo desde un punto de vista político o militar, sino también moral y espiritual. Ojalá Rusia sea fiel a este desiderátum y logre alumbrar al mundo el misterio que custodia en su alma; pues, si se conforma con la línea de pragmatismo que ciertos sectores de enemigos infiltrados tratan de inspirar en Putin, Rusia terminará siendo una colonia más del mundialismo. IGNACIO CAMACHO PARSIMONIA Centenares, acaso miles de proyectos de inversión están pendientes de un proceso político de indolencia crónica D JM NIETO Fe de ratas ESDE la puntual y eficaz Gran Bretaña a la fallida Grecia, varias naciones de la UE resuelven en pocos días los trámites de constitución de sus Parlamentos y, salvo complicación grave en el juego de mayorías, de los Gabinetes ejecutivos correspondientes. Son países que entienden que los asuntos públicos requieren, por respeto a los ciudadanos y contribuyentes, atención apremiante y diligencia inmediata. En España el Congreso surgido de las elecciones del 20 de diciembre no tomará posesión hasta el 13 de enero (25 días) y la primera sesión de investidura está prevista para finales de mes, cuando el Gobierno en funciones cumpla la cuarentena. Un plazo insólito en plena sociedad de la comunicación, máxime cuando el proceso de garantías del escrutinio ha sido aliviado en la práctica de las funciones de vigilancia normativa: hace tiempo que las juntas electorales decidieron de forma unilateral incumplir la obligación legal de revisar la totalidad de las actas para limitarse a comprobar sólo las que hayan sido impugnadas. Resulta difícil de comprender, pues, esta demorada rutina que parece sugerir una indolencia administrativa crónica. Nadie diría, a juzgar por tanta parsimonia, que la vida política española tiene pendientes de resolver las cuestiones que durante la campaña se debaten como necesidades perentorias. Más de diez días después de la jornada electoral, las gestiones para formar gobierno se reducen a unas entrevistas protocolarias y acaso a negociaciones o contactos secretos que en todo caso no han merecido la interrupción del asueto navideño de nuestros próceres. Total, para qué meter prisa si el calendario fija sus propias prioridades. Año nuevo, viejas rémoras. Centenares, o acaso miles de proyectos de inversión están pendientes de un proceso político que discurre con el ritmo moroso de un reglamento decimonónico, y menos mal que el malvado Rajoy dejó aprobado el presupuesto contra el criterio de la oposición en bloque. La clase dirigente puede tomárselo con calma: nuestro Estado funcionarial tiene un peso burocrático excesivo pero, en ocasiones, conviene agradecer que la Administración supla las carencias de la política. Si las cosas van medio bien y no hay nuevas elecciones, entre el proceso de renovación parlamentaria, la transmisión de poderes y la toma de posesión, el nuevo Ejecutivo acabará de aterrizar cuando esté expirando el primer trimestre. Dos meses largos, siendo optimistas, con las decisiones de Estado congeladas. Esto en una nación con cuatro millones de parados, un conflicto de secesión abierto en canal y unas instituciones visiblemente desgastadas. A nadie le parece sin embargo acuciante la necesidad de activar el botón de puesta en marcha. Ni siquiera por fortuna a los propios secesionistas que, españoles al fin y al cabo, también se han tomado la continuidad de su propio delirio con contagiosa cachaza.