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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 2 DE ENERO DE 2016 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO LO RETRO Un alivio que Lucas ponga verde a la nueva Star Wars L 1 de enero no da para grandes meditaciones. La amenaza fantasma de Pedro y Pablo. La tristeza lánguida de Mariano, que pena su victoria coja por la playa del Silgar. El parque de atracciones de la CUP y Artur... Todo eso, tan importante, da una pereza infinita en la primera mañana de 2016. La cabeza amanece embotada por los alardes báquicos de la víspera y solo admite un ibuprofeno y la terapia habitual de cada inicio de año: vegetar en el sofá ante el televisor, contemplando en estado catatónico los saltos de esquí o el concierto de Año Nuevo de Viena. Como otros 50 millones de seres humanos de todo el planeta, primero probé con el Musikverein vienés. Vadeé tres o cuatro valses de Strauss. Incluso me chupé el Danubio Azul entero, con tomas idílicas de un río más bien turbio, rodeado de un paisaje con un orden centroeuropeo tan de ensueño que casi asusta. Luego, en el mismo guiño lúdico de cada año, el director letón Mariss Janson animó a los plutócratas a batir palmas. Y ahí fue donde me pasé a los saltos de esquí, pues de repente todo aquel rito austríaco parecía la perfecta parábola de la decadencia de Europa, reserva todavía grata de vida buena, pero cada vez menos creativa y más revisionista. Un dulce declinar. Un parque temático de sí misma. La Francia que inventó a Diderot y a los hermanos Lumière hoy vibra con Marine Le Pen, vive de rentas y va en moto hacia abajo. La Inglaterra que alumbró a Locke, el ADN y los Beatles es hoy la de Farage y Corbyn, las ideas recicladas y Adele. España, que en 1978 dio un salto armonioso y espectacular, reniega de su éxito de manera atolondrada y más bien suicida... Un californiano de 71 años vino a sacarme de esas melancolías. El venerable George Lucas ha puesto a parir la nueva entrega de Star Wars la película que ha pulverizado todos los récords con un taquillazo de mil millones. Bendito George, que me permite salir del armario y confesar lo que no me atrevía a decir por no quedar como un gili epatante: esa película entretiene, pero no pasa de ser un refrito malucho de la primera entrega de 1977. Los que hace 38 años éramos niños salíamos del cine flipados. Como bien dice Lucas, todo era nuevo los efectos especiales, la espada láser, el enigma de La Fuerza, el tenebroso Darth Vader, el robot cabezón y su compañero turras... La película actual plagia aquello con corrección mercantil, pero sin una sola idea que añada brillo o emoción a lo sabido. Otra vez la taberna galáctica y el Halcón Milenario Harrison Ford refugiado en la autoparodia acartonada. El nuevo villano resulta un cabroncete de quinta al lado de la maldad luciferina y gutural de Darth Vader. Una horrible confesión (y pido la indulgencia de los fans) bostecé en los espadazos láser. Han hecho una película retro reprocha Lucas. Él sabe que ganar el futuro exige inventiva, ambición, hambre de ideas... Retro. Como una Europa anestesiada por lo ya logrado. Como la charlatanería neomarxista y las purezas de sangre nacionalistas que atenazan a España. Como el propio rajoysmo, que gestionó bien una situación de emergencia e hizo un buen servicio, pero que tropieza con su evidente techo de cristal. E HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA ESE OTRO DISCURSO REGIO DE NAVIDAD El árbol es un símbolo de unidad entre gentes de todas las creencias y también para los que no tienen ninguna fe ISCÚLPENME por remontarme a hechos de la semana pasada, lo que en el periodismo moderno es como rebuscar en la noche de los tiempos. Pero después de alegrarme mucho oyendo las críticas que desde los secesionistas y la izquierda radical y antisitema se han hecho al Rey por su discurso de este año, he visto el discurso de Navidad de la Reina de Inglaterra. Y eso ya me ha parecido el no va más. Empecemos por el principio. Yo comprendo que a un tipo de Esquerra Republicana de Catalunya le moleste mucho ver al Rey sentado en el Salón del Trono. Ya sabemos que él querría verlo encerrado en la perrera. Pero entra dentro de lo normal que Felipe VI se dirija al país junto a un trono que, como ya advirtió Juan Carlos I, representa la soberanía nacional de la que son titulares todos los españoles. Y el discurso de la Nochebuena de 2015 era un mensaje del representante de todos los españoles, los que desean que lo sea y los que no. El Rey apareció él solo en la inmensidad de ese salón en el que le arropaba la grandeza simbólica de su decoración. La buena realización permitió concentrarse en sus palabras y no distraerse con los infinitos detalles del entorno. La fuerza de sus argumentos se veía refrendada por la contundencia del escenario elegido. Frente al distribuidor de una casa nor- D mal escogido para el discurso de 2014, un año después las palabras se pronunciaban desde una de las más relevantes manifestaciones arquitectónicas de la grandeza de la Monarquía española. Que es lo mismo que decir de la grandeza de España. Y es normal que eso moleste al grupito antes enumerado. Y yo me alegro. Que se fastidien. Me han hecho llegar esta semana el magnífico mensaje de Navidad de la Reina Isabel II del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Aclaremos de entrada que su oratoria está muy por debajo de la de Felipe VI. Pero con un gran montaje de imágenes de la Familia Real resumiendo el año en poco más de dos minutos se da paso a la Reina sentada en un salón de Buckingham Palace ante el árbol de Navidad. Y empieza por explicar que el árbol se convirtió en tradición popular por la felicitación de Navidad ilustrada con uno adornado que enviaron sus tatarabuelos la Reina Victoria y el Príncipe Alberto. Dice que el árbol es un símbolo de unidad entre gentes de todas las creencias y también para los que no tienen ninguna fe, recuerda que la estrella que corona el árbol evoca la de las Sagradas Escrituras y cita el Evangelio según San Juan para recordar la luz en la oscuridad; habla de las circunstancias del nacimiento de Jesús en Belén, donde José y María huían como los refugiados y reivindica la vigencia del mensaje de Cristo de amarse unos a otros. ¡Sentada en un Palacio como el de Buckingham frente al que La Zarzuela se convierte en lo que realmente es: un gran caserón de campo y hablando del sentido religioso de la Navidad! ¿Se imaginan que Felipe VI hubiera estructurado su discurso de Nochebuena sobre las enseñanzas derivadas de la Biblia? Sí, claro, habrá quien me diga que Isabel II es cabeza de la Iglesia de Inglaterra, que sigue siendo la confesión oficial. Pero ¿creen que algún musulmán o ateo se ha sentido insultado allí? Y lo que es más importante, ¿cree alguien que en Inglaterra hay un porcentaje de practicantes mayor que en España? Pues, a diferencia de Inglaterra, si Su Majestad Católica el Rey de España, además de hablar desde Palacio hubiera mentado la religión que impregna la cultura de todas las Españas, esto habría sido el acabose.